De siempre se ha sabido que hay dos clases de historiadores: el Historiador-carnet (o sea, el afiliado a un Partido político que escribe en función de su ideología) y el Historiador-independiente,( o sea el que pone por encima de todo y ante todo los hechos y los refleja con total independencia de ideologías). Pues, don Juan José Primo Jurado es, afortunadamente, un Historiador-independiste. Doctor en Historia, licenciado en filosofía y letras, diplomado en Magisterio, durante años profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid,  Director del Archivo Histórico de Viana, subdelegado del Gobierno en Córdoba y actualmente Director del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico ha sido y sigue siendo un hombre preocupado por la cultura en general y por la cultura y la Historia de su Córdoba natal en especial… y un gran analista de la España que vivimos  con artículos en periódicos nacionales, entre ellos “ABC” de Madrid  en “Eso NO ESTABA en mi LIBRO de HISTORIA del COMUNISMO” Primo Jurado da una verdadera lección de la biografía política de la España moderna. En “Las batallas de la historia de España” estudia los principales hechos guerreros de nuestra Historia y en “Las Iglesias de Córdoba” y “La Córdoba de Julio Romero” da una lección de lo que ha sido la Córdoba árabe, romana y judía.

Hoy el profesor Juan José Primo Jurado inaugura el Curso Cultural del Círculo de la Amistad de Córdoba con una conferencia sobre un hecho histórico que sucedió en la ciudad califal hace exactamente 100 años, el 23 de mayo de 1921. Fue el discurso que el Rey Alfonso XIII pronunció en el Círculo y que provocó un verdadero terremoto político en aquellos momentos y que para muchos fue, en realidad, la luz verde para la Dictadura de Primo de Rivera que llegaría tan solo dos años más tarde: les reproduzco integra la conferencia del Profesor Primo Jurado.

 

Alfonso XIII y el Discurso del Círculo de la Amistad

Juan José Primo Jurado.

Real Círculo de la Amistad, Córdoba, 25 de mayo de 2021.

 

 

El discurso del Rey Alfonso XIII en el Círculo de la Amistad, la noche del lunes 23 de mayo de 1921, es un hito en la crisis constitucional y de la quiebra del bipartidismo que sufre España entre 1917 y 1923. Se ubica entre dos sucesos del desgraciado año 1921: el asesinato del jefe del Gobierno, Eduardo Dato (8 de marzo) y el desastre de Annual en la Guerra de Marruecos (21 de julio a 9 de agosto). El triste pesimismo del diagnóstico general de la situación española en el primer tercio del siglo XX, efectuado por los regeneracionistas, encontrará la solución que proponía de Joaquín Costa: un “cirujano de hierro”. La dictadura de Primo de Rivera será la respuesta por algunos esperada y en este contexto el discurso del Círculo de la Amistad resulta decisivo.

 

Preparado en el Palacio de Viana

 

 

En el Real Círculo de la Amistad se colocó en 1999 un busto de Alfonso XIII, recordando su estancia y discurso pronunciado en esta noble institución cordobesa. Y el más importante de los azulejos conmemorativos de las estancias de la Familia Real española en el Palacio de Viana de Córdoba es el que proclama, bajo un artístico escudo de España sostenido por sendos grifos: “Esta casa de la Rejas de Don Gómez propiedad del Marqués de Viana Fue honrada con la visita de S. M. el Rey D. Alfonso XIII (q.D.g.) el día 23 de Mayo de 1921”. En esa fecha, Alfonso XIII y su séquito, donde figuraban su confidente y jefe de Palacio, José Saavedra, marqués de Viana y el ministro de Fomento, Juan de la Cierva, descansaron en la casa del marqués al llegar a Córdoba tras recorrer Málaga y Sevilla los dos días previos y antes de acudir al Círculo de la Amistad.

