Don Fernando, este 2021 que entra se cumple el treinta aniversario de la aparición de su primer libro, un monográfico sobre el cineasta Cecil B. De Mille. ¿Cómo fueron sus comienzos como escritor? ¿Y qué le llevó a interesarse por ese gran cineasta norteamericano, dedicándole su ópera prima?

 

Cecil B. de Mille es desde mi primer recuerdo cinematográfico (Los Diez Mandamientos) uno de mis grandes referentes, un autor muy personal y brillante. Sin duda uno de los más grandes. Ser la primera obra publicada fue algo casual ya que el editor de CILEL (inolvidable Francisco Vega) aceptó un texto que yo le presente: Cine, ideas y arte y me acepto varios proyectos a la vez. Luego el orden de edición final puso el libro de De Mille en primer lugar y a Cine, ideas y arte el segundo.

 

Como escritor de cine, la parte más prolífica de su producción literaria se concentra en la década de 1990. ¿Qué obras suyas destacaría de este período? ¿Qué inquietudes acompañaban su día a día en aquella década de consolidación?

 

Fue un sueño cumplido. Francisco Vega y sus proyectos editoriales: CILEH, Royal Books y Film Ideal me abrieron sus puertas y esa fue la razón de poder escribir y publicar tantos libros de cine en poco tiempo. Las biografías de De Mille, Vidor o Anthony Mann, los primeros libros dedicados a Charlton Heston, John Wayne y Gary Cooper o Historia del terror a través del cine creo fueron los más relevantes y además gozaron de buena difusión.

Tuve además el privilegio de mantener [contacto] durante años (y de hablar en dos ocasiones) con Charlton Heston. Le envié mis libros y me contestó con notas amables señalando que aunque su español no era perfecto, trataba de leerlos. 

Y me queda el proyecto de una biografía de Tyrone Power, otro de los grandes que merece permanente reivindicación. 

 

Detengámonos en el año 1992, el más prolífico numéricamente de su carrera en calidad de escritor sobre temas cinematográficos, con hasta siete libros publicados. De ellos hay uno que se destaca por su singularidad filosófica: Antropología del cine. Cuéntenos que motivaciones le llevaron a escribirlo, y qué tesis del mismo le gustaría destacar. 

 

Es tal vez el libro más personal y destacable. Es más un libro de Filosofía y la inspiración fue Julián Marías. Fui discípulo suyo, le entrevisté en su casa, hable largamente y tuve el honor de que estuviera en la presentación del libro en febrero de 1992. Marías destacó que era posible una antropología del cine según la razón vital orteguiana. El libro desarrolla esa tesis y pasa revista a la antropología metafísica, la estructura empírica, la estructura analítica, la vida humana. Todo a través de las películas que –realmente– son escorzos de vida humana.

 

Usted ha tenido la meritoria audacia de recuperar algunas figuras virtualmente marginadas –cuando no directamente denostadas– por la crítica cinematográfica oficialesca, pretendidamente objetiva en sus (pre)juicios. Sus trabajos dedicados a Chuck Norris o Paul Naschy ratifican cuanto decimos.

 

Chuck Norris fue un encargo y en aquella época [1994] aún no se había estrenado en España la serie Walker Texas Ranger, su gran obra cinematográfica. Ojalá pudiera actualizar el libro. Norris es un hombre muy popular, casi un mito. Y me encantan sus películas. Pero en España pocos conocen su facera de escritor, sus artículos de pensamiento conservador en Worldnet Daily, sus libros (Black Belt of patriotism). Hace muy poco dedico un análisis de los logros de la presidencia Trump realmente extraordinario. 

(https://www.wnd.com/2020/11/top-15-accomplishments-trumps-presidency/)

Walker Texas Ranger la serie de TV (1993-2001) que no ha dejado de emitirse en todo el mundo desde su estreno, es sin duda su gran aportación al mundo del  espectáculo. Además el personaje de Cordell Walker y los valores humanos de la serie la entroncaban con su amado género western y con su admirado John Wayne. Walker se convertiría así en un western contemporáneo en el que Chuck Norris, progresivamente autor y responsable de la línea de la serie, iría volcando su personalidad.

