Continuamos hoy con el "Diario de una Bandera", la obra que escribió Franco siendo comandante y en la que narra la primera historia de la legión. En estos capítulos se comprueba varias cosas entre ellas que Franco sabe escribir y que Franco en el campo de batalla es el jefe perfecto.  Pasen y lean.

                           XIII - - Uisan y Ras Medúa 

El tiempo ha empeorado. Llegan los lluviosos días del invierno y circula el rumor de que se va a avanzar sobre Ras Medua, donde las confidencias señalan concentrado al grueso de la harca. Como preparación, en la mañana del día 14 la Legión fortifica unas casas en el poblado de Bu Atlaten, que constituirán el día del avance un apoyo en nuestro flanco izquierdo.

La operación se anuncia para el día 17, concentrándose con anterioridad en las huertas de Segangan la columna del General Berenguer. El frío en este día es intensísimo; los chubascos se suceden y el Uisan, cubierto de nubarrones, anuncia que va a seguir el agua. Muy difícil nos ha de ser la marcha por la colorada y arcillosa tierra de la meseta de Ras Medua.

A las cuatro de la mañana el campamento está en pie, pero no se forma; una lluvia torrencial ha caído durante la noche y los caminos están intransitables. La operación queda suspendida hasta que mejore el tiempo.

Desde que ocupamos Segangan nuestra mirada tropieza con el macizo montañoso de Uisan, actualmente en poder del enemigo. Tras los espesos muros de sus fortines se ocultan las guardias moras, y las múltiples barrancadas facilitan a los pacos el acercarse algunas noches a turbar nuestro descanso. El grueso de la harca en este lado se encuentra al pie del monte, en los poblados inmediatos a la carretera de Kaddur.

La ocupación de este macizo, con sus grandes pendientes y profundas barrancadas, dominadas por los potentes fuertes, sería muy costosa en pleno día; el terreno se presta a la defensa y los disparos de nuestra artillería no lograrían perforar los gruesos muros de los fuertes, a los que llegaría la harca en contados minutos. Sólo por sorpresa podemos hacer nuestro el gigantesco monte. Los legionarios soñamos con la idea de llegar una noche a los fortines sorprendiendo a las guardias enemigas.

Este día llega; el General ha aprobado nuestros proyectos, y si el tiempo no nos permite ir a Ras Medua, tomaremos el Uisan.

Las precauciones para la empresa están tomadas y con anterioridad estudiados los sitios de las guardias, el camino a recorrer por las unidades y la posibilidad de que pueda fallarnos la sorpresa.

Gran sigilo se lleva en los preparativos; sólo en la tarde de este día avanzan los Capitanes a una loma próxima y, sin llamar la atención, se enteran de los caminos a recorrer, señalados en el plano anteriormente. Antes de separarnos me cercioro de que todos conocen su misión.

A las cuatro de la mañana, sin el menor ruido y sin encender luces, marchan las compañías a retaguardia del campamento, donde permanecen pegadas a la tapia.

Las prevenciones han sido dadas; los mulos y caballos quedan en el campamento con los soldados acatarrados; los fusiles se ocultarán bajo el capote, para evitar que brillen sus cerrojos, no se fumará bajo severo castigo y nadie disparará sus armas. Las compañías de ametralladoras llevarán a brazo el material y de la conducción de las municiones se encargarán treinta hombres de la sección de trabajos Las baterías quedan en el campamento, estableciéndose a la salida del mismo; un batallón se adelantará al amanecer como reserva, y con él, el ganado de nuestras unidades.

Cuando nos despedimos del General, se encuentra levantado; salimos por la puerta de la carretera de Nador, y dando un rodeo bajamos por una aguada al cajón del arroyo. Unos policías, con el Capitán Orteneda, se unen a la expedición, y el capataz de la Compañía Española de Minas del Rif nos acompaña como práctico.

