Margarita Cantera Montenegro es profesora Titular de Historia Medieval en la Universidad Complutense de Madrid. Su especialidad es, dentro de la Edad Media hispánica, la historia monástica y la reforma religiosa que se produjo en los últimos tiempos de la Edad Media, especialmente en el reinado de los Reyes Católicos.

Por cercanía familiar, pero también por interés histórico, los estudios monásticos los ha centrado especialmente en La Rioja, y en concreto en el monasterio de Santa María de Nájera. Y junto con su hermano P. Santiago ha publicado dos libritos de divulgación sobre el monacato en la Edad Media: Los monjes y la cristianización de Europa y Las Órdenes religiosas en la Iglesia medieval (siglos XIII a XV). En los últimos tiempos, y por encargo de diversas entidades universitarias, ha impartido algunas conferencias sobre la evangelización de América.

En esta entrevista nos habla de su libro Blas Piñar y la Hispanidad.

¿Por qué un libro destacando de Blas Piñar la faceta de su amor a Hispanidad?

En primer lugar, porque Blas Piñar lo merece: su figura se agiganta a medida que pasa el tiempo y comprobamos la clarividencia de su pensamiento y, por desgracia, de sus predicciones sobre la deriva de España.

En segundo lugar porque, como él mismo dijo, la Hispanidad es la gran obra de España; y debería ser siempre el centro de atención de su política.

Y, por último, por la relevancia que tuvo la Hispanidad en la vida y en la obra de Blas Piñar; si sintió desde niño la llamada de la Hispanidad, dedicó a ella sus mejores esfuerzos e ilusiones a lo largo de toda su vida.

Para D. Blas Piñar la Hispanidad, era la esencia de la grandeza de España
algo que no se puede perder sino que hay que recuperar y fomentar.

Insistía en numerosas ocasiones que mantener y apoyar la Hispanidad es una tarea especialmente necesaria para España, ya que es su esencia y fuente de unidad; recordaba en este sentido cómo a menudo los emigrantes e incluso los exiliados "recobraban" España a través del mundo hispánico. Por su parte, para las naciones hispánicas es el pilar y razón de su existencia; y sólo fortaleciendo esta raíz podrán asegurar su futuro.

También señalaba que la Hispanidad es una tarea permanente, inacabada; y por ello hay que construirla continuamente, recordando la bella imagen de Ramiro de Maeztu: es como una flecha caída a mitad de camino, que debemos recoger para lanzarla más lejos y hacerla llegar a su destino.

Y más aún hay que reivindicar la Hispanidad ante el desprecio a ella por parte de la leyenda negra y el pensamiento políticamente correcto.

Esto es un claro reflejo de que la Hispanidad sigue siendo un "peligro" para los intereses económicos, políticos, culturales y religiosos que pusieron en marcha y promovieron la leyenda negra; y los que la mantienen en la actualidad: tanto el mundo anglosajón y el colonialismo estadounidense, como más recientemente el indigenismo. Y no podemos olvidar que este movimiento político, la última faceta del marxismo, llevado a sus últimas consecuencias supondría el fraccionamiento total del mundo americano, facilitando de esa manera aún más el colonialismo exterior.

Siendo D. Blas director del Instituto de Cultura Hispánica canalizó todo su
amor apasionado a la Hispanidad. Por eso es muy importante difundir todo lo
que hizo al respecto.

Efectivamente, durante los años en que fue director del Instituto de Cultura Hispánica, entre 1957 y 1962, pudo desarrollar esa vocación hispánica que sentía desde niño; y gracias a que pudo apoyarse en una buena organización institucional y en la magnífica colaboración de los funcionarios que trabajaban allí, cuyo trabajo siempre destacó, llevó a cabo una amplia y variada tarea: organización de Congresos, exposiciones, cursos, intercambio de profesores y estudiantes, festivales de folklore y actos muy diversos de carácter cultural, cuyo objetivo principal era fomentar el mutuo conocimiento entre los miembros de la comunidad hispánica, consciente de que esa es la base del mutuo aprecio y, por ese medio, consolidar el sentimiento de hermandad.

