Damos las gracias a David Pérez, abogado, poeta, pintor y escritor reconocido, que recrea para el lector en esta obra, La Conjura de Guadelmar (Tebar), su prosa ágil y elegante, en la que nos muestra los contrapuestos sentimientos de las personas que (como la inmensa mayoría de nosotros) hemos sufrido directa o indirectamente la lacra terrorista, y construye a la vez un texto muy crítico con la patética reacción de muchos políticos tras los crímenes etarras, señalando con vehemencia la confusión moral y afectiva y las contradicciones personales que las circunstancias del terrorismo ocasionaban (y siguen ocasionando, aunque las formas políticas aparezcan hoy como más “edulcoradas”) en el ánimo y en el corazón de muchos españoles.

Contradicciones que se producen en nuestro espíritu, y que se derivan de los terribles acontecimientos vividos entonces y, asimismo, del respeto a los valores de la democracia y del acatamiento de la ley que nosotros mismos nos hemos dado.

¿Por qué hoy una novela ambientada en los años más duros de ETA?

Estamos asistiendo a un blanqueo sistemático y escandaloso sobre la banda terrorista y sus fechorías; desde muchos medios de comunicación, desde muchos políticos que practican el chalaneo como modo de vida y como profesión, y desde los propios ciudadanos que no desean que se les saque de su zona de confort ni de su visión cómoda (aunque falsa) de la realidad. Yo no quería dejar pasar mi punto de vista sobre ello, y una fórmula válida y asequible es la vía narrativa en forma de ficción.

¿De qué trata su novela?

Mi novela narra las peripecias de un grupo de ciudadanos, vecinos de la localidad costera de Guadelmar (una ciudad casi inventada, pero no del todo), situada en España. Un grupo de personas normales —como cualquiera de nosotros— que, hartos de los crímenes de la ETA y de la inoperancia de los jueces y los políticos frente al terrorismo y, según ellos, en posesión del derecho a la legítima defensa, deciden capturar por su cuenta a un peligroso miembro de la banda. Gracias a la conexión facilitada por la hermana de uno de los integrantes del grupo, una guardia civil que trabaja insertada como topo en la organización asesina, consiguen su propósito, aunque sin ser conscientes de las múltiples dificultades que ello va a acarrearles.

La acción transcurre en paralelo a los días en que fue secuestrado y asesinado por la banda etarra Miguel Ángel Blanco, el joven concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento del pueblo vasco de Ermua, en aquéllos intensos días de mediados del mes de julio de 1997.

¿Por qué ambienta su trama en los días del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco?

La novela está ambientada en ese mismo entorno temporal que usted cita, pero, no es ese el ambiente principal; aunque, eso sí, la trama juega con la coincidencia de que un grupo de ciudadanos de una imaginaria capital española deciden (por una serie de circunstancias casuales) llevar a cabo el secuestro de un terrorista de esa banda. Así, los dos secuestros, el de Miguel Ángel y el del terrorista, caminan en paralelo. Lo que sucede es que éste es el único punto de coincidencia. Ni los motivos, ni las consideraciones éticas (que tienen unos y de las que carecen otros) son los mismos, ni lo son tampoco las demás características del argumento. Fundamentalmente, eso sí es un aspecto sustancial, esta novela no es una novela equidistante. Aquí hay asesinos y hay víctimas. Hay gente inocente a quien se le quita la vida, y hay terroristas que tienen la muerte ajena como su actividad principal. El comportamiento de unos y otros no es nunca ni similar ni parecido.

¿Cuál es su opinión sobre la exitosa novela Patria?

No me parece que mi opinión particular tenga mucha relevancia. Pero sí pienso que es una novela equidistante. El propio título así lo acredita. Cuando en absurda connivencia con la banda terrorista, los medios hablan de los abertzales están hablando de los “patriotas”. O sea, hay una referencia inequívoca en ese título a los partidarios de la violencia. Las víctimas nunca se refieren al País Vasco como su patria. De hecho, el cartel inicial que trajo tanto revuelo no hacía otra cosa más que reproducir fielmente el contenido de la novela. ¿Por qué tienen el libro y la serie tanto éxito? Yo no lo sé. En general, la gente no conoce a fondo el tema y las intenciones de blanqueo del terrorismo (bajo la apariencia de otras cosas) suelen ser fructíferas. Hay otras equidistancias menos famosas, pero con la misma intención. Por ejemplo, canciones que se alegran de que las sirenas de las ambulancias y la policía estén ya en otros lugares (lo asegura la letra), para así, en determinados entornos ciudadanos, poder volver al “barrio sésamo” antiguo, sin hacer ver (no sé si conscientemente o no) que las sirenas eran tan solo la consecuencia de los tiros y las bombas, y no una circunstancia casual.