En Málaga, el 21 de mayo inauguró el soberano los embalses Guadalhorce-Guadalteba, conocidos como El Chorro, la gran obra de Benjumea, cruzando para ello el camino previamente construido, desde entonces comenzado a llamar Caminito del Rey. Tras pernoctar en Pizarra - en el Palacio de los condes de Puerto Hermoso- hicieron un alto en Málaga, donde la Diputación les ofreció un almuerzo durante el cual el Rey elogió el progreso de la ciudad. La jornada del 22 terminó en el Alcázar de Sevilla.

Al día siguiente, 23, continuaron en tren hacia Córdoba, descansando previamente en la finca de Moratalla, junto a Hornachuelos, propiedad del marqués de Viana y lugar muy frecuentado por el monarca y la corte, en los meses de enero para monterías y en abril para partidos de polo. La parada en Córdoba se hacía respondiendo a la invitación expresa que le había hecho la marquesa del Mérito, Carmen Martel Arteaga, y para asistir por la noche, en el Círculo de la Amistad a la cena organizada por la Unión de Olivareros de la provincia cordobesa.

Llegó a Córdoba a las 16 horas y fue visitando sucesivamente la Sociedad Española de Construcciones Electromecánicas, el cuartel de Artillería en la avenida de Medina Azahara, el chalet del Tiro Pichón y la Casa del Niño. Luego, la reunión con los olivareros con Juan de la Cierva tuvo lugar en el Palacio de Viana y a ella asistieron el Rey y el marqués, que poco después sería presidente de la Asociación Nacional de Olivareros. Aquéllos mantenían un contencioso con el Gobierno por la situación de los mercados y el precio del aceite de oliva, en lo que periodísticamente se denominaba “la cuestión del aceite”, es decir, la obligada necesidad de esos agricultores de poder exportar su producto para poder sobrevivir.

 

 

El discurso del Rey 

José Cruz y Roberto Roldán nos describen cómo recibió el Círculo al soberano, con iluminación especial en la fachada y bellas colgaduras y la Marcha Real interpretada por la Banda Municipal en el patio claustral. Asimismo nos detallan cuál fue el menú en el Salón Liceo del Círculo de la Amistad, servido por el Hotel Suizo: “Consomé a la Reina, Salmón con salsa Musolina, Solomillo mechado a la Perigord, Espárragos de Aranjuez con salsa holandesa, Capones de Bayona en su jugo, Crema helada a la vainilla, Bizcocho Suizo, Frutas del tiempo, café, licores y habanos, jerez, copa de borgoña, Pommery y Greno”. Presidieron la cena en el escenario, junto a Su Majestad, el conde de Hornachuelos, alcalde de Córdoba; el señor Sueca, gobernador civil; el ministro de la Cierva; el presidente del Círculo, el abogado Joaquín Trillo-Figueroa Barbero; la marquesa del Mérito; el infante don Carlos de Borbón; y el marqués de Viana. Una bandera de España y el retrato del Rey decoraban la Presidencia. Los ciento cincuenta comensales desbordaron simpatías hacia el monarca y éste, a los postres, tras hablar el alcalde, se lanzó a pronunciar un discurso por nadie esperado. El propio de la Cierva narra la escena:

“Don Alfonso, de quien me separaba la señora del alcalde, adelantó la cabeza y me dijo ¿Me dejas hablar? Señor -le contesté- como quiera Vuestra Majestad. En realidad no había hablado con el Rey de los discursos y supuse que sería yo quien diría unas palabras contestando al alcalde. Apenas comenzó su discurso, comprendí que se había dejado ganar por el ambiente, tan sugestivo e impresionante y temí que dijera algo que no fuera oportuno; al oírle que en aquella hermosa ciudad quería hablar con el corazón, Viana, que estaba frente a mí, me miró expresivo y comprendí que abrigaba el mismo temor que yo. Al gobernador, que se sentaba a mi lado, le ordené que prohibiera toda comunicación telegráfica y telefónica sobre el discurso del Rey. Y, al mismo tiempo, en el menú, que era bastante grande, fui escribiendo en lápiz el discurso, suprimiendo, modificando y adicionando lo necesario”.