Fui amigo personal de Paul Naschy. Viajé con él a Portugal a la presentación del libro (que está editado en portugués. Festival de Fantasporto). Y luego colabore con Juan Manuel de Prada, Luis Alberto de Cuenca o Ángel Gómez Rivero en diversas antologías sobre el hombre lobo.

Paul creó a Waldermar Daninsky: La marca del hombre lobo de Enrique Eguiluz, La noche de Walpurgis de León Klimowsky, El retorno de Walpurgis de Carlos Aured… y ya dirigidas por él mismo las magistrales El retorno del hombre lobo y La bestia y la espada mágica. Y fuera del género queda esa obra maestra absoluta que es El huerto del francés (1977): realismo, crímenes en serie y una pintura entre Solana y Goya que impresiona de forma profunda y aún espera una urgente reivindicación que la coloque en el alto lugar que merece en la historia del cine europeo.

  Siempre me ha encantado escribir y difundir a estos autores tan políticamente incorrectos, como Summers, Sáenz de Heredia, Ladislao Vajda,  Mariano Ozores o Juan Pinzás (otro amigo personal). Merece la pena.

 

Hay un cineasta español realmente excepcional al que usted ha dedicado gran parte de su tiempo: Rafael Gil. En justicia has sido –mucho antes que autores como Juan Manuel de Prada– quien más ha hecho por revisar la obra de este gran maestro de nuestro cine, tan denostado por cierta crítica progresista. Háblenos de tus libros y estudios a él dedicados. 

 

Ya admiraba a Rafael Gil desde la visión de La señora de Fátima o La calle sin sol. Pero fue el contacto con Rafael Gil hijo y Luis Rubio, organizadores de la Exposición que recorrió España sobre su obra, lo que me permitió adentrar en la obra magna de este gran director español al que algunos quieren marginar por razones ideológicas lamentables.

Los libros Rafael Gil. Director de cine y Rafael Gil. Escritor de cine, la Exposición preparada por Rafael Gil hijo y Luis Rubio Gil que ha recorrido numerosos lugares de España, han servido para el mejor conocimiento de la personalidad de un auténtico hombre de cine, un pionero que aprendió primero a ser cinéfilo (en los albores del séptimo arte) y que luego fue director sin perder nunca la ilusión y la bondad.

La tarea de reivindicación de lo mejor del cine español de todas las épocas –sobre todo aquellas que están siendo víctimas del olvido– es urgente y pasa más que por lo estudios sesudos por la revisión de las propias películas. Es el mejor método para que el público contemporáneo, sin anteojeras ideológicas se enfrente al cine clásico español.

 

Como crítico cinematográfico, ¿qué te pide una película para que ésta cubra unos estándares solventes de calidad? ¿Qué diferenciaría una “buena” película de una “mala” película”? ¿Es objetivable la crítica?

 

Me considero escritor más que crítico. Hay sin duda una base objetiva para reconocer y valorar una obra. Pero el cine refleja los sueños, crea otras vidas (como ha visto bien Garci). Y ello provoca también una inevitable subjetividad.  Ello no obsta para reconocer el valor, el talento, la categoría indiscutible –más allá de los gustos– de los grandes clásicos: Ford, Hawks, Hitchcock, De Mille, Vidor, Lang, Walsh, McCarey, Mann, Wilder, Wyler, Fellini, Visconti, Rossellini, Renoir, Truffaut, Bergman, Dreyer, Reed, Buñuel, Mizoguchi, Ozu, Gil, Neville, Welles, Chaplin, Ray, Mamoulian, Fisher,  H. King, Capra, Murnau…

 

Me gustaría hacer referencia a dos títulos tuyos de carácter ensayístico: La derecha del siglo XXI y Políticamente incorrecto. ¿Qué querías exponer entonces? ¿Crees que sus pronósticos se han visto cumplidos?

 

Junto con McCarthy o la historia ignorada del cine  y Perón o el espíritu del pueblo (ambas en Criterio Libros) son mis dos incursiones en el pensamiento político.

La derecha del siglo XXI (Royal Books) es de 1994 y toda su vertiente histórica me sigue pareciendo válida. Como es lógico han acontecido muchas cosas desde entonces (globalismo, crisis de las ideologías que ya viera Gonzalo Fernández de la Mora, los países del Este emergentes, Trump...). Me encantaría completar el libro.