En silencio profundo y pegados a los taludes del hondo arroyo, nos encaminamos en dirección de las guardias enemigas. Inmediatamente a nosotros, un grupo de policías y legionarios explora el terreno, deteniéndose al menor aviso; al llegar al recodo del arroyo se separan las unidades que nos han de proteger en el caso de fracasar el intento. Por la derecha, una compañía y una sección de ametralladoras van a ocupar la loma frente al poblado y morabo de Sidi Busbah, para cortar en caso preciso el paso del grueso de la harca a los fuertes y flanquearán al mismo tiempo la marcha del resto de los legionarios por el barranco. Otra compañía, con su sección de ametralladoras, avanzará por las lomas de la izquierda, procurando no destacarse en el horizonte. El resto de la Legión se aventura por el profundo cajón del arroyo.

No se escucha el menor ruido. Los soldados avanzan por la arena con precaución, como un desfile de negros fantasmas, y a nuestro frente, y enfilando la barrancada, blanquean los muros del Fuerte del Carmen Pronto dejamos de verlo y nos encontramos al pie de la loma. Es preciso escalar la pendiente y resquebrajada ladera; la ascensión es lenta y penosa, y en un desmonte anterior al fuerte se concentran los legionarios antes de dar el golpe sobre las guardias.

Los momentos son de mucha emoción; ni un solo tiro ha señalado nuestra presencia, y en uno de los fortines una pequeña columna de humo delata la existencia de una guardia.

Empieza a amanecer cuando a una señal se lanzan sobre los fuertes las primeras unidades.

En el pequeño Fortín de San Enrique suenan algunos disparos; es la guardia enemiga que se apercibe y huye disparando sus fusiles en señal de alarma.

No hay que perder un minuto; es necesario llegar al fuerte alto antes que el enemigo. La parte más penosa de la ascensión empieza; legionarios y policías gatean por el plano inclinado de las minas en busca del elevado fuerte, mientras la gente de la harca, por la otra pendiente, también trata de ganarlo; una veintena de metros les falta a los moros para llegar al fortín, cuando los nuestros entran en él y pronto los harqueños ruedan la ladera sorprendidos por el fuego de nuestros fusiles.

La operación ha terminado felizmente y una bandera española ondea en el pico más alto de Beni-bu-Ifrur.

El fuego dura todo el día. Los moros comprenden la importancia de la posición y tratan de estorbar su fortificación y aprovisionamiento, pero su situación es tan desventajosa, que muchos mueren cazados por nuestros tiradores, ocultos tras las aspilleras.

Desde este alto pico se baten los caminos a Kaddur y el Harcha, y el día transcurre en el fuerte entre los gritos y hurras de los legionarios cada vez que Acazan@ algún tirador enemigo; (es tan divertida la Acaza@ del paco!

En esta operación es herido en un pie el bravo Capitán de la Policía. Durante el día hemos tenido tres soldados muertos y cinco heridos.

Esta noche la orden de la columna publica el siguiente telegrama:

"Felicito a V. E. y tropas a sus órdenes por brillante éxito obtenido al ocupar Monte Uisan. Me es muy honroso y muy grato transmitir esta valiosa felicitación a las tropas de la columna que han tomado parte en la operación y muy especialmente a las fuerzas del Tercio, que han acreditado, una vez más, su recia instrucción y disciplina."

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HA MEJORADO el tiempo, y la operación proyectada sobre Ras Medua va a realizarse. La columna Berenguer con los Regulares en vanguardia, ha de subir la cuesta de Taxuda, y por Bux Asasa y Sebt-Tazarut irá a ocupar la meseta de Telat. La columna Sanjurjo, una vez tomado por la primera su objetivo, abordará de frente la meseta de Ras Medua.

