Desde la transición, los gobiernos españoles, de derecha o de izquierda,  han dedicado gran esfuerzo a fomentar la satelización política y militar de España y la colonización cultural por el inglés. Defender la soberanía y la identidad cultural pasó a ser identificado con el franquismo (lo que era cierto) y a ser denigrado como tal.
   La colonización cultural no ha cesado de avanzar desde entonces, y se ejerce en tres direcciones: sustitución del español por el inglés como lengua de cultura, sobre todo de la ciencia,  de los negocios, la moda, el arte, etc; corrupción del lenguaje utilizando cada vez más términos ingleses en sustitución de los españoles;  adoctrinamiento disimulado de la infancia en la idea de que el inglés es el idioma superior,  con la posterior presión intimidante de que sin saber inglés no encontrarás trabajo decente (profecía que intenta autocumplirse exigiendo ese idioma aunque no vaya a utilizarse).
Así, vemos como se alzan voces para que la labor científica se haga en inglés en el propio CSIC, se promueven los trabajos de doctorado de cualquier facultad en inglés, se nombran en inglés invenciones españolas;  las grandes empresas y miles de empresas menores y tiendas se presentan en inglés y en esa lengua bautizan sus ofertas, sus mercancías o sus innovaciones, felicitan en inglés las Navidades y cada vez más a menudo lo imponen en sus relaciones internas; los medios adoptan una actitud servil hacia cuando provenga de anglolandia e introducen constantemente términos ingleses innecesarios, y música anglosajona hasta para promocionar turismo interno;   la publicidad mete constantemente cuñas en inglés o mezclando español e inglés, tratando de imponer un espacio público en que ese idioma aparezca como el superior; los niños, desde la guardería, suelen llevar babis y mochilas con palabras o frases en inglés y  se intenta hacer bilingüe la enseñanza pública, con las principales asignaturas en inglés; hasta bobalicones que presumen de patriotas  se presentan en inglés, y la voz Spain sustituye en muchas empresas y patrioteradas a la de España.
Esto ocurre en todo el país, incluso en los pueblos pequeños. Hay cada vez menos tiendas y más shops o outlets, ya apenas existe barato o bajo coste, todo es low cost… No vale la pena extenderse, porque está a la vista de todos. El servilismo general es ostentoso.
Nos hallamos, pues, en un proceso de desplazamiento y anulación progresiva de nuestra cultura e idioma, favorecida por partidos, gobiernos y empresas, sin que nadie parezca querer tomar conciencia de ella o hacer algo al respecto. Pasa como con el caso de Gibraltar: el gobierno se declara amigo y aliado del invasor, y consigue adormecer a la opinión pública, como si ello careciese de importancia. Es obvio que si no hay una reacción, el español irá quedando como idioma familiar y de subculturas más o menos marginales, o remedos de los productos culturales anglosajones, y que el peligro es mucho mayor que los desmanes y  asechanzas de los separatistas en varias regiones.
¿Puede haber reacción? De momento son pocos los que perciben el fenómeno, y lo malo es que son poco activos. Hay muchas cosas que pueden hacerse por extender la conciencia de la situación y frenar la deriva hablando de ello en las redes, escribiendo cartas a los medios y a las empresas protestando por estas tendencias. Incluso creo que podría estudiarse acciones judiciales contra el bilingüismo empezado por Hope Aguirry por ser anticonstitucional en la enseñanza pública. Todos los movimientos los emprenden minorías, a veces muy pequeñas. Desde este blog quiero animar a esa acción.