Su discurso, que el desarrollo de los acontecimientos magnificó, es conocido en la Historia de España como “El discurso del Círculo de la Amistad”, uno de los momentos más importantes del reinado al mostrarse el soberano, por primera vez, abiertamente crítico con el sistema parlamentario e interpretarse como el gran aviso para un cambio drástico en las reglas del juego.

El marqués de Viana confeccionó dos años después un pergamino, de 505 mm por 720 mm, coloreado con letras capitales, orla e ilustraciones caligrafiado con el texto del discurso y firmado por el Rey. El texto íntegro, elaborado por el marqués a partir de las notas tomadas, es el siguiente:

“En estos amenos y tranquilos jardines de la Casa de Don Gómez, propia del Marqués de Viana, y en el atardecer del 23 de mayo de 1921, el Rey Don Alfonso XIII q.D.g., pensó el siguiente famoso discurso que pronunció por la noche en el gran salón de fiestas del Círculo de la Amistad de esta Capital, ante un numeroso público que lo aplaudió con clamoroso entusiasmo, al que se unió España entera con las mismas muestras de aprobación cuando fue divulgado.

Dijo así el Rey: Acertadamente vuestro Alcalde ha recordado el lema de muy noble y muy leal que escribe Córdoba en su escudo.

Ha sido esta ciudad siempre de las más importantes de España, incluso en la época en que el país estaba dividido en pequeños Reinos e igualmente importante en el período de la Reconquista. Después de aquellos días de gloria vinieron otros de retraimiento en que pareció que Córdoba, satisfecha de su papel en el pasado, esperaba inactiva su resurgimiento. Este está más cercano de lo que creéis los cordobeses.

Tengo intensa afición al estudio constante de los problemas que interesan a mi país; por eso he podido apreciar que en gran parte de España y especialmente en Andalucía, son deficientísimos los medios de transporte y que estas deficiencias fueron mayores aún durante la guerra.

En España las comunicaciones no son rápidas; por eso la distribución de la producción y de las subsistencias no se verifica con la facilidad y regularidad necesarias, y esto es muy importante ya que refleja e influye tan poderosamente en toda la vida del país y en la economía nacional.

En este momento mi Gobierno tiene presentado al Parlamento un proyecto de verdadera trascendencia sobre este problema. Ahora bien, el Rey no es absoluto ni puede hacer otra cosa que autorizar con su firma que los proyectos vayan al Parlamento; pero no puede hacer nada para que salgan de allí aprobados.

Yo estoy muy satisfecho de no contraer responsabilidades; esas responsabilidades que pasaron de la Corona al Parlamento. Prefiero, sin esas responsabilidades, ofrecer mi vida a mi país, pero es muy duro que no pueda prosperar lo que interesa a todos por pequeñeces de política. Presenta un proyecto mi Gobierno; lo combaten y cae. Los Ministros que suceden a los caídos tampoco pueden adelantar, porque los anteriores se han convertido en oposición. ¡Cómo van a ayudar a los que los sustituyeron! Algunos podrán sospechar que al expresarme así me aparto en cierto modo de mis deberes constitucionales; pero yo digo que después de diez y nueve años de Rey en los que varias veces he arriesgado mi vida, no he de incurrir en una falta de esta especie.

Yo creo que las provincias deben empezar un movimiento de apoyo a su Rey y a los proyectos que serán beneficiosos y entonces el Parlamento se acordará de que es mandatario del pueblo porque eso significa el voto que dais en las urnas; entonces la firma del Rey será una garantía de que estos beneficios serán una realidad. Por mejoras que tanto significan para Córdoba como, por ejemplo, el ferrocarril directo a Puertollano; hacer navegable el Guadalquivir hasta aquí, para barcos de regular calado, lo que permitirá establecer precios de transporte a dos céntimos por tonelada y kilómetro, si llegan a realizarse, ¿Quién podrá competir con esta ciudad, que será el centro de exportación andaluza, porque a estas circunstancias favorables unirá la feracidad de su suelo privilegiado?