El sol está ya alto cuando rompemos la marcha por el llano del Maxin; la caballería indígena se ha dirigido hacia Tanut Er Ruman, poblado en que se anunciaba la harca enemiga, pero durante los primeros momentos se nota la ausencia de los moros; sólo a lo lejos, en el reducto de Ras Medua, parece señalarse su presencia

La Legión avanza por el llano con las Banderas inmediatas y sus secciones de vanguardia desplegadas; las ametralladoras y mulos se quedan retrasados en el paso de los barrancos; se hace preciso acortar la marcha. Cruzamos más tarde por los poblados del valle, y frente a la aguada de Ras Medua se separan las Banderas, y mientras la Primera salva la barrancada siguiendo la antigua pista militar, la Segunda cruza el arroyo y asciende por la senda de la aguada de las moras. El enemigo no ha hecho resistencia y los legionarios ocupan el poblado de Medua en la meseta.

A nuestro abrigo se concentra la vanguardia; y las ametralladoras y baterías rompen el fuego sobre los grupos que se presentan en la antigua posición.

Entre las piedras y torretas se ven las cabezas de los moros; nuestros shrapnells explosionan sobre las ruinas, y después de una preparación artillera se continúa el avance hacia el reducto.

Un aeroplano que vuela sobre la torreta arroja en sus inmediaciones numerosas bombas. Una de ellas envuelve en su nube de humo el torreón, y cuando el polvo se disipa, el torreón había desaparecido.

El avance y asalto del reducto se efectúa muy rápido; mientras una compañía avanza por el borde del barranco de la derecha envolviendo la posición, otras, de frente, se lanzan sobre las piedras del reducto; las balas silban sobre nuestras cabezas, y un aeroplano a nuestro lado deja caer un parte: "El enemigo se retira a caballo por la ladera opuesta".

Coronada la posición, vemos huir por las barrancadas vecinas grupos enemigos, que son perseguidos con el fuego. Por la derecha, y entre los puntos negros, se ve un grupo de gente de chilabas blancas; una sección le dirige sus fuegos.

-¡Alto el fuego! ¡no tiréis a ésos, que son moras! -ordena un Capitán que con los gemelos observa el campo. Los soldados cesan en su fuego.

En el desastre, muchas mujeres fueron especialmente crueles, remataban los heridos y les despojaban de sus ropas, pagando de este modo el bienestar que la civilización les trajo.

Los poblados de la meseta de Beni Faclan lucen banderitas españolas y combaten a nuestro lado.

La posición es construida por los legionarios, que, aprovechando la abundante piedra, levantan en una hora el fuerte parapeto que pasa a ocupar la guarnición.

La columna pernocta en el poblado de Medua, y a la mañana del siguiente día regresa a Segangan.

XIV- Tauriat-Hamed, Harcha, Tauriat-Zag

 

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Alrededor de la larga mesa, en el comedor del General, en Segangan, se encuentran sentados los Jefes de los cuerpos que integran la columna; un plano está extendido y un ayudante, en alta voz, va leyendo las órdenes para la operación del día siguiente: objetivo de la columna, camino a recorrer, unidades que han de quedar destacadas, lugar para establecer el vivac, misión de cada uno de los cuerpos que componen la columna; todo se va aclarando por nuestro General.

El terreno donde va a desarrollarse el próximo combate no es un misterio para el General; ha combatido en él y conoce los peligros que encierran sus múltiples y profundas barrancadas, de las que los moros saben sacar un gran partido. El veterano soldado no se cansa de dar sus prevenciones para el combate; toda la vigilancia ha de ser poca en este terreno, en que el enemigo aparece en cualquier punto sin ser visto.

Los legionarios hemos de salir antes de amanecer a ocupar la Loma Negra de la derecha del Uisan, marcada en el plano con la cota 520; a su abrigo se concentrará la vanguardia, y una vez establecidas las baterías ligeras que han de marchar por la carretera con la otra columna, se seguirá el avance.

La Policía de la columna Berenguer ocupará igualmente, durante la noche, las alturas de Belusia y Hianen.

Al amanecer del nuevo día nos encontramos ocupando la Loma Negra, sobre el antiguo camino del Harcha; la ausencia del enemigo nos permite adelantarnos a ocupar las siguientes lomas, abriendo de este modo la marcha y concentración de la columna. El enemigo se divisa muy lejos, en las alturas y chumberas próximas a Tauriat-Hamed.

