Hay noticias que, cuando las lee uno, lo reconcilian consigo mismo, pues le demuestran que sus opiniones no eran tan disparatadas como algunos (los de siempre), intentaban hacerle ver. Y es que quien escribe estas líneas, siempre ha dicho lo que piensa, aunque ello supusiera ir en contra de la opinión dominante en cada momento. Ello le ha supuesto a un servidor algunos contratiempos. Pero es que ser libre, es un ejercicio que nunca salió gratis.

Hago la anterior introducción porque hace unos días leí en el diario El País (el dato del medio periodístico es aquí muy significativo, para bien), que casi noventa centros de Educación Primaria y Secundaria de Castilla y León, Castilla-La Mancha y Navarra, se salen del programa de bilingüismo y vuelven a dar las asignaturas en español. Argumentan los profesores de estos centros que “el bilingüismo es un engaño, pues los niños ni aprenden inglés ni las materias bilingües”. Llevan razón mis compañeros de esas comunidades en lo que dicen, pero no tienen ningún mérito en lo que hacen, pues mérito fue el mío, cuando opiné de esa misma forma hace muchos años, cuando en los colegios en los que yo he trabajado comprobé que el bilingüismo era una gran mentira, un timo, una estafa de dimensiones colosales. 

Porque en las asignaturas llamadas bilingües (en los casos que yo conocí era Conocimiento del Medio), no sólo se hablaba en inglés (muy poco), sino en español (fundamentalmente), pues de lo contrario los alumnos no se enteraban de nada. O que algunos profesores, para hablar en inglés, rebajaban los contenidos hasta niveles insultantes, conociendo yo el caso de un maestro que, en 6º de Primaria, confeccionaba para sus niños fichas de inglés tan elementales, que más bien eran propias de Educación Infantil.

Yo dije todo esto en su momento y lo repito ahora. El bilingüismo es mentira. No ha servido para nada. Bueno, sí. Ha servido para que profesores con pocos puntos, es decir, con poca antigüedad en el ejercicio de su profesión, hayan optado, y conseguido, vacantes vedadas a compañeros con mucha más experiencia docente y, a veces, incluso con más vergüenza que ellos.

Ha servido para crear una red clientelar de asesores, cursillos, subvenciones, prebendas y propaganda, mucha propaganda, con los centros bien adornados con un enorme cartel en la puerta afirmando que es un “centro bilingüe”.

También ha servido, justo es detallarlo, para cosas menos edificantes, o más edificantes, según se mire. Y es que en un centro en el que yo trabajé (bilingüe, por supuesto), llegó destinada una auxiliar de conversación inglesa, muy mona ella, que tenía cierta afición por la noche, y por todas las cosas inherentes a ese horario. Y así, la chica se hizo famosa en el pueblo en el que yo trabajaba por su agitada vida nocturna, propia de una casquivana, es decir, ligera de cascos, o sea, que era una zorra, aunque inglesa, eso sí. Con bastante éxito, por cierto. Pero aquí el mérito no era del bilingüismo, que conste, sino del follisqueo, que no entiende de idiomas, pues su lenguaje es universal.

Pero todo lo demás es mentira, y no sólo porque lo hayan dicho mis compañeros de Castilla y León, Castilla-La Mancha y Navarra, cargados todos ellos de razón y con la valentía suficiente como para haberlo hecho público. Lo digo yo, que conozco bien el paño, y que he sufrido en mis propias carnes el bilingüismo: la gran mentira.