Alcalde: Saludo a Córdoba que recuerda siempre su lema de Muy Noble y Muy Leal.

Córdoba, 23 de mayo de 1921.

Alfonso XIII (firma autógrafa y original del Rey)”.

“La intervención regia fue acogida con delirantes ovaciones por los selectos concurrentes al selecto banquete” señalan los historiadores Carlos Seco y Javier Tusell.

Juan de la Cierva, en su libro Notas de mi vida, se manifiesta de acuerdo con lo expresado por el monarca, pero en ese momento se apresuró a entregar a los periodistas presentes la versión suavizada del discurso, tomada por él, rogándoles fuese la que reprodujeran. En principio los periodistas aceptaron, pero después los diarios madrileños publicaron la versión íntegra que habían tomado taquigráficamente sus corresponsales y que no se desvía básicamente del texto existente en el Palacio de Viana.

La parte polémica del discurso no fueron sus alusiones positivas a Córdoba, sino la crítica al parlamentarismo: “En este momento mi Gobierno tiene presentado al Parlamento un proyecto de verdadera trascendencia sobre este problema. Ahora bien, el Rey no es absoluto ni puede hacer otra cosa que autorizar con su firma que los proyectos vayan al Parlamento; pero no puede hacer nada para que salgan de allí aprobados. Yo estoy muy satisfecho de no contraer responsabilidades; esas responsabilidades que pasaron de la Corona al Parlamento. Prefiero, sin esas responsabilidades, ofrecer mi vida a mi país, pero es muy duro que no pueda prosperar lo que interesa a todos por pequeñeces de política. Presenta un proyecto mi Gobierno; lo combaten y cae. Los Ministros que suceden a los caídos tampoco pueden adelantar, porque los anteriores se han convertido en oposición. ¡Cómo van a ayudar a los que los sustituyeron!”. Y la afirmación más delicada se encuentra en la apelación a las provincias: “Yo creo que las provincias deben empezar un movimiento de apoyo a su Rey y a los proyectos que serán beneficiosos y entonces el Parlamento se acordará de que es mandatario del pueblo porque eso significa el voto que dais en las urnas; entonces la firma del Rey será una garantía de que estos beneficios serán una realidad”.

Existe una producción cinematográfica titulada El Rey Don Alfonso en Córdoba (1922) de un operador local encargado de cubrir la zona, Exclusivas Joaquín Guerrero, que nos permite seguir paso a paso estos acontecimientos.

 

Las reacciones

 

 

Las reacciones no se hicieron esperar. La mayor parte de los diarios comentaron favorablemente las palabras del Rey, encontrándose los apoyos más nítidos en la prensa de derechas. El diario maurista La Acción escribió: “Lo que se atribuye a S. M. el Rey lo piensan todos los españoles”; y el diario católico fundado por Herrera Oria, El Debate, calificó las regias palabras de una “extraordinaria oportunidad” y que serían “fervorosamente aplaudidas” por las “gentes desligadas de la política”, a pesar de haber sido “objeto de alusiones irrespetuosas e injustas en el Parlamento”. El Día titulaba “Esto se va” y “Pronto veremos cosas”.

Esas alusiones en el Parlamento tuvieron lugar en la sesión de las Cortes del día 27 de mayo. Julián Besteiro (PSOE) señaló que el Rey había tenido “palabras de desprecio para el Parlamento”. El ministro De la Cierva le refutó diciendo que era “inexacto”, mientras que Indalecio Prieto (PSOE) clamaba: “¡Eso es exacto! ¡El Parlamento tiene más dignidad que el Rey!”. El presidente de la cámara cortó el debate que, tras investigar el relato de lo sucedido, Tusell lo rebaja a “un mero incidente parlamentario”.