Siguiendo el antiguo camino, nuestra columna llega a la inmediación de la carretera; las vanguardias ascienden por las lomas inmediatas, pero aún tenemos que esperar al establecimiento de las baterías. Pasados unos minutos, las granadas empiezan a caer sobre la posición de Tauriat-Hamed y poblados próximos; entre ellas, unas enormes explosiones de humo negro nos indican la presencia del Grupo de Instrucción de Artillería, y pronto avanzan las dos Banderas en dirección a Tauriat-Hamed y lomas de su izquierda.

Los moros se han dispersado a nuestra vista y hostilizan desde las crestas cercanas; una compañía se destaca delante de la posición, en un extenso espolón, y los trabajos de fortificación empiezan.

En el frente de combate y a lo lejos se ven núcleos fuertes en actitud expectante; las laderas del Milón están llenas de moros, y de los poblados de Trebia se acercan numerosos grupos.

Durante todo el día el combate se desarrolla tranquilo; sólo por la tarde el enemigo, que se ha filtrado por los barrancos de la derecha, hostiliza de flanco a la columna; una compañía de legionarios les aleja, y sigue el aprovisionamiento de la posición.

El lugar para el vivac de la columna es elegido a retaguardia de la posición, entre los poblados; la Legión ocupa los aduares frente al Harcha.

El sol está próximo a ponerse cuando empieza la retirada de las tropas avanzadas. Por la izquierda, el Batallón de Sicilia, que se encontraba adelantado en tiroteo con el enemigo, se retira por escalones con la tranquilidad de un ejercicio, es el primer día que entra en fuego, y a todos nos produce gratísima impresión sus primeros pasos en la campaña.

En la posición se retiran las tropas hacia el vivac, y en estos momentos el enemigo hace de nuevo su aparición en los barrancos, rompiendo el fuego sobre la carretera y ganado de las baterías. Los legionarios, que han empezado su retirada, detienen el repliegue, mientras varias secciones con granaderos avanzan a limpiar el barranco. El sol se ha puesto, y sin luz apenas, la ola de legionarios avanza; los tiros y estampidos de las bombas se suceden y los soldados se alejan barranco abajo; al enemigo se han cogido cinco muertos y los pacos se terminan. Al siguiente día la descubierta de la posición encuentra en el barranco once muertos más con su armamento.

Las bajas de la Legión habían sido: heridos el Teniente Gallego y Alféreces Díaz Criado y Díaz de Rebago y 12 soldados.

 

LA NOCHE PASÓ tranquila; el vivac no fue hostilizado, y al amanecer del día siguiente se encuentra de nuevo formada la Legión para la ocupación del Harcha.

El enemigo no ha de ofrecernos resistencia. Los disparos de nuestra artillería truenan durante nuestra subida, y la explosión de uno de ellos alcanza al Capitán y un soldado, que son heridos levemente.

Hace un crudo día de diciembre, en que un viento frío molesta nuestros trabajos y, terminados éstos, pernocta la columna en el antiguo campamento de Yadumen.

 

LA CABILA de Beni-bu-Ifrur ha sido rodeada, y el día 2 de diciembre la columna ha de regresar, recorriéndola e imponiendo un justo castigo a los aduares.

A nuestro paso, las columnas de humo se levantan de las pequeñas casas y la ola de fuego alcanza a los poblados de la montaña.

Las otras dos columnas, en este día se han internado también en Beni-bu-Ifrur, y esta cabila, que tanto se había distinguido en sus crueldades, había quedado destruida.

Las últimas operaciones han traído consigo la sumisión de varios aduares próximos a Tauriat-Hamed y del jefe moro Kaddur-Ben-Ab-Selam. Algunos moros se ven en las inmediaciones del camino de Tauríat-Hamed, pero su fidelidad no ha de confirmarse.

