Durante la Gran Depresión, los estadounidenses encontraron la solución ¿Dónde están las cabezas pensantes españolas?

Los primeros años del siglo XIX, que se corresponden con la guerra de la Independencia y la crisis del Antiguo Régimen, se caracterizaron por un estancamiento y un retroceso en la alfabetización española en las regiones peor comunicadas.

Poco después de la creación de la provincia de Logroño, entre 1835 y 1841, tuvo lugar un arranque favorable en el proceso alfabetizador, tanto en lo cualitativo como en lo cuantitativo: el 24% de las personas alfabetizadas en esta región, frente al 10% en el conjunto del país; y un 14% de personas semialfabetizadas, es decir, que sólo sabían leer, frente al 10% nacional. El número de escuelas públicas en aquel tiempo, en La Rioja, era de 226, más 39 particulares, que atendían a unos 15.000 alumnos (11.000 de los cuales eran chicos). La red escolar riojana en ese período era manifiestamente insuficiente.

Unos años más tarde, en 1860, había en estas tierras 46 catedráticos y profesores de segunda enseñanza, 266 maestros de primera enseñanza y más de 97 maestras, que atendían a 19.578 alumnos (11.119 de los cuales eran niños). Estas cifras ponen de manifiesto un verdadero cambio de la primera enseñanza en esta región. Las tasas de escolarización en los distintos partidos judiciales variaban mucho: Torrecilla de Cameros contaba un 88% de niños escolarizados y un 55% de niñas, que aventajaba a Nájera, por ejemplo, con más del 60%.

En ese mismo tiempo, el 75% de los escolares procedían de familias del sector primario (labradores, hortelanos, pastores, colonos, jornaleros y artesanos); frente a un 25% del sector terciario (profesiones liberales, empleados, comerciantes o de servicios).

Cabe señalar algunas conclusiones en estos sesenta primeros años del siglo XIX: tiene lugar una considerable evolución en el panorama educativo provincial; la red escolar progresa también; hay un fuerte incremento de la enseñanza particular; es espectacular el aumento de la enseñanza femenina, donde el número de maestras llega a superar al de maestros; y se democratiza el origen social del alumnado.

Sin embargo, La Rioja pierde el séptimo puesto y se sitúa en el catorce, respecto al grado de alfabetización en la clasificación de las provincias españolas. Esta región había heredado una situación privilegiada del Antiguo Régimen; mientras otras provincias vecinas supieron encontrar las vías de la modernidad, La Rioja permaneció muchos decenios dentro de la cultura tradicional, lo mismo que le sucedió a Burgos y a Soria.

Pero si deseamos comparar aquella situación del siglo XIX con lo que ha sucedido algo más de un siglo después, sólo bastaría destacar el gran avance que supuso la unificación de enseñanzas del año 1970 y la escolarización obligatoria hasta los catorce años, que más tarde se amplió a los dieciséis años del alumnado. Aquello si que supuso una considerable mejora en la política de escolarización de los alumnos, que representó el fin de una situación insoportablemente injusta para con los niños, empujados a entrar al mundo del trabajo, aunque la Ley no lo permitiera, y que accedían al mundo laboral sin ninguna preparación cultural y profesional.

A veces conviene echar un vistazo al pasado para darse cuenta de la verdadera evolución de nuestra escuela pública. Otra cosa muy diferente es la educación que hayan podido imprimir a los escolares sus propios padres. Pero eso es harina de otro costal.

Y todo esto viene a cuento por las previsibles consecuencias de la pandemia del coronavirus que, inevitablemente, empezarán a notarse en muy poco tiempo, según las recientes previsiones del Gobernador del Banco de España. En mi opinión, una de las pocas voces con criterio del momento actual.

Durante la gran crisis de 1929, los estadounidenses tomaron medidas que favorecieron mucho la formación y el empleo ante la Gran Depresión. Los parados cobraban ayudas económicas si mejoraban su formación académica. Ese salto cuantitativo y cualitativo sería determinante en el despegue posterior a la depresión de los EE.UU.

Traduciendo aquella experiencia norteamericana a la situación real de hoy mismo, traten de imaginar los millones de euros (de origen europeo) que puedan cobrar los jóvenes parados y que se gastarán para ayudar a sus familias o para cambiar su formación académica; es decir, en vez de comer la sopa boba, que fueran matriculados en módulos de FP o las universidades, en su caso. En un par de años, miles de jóvenes dispondrían de una titulación adecuada a lo que el mercado laboral va a exigir de ellos cuando se inicie la recuperación: titulación, formación y anticipación al futuro con cientos de especialidades nuevas para adaptarse a las demandas de las empresas que vayan a resultar tras la crisis actual. Y a coste cero.

Nuestros negociadores en la Unión Europea tendrían que estar trabajando ya en profundidad en este aspecto. Los empresarios ya se han asomado a un foro para estudiar su situación. ¿Esperan ustedes que otras organizaciones de los trabajadores hagan algo en este sentido? Como dice un amigo mío, no podemos confiar en ciertas organizaciones para que actúen en nombre de los desempleados, a juzgar por las desastrosas experiencias anteriores. Los gobiernos que subvencionan tanto, lo único que logran es un clientelismo político, ¿o no?

Es el momento de defender en serio a los trabajadores y a las empresas, los ejes sobre los que gravitará el futuro. Tome la iniciativa quien deba hacerlo ¿Dónde están las cabezas pensantes españolas? ¿Dónde están las ideas para hacer que nuestro país salga de este grave atolladero? ¿Dónde están los defensores del pueblo español y de la unidad de los españoles?

Si los políticos actuales no lo entienden, peor para ellos, el futuro no va a ser más de lo mismo. Las reformas estructurales nos serán impuestas por los que van a soltar las perras. Pongámonos a trabajar todos juntos por el bien de todos los españoles, porque el tren de la historia puede pasar de largo, una vez más.