El republicano y cordobés Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical, dio la razón al Rey y Melquíades Álvarez (Partido Liberal) hizo mención a una posible reforma de la Constitución, “un anhelo que por vez primera se va traducir en realidad bajo el influjo de esta Monarquía”. El apoyo más explícito lo mostró Antonio Maura (Partido Conservador) en un discurso. Dijo Maura que el país se había convertido “en una confederación de cacicatos que se sostienen recíprocamente para mantener una recíproca dominación”, para, señalando un retrato de Alfonso XIII, apuntar el remedio al desengaño de la sociedad: “Palabras pronunciadas por labios augustos en Córdoba, palabras que han recibido con igual aplauso que vosotros toda la España sensata,  nos da la esperanza cierta de que ha terminado la rotación de fingimientos escarnecedores de la voluntad nacional”.

Respecto al Rey, en las memorias de Juan de la Cierva se le muestra, inmediatamente terminado el discurso, preocupado por haberse dejado llevar por el ambiente y haber dicho alguna inconveniencia y, por tanto, da por buena la versión de sus palabras que le presenta escrita en el menú su ministro. Sin embargo, años después, ya en el exilio, lo evocará en sus confidencias al periodista Julián Cortés con esta conclusión: “La que se armó por su discurso de Córdoba, en el año veintiuno, porque censuró al Congreso de los Diputados… No podía hablar, aunque viese como crecía la anarquía y cómo los políticos estaban medio hipnotizados por el parlamentarismo”.

En cuanto a la opinión de los historiadores, para Carlos Seco: “El famoso discurso de Córdoba fue como una expansión imprudente, pero que venía a poner de manifiesto, al cabo de una serie de esfuerzos extenuantes para enderezar la marcha de sistema, el fatalismo con que no mucho después se plantearía Don Alfonso el dilema de abdicar o producir una situación gobernante excepcional y transitoria que superase la crisis”. Javier Tusell, en su última gran obra afirmó: “El discurso del Rey en Córdoba fue impropio de un monarca constitucional y nada prudente (…) Lo peor era tratar de establecer un vínculo directo entre su persona y el pueblo español, aunque tampoco hubiera dicho que deseaba suprimir el Parlamento, pero cualquier cosa que pasara a partir de este momento en detrimento de régimen liberal podía considerarse que tenía este acontecimiento como precedente”. Y para José Peña, que ha estudiado detenidamente el discurso y su contexto: “El discurso de Córdoba más que el resultado de una improvisación, fue en mi opinión, la salida lógica de un hombre que no se resigna a desempeñar el papel de sujeto pasivo marcado por la Constitución de 1876”.

 

Las consecuencias

 

El 13 de setiembre de 1923 llega la Dictadura militar tras el golpe de Primo de Rivera, capitán general de Cataluña. Si acudimos a la prensa encontramos que desde ABC, hasta El Sol o El Debate se refleja pasividad e incluso aprobación hacia lo que estaba pasando. Algo similar nos cuentan en sus memorias Azaña, Lerroux o Sainz Rodríguez. El desastre de Annual en Marruecos, el subsiguiente derrotismo y la campaña de responsabilidades, el caos social, el terrorismo y la dificultad de encontrar salidas al desmoronado sistema creado por Cánovas cinco décadas antes, ayudan a explicar la conformidad con la Dictadura. Con su aceptación por parte del PSOE (Largo Caballero resultó un declarado partidario), por los jefes del Ejército y del propio Alfonso XIII, se cerraba medio siglo de monarquía constitucional.