Cae la tarde, cuando un cabo legionario, con su escuadra de servicio de leña, se nos presenta en el campamento, los soldados son portadores de cinco fusiles mausers cogidos al enemigo:

-Mi Comandante -nos dice-, aquí traemos estos cinco fusiles de unos moros que hemos matado en el servicio. Estábamos cortando leña en la derecha del Uisan, cuando escuchamos tiros hacia la carretera; acudimos al fuego, cumpliendo nuestro credo legionario, y al llegar nos recibieron tirándonos desde uno de los aduares. Como los moros estaban parapetados y con los pocos hombre que llevaba no podía castigarlos, me apoderé de un ganado que se hallaba próximo y de dos chicos pastores, uno de los cuales mandé al aduar para que viniese el jefe con los hombres armados a entregarse o me llevaba el ganado al campamento, Llegaron cinco moros, uno de ellos al parecer jefe, a los que sin dar tiempo a defenderse, desarmamos e hice venir delante de nosotros al campamento. Nos siguieron de buen grado mientras creían ir a la oficina de Policía, pero cuando vieron torcíamos por el camino de Segangan, pretendieron huir por un barranco. El ganado, para que no se pudiera pensar que había sido el origen de este episodio, lo he entregado, al paso, en la posición de Bu-Atlaten.

Estas mismas declaraciones hicieron los demás soldados, y un rato después, un sargento y un soldado de ingenieros vinieron a comprobar lo sucedido; ellos eran los que estaban tendiendo la línea telefónica cuando fueron tiroteados por el enemigo y querían manifestar que la presencia de los legionarios les había salvado de la agresión.

Aquella tarde, ya anochecido, el jefe de uno de los aduares, que en otra agresión días después fue muerto, viene a hacer sus protestas de fidelidad; a la hora de marchar tenía miedo de alejarse hacia el poblado; temía que pudiera pasarle algo y se ordena que le acompañen un cabo y una pareja de soldados legionarios, lo que aumenta sus temores; al despedirse de ellos, ya cerca del aduar, agradecido les besa las manos; no comprendía el moro que estos hombres, cuya fama de fieras ha llegado en esta zona a los más escondidos aduares, le permitan marchar, y le hayan acompañado hasta su casa.

Días después, y precedidos por los poblados amigos y Policía, se ocupan, sin que fuéramos hostilizados, las posiciones de Kaddur y Taxarut, próximas al Kert.

 

OCUPADO Ras Medua, los aduares de Beni Sidel, al pie de la meseta, han pedido el avance de nuestras tropas a las antiguas posiciones de Tauriat-Buchit y Tauriat-Zas, que cortando el paso de la harca por el desfiladero, les permiten vivir en sus aduares.

Para esta operación se concentran en Ras Medua las fuerzas organizadas de policía que, precedidas por los moros de los poblados, han de ocupar, al amanecer del día 20, las posiciones indicadas. La columna Sanjurjo saldrá antes del amanecer por el valle de Maxin para cooperar al buen resultado de la operación y fortificación de las posiciones.

Al amanecer, los legionarios se agrupan alrededor de las hogueras, esperando al pie de Atlaten la concentración de la columna, y, reunida ésta, emprenden la marcha en dirección a los poblados del pie de Ras Medua.

En los aduares se para la vanguardia a esperar la concentración y el establecimiento de las baterías.

A lo lejos, al pie de Tauriat Zag y del desfiladero de Trebia, se ven bullir las concentraciones enemigas; muchos de los grupos, parapetados en las piedras de la contrapendiente, parecen esperar la llegada de la fuerza; pero el número de enemigos no está en correspondencia con lo benigno de la acción.

Llegamos a Tauriat-Buchit, donde con los soldados de Policía y harca amiga se encuentran los Regulares, que van a efectuar el segundo salto a Tauriat-Zag. Los moros parecen poco interesados por la defensa y Taurit-Zag se ocupa con escasa resistencia.

Los legionarios han ocupado posiciones a vanguardia y mantienen ligero tiroteo. El enemigo huye por el llano en dirección al Kert y la paz reina en la retirada.