  Políticamente Incorrecto fue publicado por Ediciones internacionales universitarias en 1999 y fue presentado en la Biblioteca Nacional por Luis Alberto de Cuenca y Alejo Vidal Quadras. Entre los asistentes nada menos que Gonzalo Fernández de la Mora. Diría lo mismo, la corrección política se ha impuesto –de momento– tal y como yo presentía en el libro. Pero han transcurrido más de veinte años. Precisaría nuevos capítulos.

   Unamuno, Maeztu, Mella, Ortega, José Antonio, D’Ors, Julián Marías y muchos otros (norteamericanos en primer término como Russell Kirk) inspiran muchas de las reflexiones de estos libros y de artículos posteriores.

   La condición óptima para la selección –escribió Eugenio D’ors- es la jerarquía mediante la excelencia y la igualdad de oportunidades.

Las masas –como previera Ortega y Gasset– se han rebelado, pero curiosamente lo han hecho de forma caótica y han transformado el horizonte vital en algo muy superficial, incapaz de proporcionar sentido y felicidad. Es hora por tanto de dar la vuelta a esta rebelión de las masas para retornar al principio del esfuerzo, el mérito, la capacidad y la belleza. Probablemente los viejos conceptos de la derecha, el centro y la izquierda se estén revelando más obsoletos a cada instante. ¿Acaso no nos asalta a menudo la duda cuando no la decepción ¿La gestión es fundamental en la política moderna y el respeto a la libertad profunda del ser humano un  núcleo relevante. Pero será cierto que las ideas y los valores se han arrumbado ¿El globalismo radical  tal vez esté ahogando la tradición, la libertad y el futuro?

 

En otro género, has descollado como poeta y narrador, publicando cuatro novelas. Háblanos de la última, Figuras en un espejo, de 2019.

 

Figuras en un espejo (editada por Mirahadas) es mi cuarta novela publicada (tras La restauración, Circulo de mujeres, Retrato de ella) describe la fascinación que supone crear vidas ficticias a través de los perfiles de las redes sociales. En sus páginas trato de dibujar la interioridad del alma. Como los personajes de Pirandello que buscan autor, como la Niebla de Miguel de Unamuno, la creación literaria (virtual por las redes sociales) se rebelan contra su creador al alcanzar una existencia en los límites de la realidad.

(https://www.youtube.com/watch?v=Qc9NgDYsvoQ)

Para 2021 planeo terminar la siguiente: Pedazos de tiempo

 

Para ir terminando, ¿qué podrías decirnos de tu experiencia como dramaturgo? Tu incursión en el teatro tuvo lugar en 2016, con Tres poemas de mujer.

 

Yo había publicado ya varios poemarios. El rapto de la diosa en 2012 (Carena Editorial) tuvo además una adaptación en danza que se estrenó en Tokio, Budapest y varios lugares de España (La compañía Larumbe Danza fue la encargada). Luego vendría Cartas del silencio. Y entre ellas este golpe de inspiración que fue Tres poemas de mujer (ediciones Irreverentes). Es poesía hecha dramaturgia: para mí la poesía es una forma de sentir y abarca todas las formas del arte. La compañía Lunatando la ha llevado a escena en diversos puntos de la geografía española. Aún está viva. 

  La obra recrea las últimas horas de vida de tres poetisas de trágico destino: Delmira Agustini, la gran voz de la poesía uruguaya, quien murió asesinada por su marido a los 26 años; Alfonsina Storni, una de las grandes escritoras argentinas del S. XX quien se suicidó a los 46 años sumergiéndose en el mar y Alejandra Pizarnik, argentina, una de las mejores poetisas del siglo XX, que se suicidó con una sobredosis de barbitúricos a los 36 años, cuando acababa de abandonar un hospital psiquiátrico. Las acompañamos en los últimos instantes de sus vidas, entres sus poemas, sus terrores, sus soledades y su desesperación.

Quien tenga curiosidad por mis libros publicados los puede encontrar en:

(http://barahona611.blogspot.com/2019/04/todos-los-libros-fernando-alonso.html)

 

Gracias por atendernos.