Bailando hasta la Cruz del Sur es un libro de viajes y -habrá que decirlo para quien no haya tenido la suerte de leerlo- recoge los dos que hicieron por los países hermanos de Hispanoamérica los Coros y Danzas de la Sección Femenina allá por la mitad del pasado siglo.

Es un libro de viajes, pero el recorrido no es sólo por la geografía -que también, y extraordinariamente narrada y descrita- sino que desvela el espíritu de aquellas naciones que intentaban hacerse un lugar en un mundo recién sacudido por la Segunda Guerra Mundial, y todas las calamidades que aún cuelgan de ella.

La prosa de Rafael García Serrano -más poética que nunca-, nos lleva a aquél mundo nuevo, y entre las anécdotas que jalonan el viaje nos ofrece la intuición de unos países jóvenes, vivos, llenos de fuerza y de alegría, capaces en muchos casos de tenérselas tiesas con los hijos de la Gran Bretaña y con los mismísimos Estados Unidos. Capaces de negarse a obedecer el dictado procomunista de la ONU contra España. Luego ocurrió lo que ocurrió, y la América hispana no pudo sustraerse a la influencia de los peligrosos "amigos" del Norte, y la ilusión dio paso a la desesperanza, y lo mismo terminaría pasando en España, y así estamos todos.

Pero esto aún no se vislumbraba, y el viaje de los Coros y Danzas fue un tremendo éxito, y todos los pueblos hermanos los recibieron como lo que eran: la mejor embajada que había llegado de la madre Patria en dos siglos.

Las anécdotas son incontables, dando la auténtica imagen de la diversión sana, la disciplina alegre, la camaradería y la fe firme de quienes llevaron la música de España a la América española -y parte de la no hispana-, y reflejan con nitidez aquella España que ni mucho menos era oscura, ni triste, ni ninguna de esas otras cosas que ahora dicen los que no ven más allá de sus mentiras, sus tópicos, sus estereotipos y su propia incapacidad vital.

De este inmenso libro de viajes, de cultura, de historia y de buen humor, se hizo después una película: Ronda Española, que recoge tan fielmente como es posible los momentos más significativos de los cientos de páginas de los que nace. No puede -ninguna película puede- recoger la maravilla de la prosa de Rafael García Serrano, su lirismo en ocasiones, su épica en otros momentos, su ironía militante ante los paupérrimos y fracasados intentos comunistas por sabotear las actuaciones; pero también la película pone un nudo en la garganta a veces.

Y consiguen -ambos, libro y película- hacer que se encienda la sangre y aflore el justo orgullo de ser miembro de la raza solar que cantó el maestro Rubén.