Y difundió con entusiasmo los grandísimos ideales de la Hispanidad a través de
conferencias, discursos, artículos....

Y lo hizo durante toda su vida, aunque podemos diferenciar en esta "actividad hispánica" dos etapas: los años en que fue director del Instituto de Cultura Hispánica, y en los que desarrolló una labor constante y una actividad incansable; y a partir de 1962, cuando fue cesado en dicho cargo por su emblemático e insuperable artículo Hipócritas. Esta etapa fue de gran importancia por coincidir, en el caso de España, con el cambio político que se vivió en los últimos años de gobierno del General Franco, y el vuelco radical en el rumbo político de nuestra Patria, que supuso, entre otras cosas, alejarse de todo lo hispánico por querer "ser más europeos". En estos años también reforzó el acercamiento a los movimientos políticos que en el mundo hispanoamericano defendían unos ideales comunes frente al comunismo y la Teología de la liberación.

¿Usted cree que faltan hoy en día políticos que abiertamente defiendan la
Hispanidad, no solo de palabra sino con hechos?

Esa es una triste realidad desde luego en España, donde la obsesión sigue siendo ser más europeos, como si España no hubiese sido siempre una parte sustancial de Europa; al tiempo que se consolida una corriente de desprecio y rechazo hacia nuestra Historia que, con los defectos propios de toda obra humana, tiene muchísimas gestas y actos de los que debemos enorgullecernos.

Pero también ocurre en el mundo hispánico; y no es necesario recordar a algunas tristes figuras, como el presidente de Méjico López Obrador (de origen español bien reciente, por cierto) o el de Filipinas Duterte. Y otros más cuyas palabras producen verdadera tristeza y rechazo.

Pero frente a estas vergonzosas actitudes tenemos otras figuras nobles que se siguen enorgulleciendo de su pasado y son en este momento defensores de la Hispanidad; por no alargarme y para recurrir a un ejemplo muy reciente, citaré a Marcelo Gullo, politólogo e historiador argentino que ha puesto de nuevo en evidencia las mentiras de la leyenda negra.

¿Qué es lo que aporta su libro de nuevo para conocer mejor el amor de D.
Blas a la Hispanidad?

He intentado proporcionar un análisis pormenorizado del pensamiento que Blas Piñar nos ha legado sobre la Hispanidad a través de un número notable de intervenciones públicas y escritos de diverso tipo, atendiendo a todos los aspectos que forman parte de la misma: la base religiosa sobre la que se sustenta la Hispanidad, el anhelo de que se constituyese una comunidad jurídica para unir a todos los pueblos hispánicos, la intensificación de la colaboración económica y cultural, quiénes son los enemigos de la Hispanidad y por qué han desatado esa persecución contra ella. Y un aspecto de carácter muy personal, como son las amistades que nacieron en torno al común ideal de la Hispanidad y que ponen en evidencia dos aspectos: cómo el compartir un ideal facilita el acuerdo y la cercanía, y el carácter afectuoso, entrañable, de Blas Piñar.

Particularmente, ¿cómo le ha ayudado a usted en su vida personal el hecho de poder profundizar en el riquísimo legado de D. Blas y la Hispanidad?

Sabía de su amor a Dios, a España y a la Hispanidad. Pero al leer estos escritos y profundizar en su conocimiento he podido comprobar que ese amor era aún mayor de lo que sabía. He sentido su anhelo de hermandad y su sufrimiento por las trabas que veía que se ponían contra su desarrollo; he palpado su sensibilidad poética y la belleza de la expresión; he vibrado con sus recuerdos del pasado, sus deseos del presente y sus anhelos de futuro.

Y también he podido comprender que, aunque ésta es una tarea difícil, no podemos renunciar a ser los adalides de la Hispanidad para hacer posible su resurgir y su esplendor en el futuro, transmitiendo esta bella tarea a las siguientes generaciones de españoles: aunque nosotros no veamos el fruto, nos corresponde echar la simiente; germinará en el momento oportuno.