¿El final de su novela tiene algún tipo de moraleja?

La palabra “moraleja” quizá sea un tanto incompleta. Yo formé parte desde el principio, del Consejo de Redacción de la revista Papeles de Ermua, un documento claramente orientado a activar la conciencia ciudadana contra el terrorismo etarra en aquellos días. Y, en ese mismo sentido, mi novela pretende hacer llegar al lector varios mensajes. Entre ellos, están los que se derivan de la propia conciencia ciudadana y democrática que va tomando forma en los protagonistas, a medida que la trama avanza. Cosa ésta (lo de activar la conciencia ética personal) que, como contrapunto, nunca sucede en la mente de los asesinos. El contenido del texto gustará (como siempre pasa) a quienes creen que la dignidad de las víctimas es un valor incontestable, y no gustará nada a quienes estén pensando que eso de la ETA fue un conflicto que ya ha pasado, que fue “un tipo de violencia repudiable, viniera de donde viniera”, y que lo mejor hoy es negociar y olvidar. Estamos en un contexto en el que siempre que alguien dice que dos y dos son cuatro aparece un memo que asegura que son seis. Este es el momento estelar del equidistante; un tercero muchas veces ni siquiera invitado, que propone el debate y el diálogo como su manera pacífica para encontrar juntos la solución con el número cinco, que él cree la más afortunada.

¿Recomendaría su libro para que lo regalemos estas Navidades?

Estoy seguro de que al editor le encantaría que muchos lectores lo compraran. En mi caso, la motivación es también siempre la venta de mi libro; pero, además, me gustaría contribuir a mostrar a una parte de los ciudadanos que el asunto ETA no es algo del pasado sino algo muy del presente. La ETA sigue siendo una banda terrorista que persigue la independencia de lo que ellos llaman Euskalerría. Lo que ha cambiado ha sido el método. Alguien en esa organización asesina se ha dado cuenta de que (como pasó en Venezuela con Hugo Chávez) era más sencillo lograr sus objetivos “convirtiéndose” a la democracia, y aprovecharse así de las carencias y de las lagunas que el sistema tiene, al menos en España. Lo de encontrarse formando parte de eso que algunos llaman “gobierno” es una lotería que les ha tocado sin querer, a partir de la caterva de los “gobernantes” que los españoles estamos ahora sufriendo, y de la condescendencia de una oposición blandita y muy debilitada. Leer esta novela nos advertirá, quizás, de ciertas categorías de conducta que siendo inicialmente atractivas producen, sin embargo, consecuencias lamentables a corto y medio plazo. La violencia no es buena consejera nunca. Y en mi novela eso queda muy claro.

¿Espera que su libro tenga una buena aceptación?

Yo creo que mi libro no dejará indiferente al lector, y que le obligará a tomar partido en cada una de las situaciones que se van a derivar de la trama argumental. Pero, la venta de un libro es a veces (por estos lares) un milagro comercial. Espero que la comunicación entre los lectores funcione, y que unos terminen comprando la novela que otros les recomienden; lo que les permitirá concluir que la resignación no es nunca la clave, pero que tampoco lo es la imitación de los violentos. Por eso, a mí me gusta diferenciar las palabras equidistancia y ecuanimidad. Denigro de la primera en muchas de las situaciones de mi vida, pero soy un entusiasta admirador de la segunda; porque me parece una posición mental (intermedia cuando proceda serlo, pero no como sistema) que admite valores en las positivas actividades de los adversarios y que también acepta, al mismo tiempo, la crítica en las incorrectas acciones propias.

¿Tiene usted la literatura como actividad habitual?

No. Yo soy abogado y trabajo asesorando a mis Clientes. Pero, como muchos otros abogados (la lista sería interminable) tenemos en la escritura una actividad complementaria. En mi caso, con esta novela, ya pasan de veinte los títulos que he ido desarrollando y publicando desde hace años. Pero, sí es cierto que este libro es uno de mis favoritos. Y yo espero que guste mucho a los lectores. Estoy convencido de que, si fuera una película, muchos de los espectadores terminarían aplaudiéndola, al final.

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