Primo de Rivera fue el “cirujano de hierro” que solucionó los problemas urgentes de España en poco más de dos años, incluido el de Marruecos con el desembarco de Alhucemas, pero su perpetuación en el poder le terminó granjeando la enemistad de la intelectualidad y de la clase política, liberal, monárquica y republicana, ansiosa de volver al juego del poder. A partir de 1929, buena parte de la alta oficialidad del Ejército también comenzó a mostrarse hostil a Primo de Rivera, que terminó perdiendo también el apoyo de Alfonso XIII en 1930. Para ese momento, la figura del monarca, tan aplaudida en el Discurso del Círculo de la Amistad en 1921, resultaba ya hondamente cuestionada. Diez años después del hecho que hoy conmemoramos, el Rey partía al exilio y en España se proclamaba una República que abriría la puerta a trágicos horizontes.

Por la Transcripción

Julio MERINO

 

Nota: por gentileza de la Dirección del Circulo de la Amistad de Córdoba reproduzco integro el discurso de S.M. el Rey don Alfonso XIII:

Acertadamente vuestro Alcalde ha recordado el lema de «muy noble y muy leal», que escribe Córdoba en su escudo.

Ha sido esta ciudad siempre de las más importantes de España, incluso durante la época en que el país estaba dividido en pequeños reinos e igualmente importante en el periodo de la Reconquista.

Después de aquellos días de gloria, vinieron otros de retraimiento en que pareció que Córdoba, satisfecha de su papel en el pasado, esperaba inactiva su resurgimiento.

Este está más cercano de lo que creéis los cordobeses. 

Tengo intensa afición al estudio constante de los problemas que interesan a mi país; por eso he podido apreciar que en gran parte de España y especialmente en Andalucía, son deficientísimos los medios de transporte y que estas deficiencias fueron mayores aún durante la guerra.

En España las comunicaciones no son rápidas; por eso la distribución de la producción y de las subsistencias no se verifica con la facilidad y regularidad necesarias y esto es muy importante, ya que refleja e influye tan poderosamente en toda la vida del país y en la economía nacional.

En este momento mi Gobierno tiene presentado al Parlamento un proyecto de verdadera trascendencia sobre este problema. Ahora bien, el Rey no es absoluto ni puede hacer otra cosa que autorizar con su firma que los proyectos vayan al Parlamento, pero no puede hacer nada para que salgan de allí aprobados. 

Yo estoy muy satisfecho de no contraer responsabilidades, esas responsabilidades que pasaron de la Corona al Parlamento. Prefiero, sin esas responsabilidades, ofrecer mi vida a mi país; pero es muy duro que no pueda prosperar lo que interesa a todos, por pequeñeces de política.

Presenta un proyecto mi Gobierno; lo combaten y cae. Los ministros que suceden a los caídos tampoco pueden adelantar, porque los anteriores se han convertido en oposición. ¡Cómo van a ayudar a quienes los sustituyeron!

Algunos podrán sospechar que al expresarme así me aparto en cierto modo de mis deberes constitucionales; pero yo digo que después de diez y nueve años de Rey, en los que varias veces he arriesgado mi vida, no he de incurrir en una falta de esta especie.

Yo creo que las provincias deben empezar un movimiento de apoyo a su Rey y a los proyectos que sean beneficiosos, y entonces el Parlamento se acordará de que es mandatario del pueblo, porque eso significa el voto que dais en las urnas; entonces la firma del Rey será una garantía de que estos beneficios serán una realidad. Con mejoras que tanto significan para Córdoba como, por ejemplo, el ferrocarril directo a Puertollano, hacer navegable el Guadalquivir hasta aquí para barcos de regular calado, lo que permitirá establecer precios de transporte a dos céntimos por tonelada y kilómetro. Si llegan a realizarse, ¿quién podrá competir con esta ciudad, que será el centro de exportación andaluza? Porque a estas circunstancias favorables unirá la feracidad de su suelo privilegiado.

Alcalde: saludo a Córdoba que recuerda siempre su lema de «muy noble y muy leal».

Córdoba 23 de mayo de 1921.