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XV- Ras Tikermin

 

Ha sido proyectada la operación sobre Ras Tikermin, y el día 21 vivaquean las dos columnas próximas a la posición del Hianen. Dirigirá el General Berenguer (Federico) y son Jefes de columna  los Coroneles Saro y Fernández Pérez.

Los poblados inmediatos al puente del Kert combatirán a nuestro lado y han entregado los explosivos y mechas con que el enemigo pretendía volar el puente. La Policía y harca amiga ocuparán antes del amanecer Calcul, defendiéndose hasta la llegada de la columna.

Al amanecer del día 22 salen las Banderas de la Legión en cabeza de la columna Fernández, para abordar de frente las posiciones enemigas, mientras por la izquierda la columna Saro irá a ocupar Tlemsalen.

Cruzamos el Kert por el soberbio puente de piedra, obra de nuestros ingenieros, y llegamos a Calcul, ocupado por la Policía; allí queda por orden superior una compañía de legionarios en espera de la columna. Este es el lugar señalado para la concentración antes de dar el salto a Ras Tikermin, donde los policías y gente del pueblo se han establecido antes de amanecer.

Llegan noticias de que el fuego es muy grande y de que en Ras Tikermin las municiones escasean.

Con gemelos se distinguen los grupos enemigos, ocultos en los espacios desenfilados de la posición. Varios aeroplanos, volando sobre ellos, nos dejan escuchar el tableteo de sus ametralladoras. Se les ve trazar pequeños círculos sobre las barrancadas, ametrallando a los grupos enemigos. Vuelan tan bajo, que tememos que puedan alcanzarles los disparos Otro aparato deja caer bombas que levantan negras humaredas. Todo el fuego se concentra en el pequeño espacio desenfilado delante de la posición. Hay que ir en seguida, sin esperar la concentración de la columna.

Rápidamente van los legionarios ocupando las alturas de los flancos y llegamos a Ras Tikermin, adonde ha ido al galope la caballería. Relevamos a los jinetes, que encontramos en la loma anterior a la posición, y entramos en la misma los primeros legionarios.

La posición se compone de un alto muro de piedra con unos pequeños tambores; en ella se agrupan los moros del poblado y los policías con un oficial; parece escasearles las municiones Y el enemigo hostiliza desde las próximas lomas. Por los barrancos del Mauro y posición de Sidi Salen se acercan, a su vez, numerosos cabileños.

La entrada de la posición y rampa de acceso están tan enfiladas, que los proyectiles del enemigo levantan en ellas un hervidero de polvo es necesario alejarlo para que puedan avanzar los ingenieros y empiecen los trabajos de fortificación.

Las únicas fuerzas de que disponemos son dos compañías de legionarios, menos una sección, y una compañía de ametralladoras; el resto de las Banderas se encuentran ocupando las lomas del flanco izquierdo y posiciones anteriores, y la columna está todavía en Calcul. Apoyados por el fuego de nuestras ametralladoras salen de la posición a batir al enemigo las compañías 2.0 y 13.0, mientras que por la loma de la izquierda, otra compañía de la Legión rebasa el flanco enemigo. Ante el avance de los legionarios, los moros parecen declararse en huida, y con poca resistencia las guerrillas ocupan el frente y flanco derecho en las lomas, delante de la posición; pero en estos momentos el enemigo reacciona y el combate se empeña a pocos pasos; en los fusiles de los legionarios brillan los machetes, los vivas e interjecciones se suceden: ¡perros!, ¡cobardes!, ¡toma!...,!ay! Al banderín de la 13.0 compañía, enarbolando su bandera, se le ve gritar. Cae a tierra; es el célebre cuentista de la compañía citada; el que en los días de fiesta nos entretiene con sus cuentos y canciones.

Las secciones de sostén acuden al sitio del ataque, pero, rechazadas en este lado, tienen que retirarse y acudir al otro, Nadie piensa en recoger las bajas; ya se hará luego; nuestros ordenanzas y agentes de enlace intervienen también en la lucha.

Un oficial cae herido o muerto; sobre él muere un legionario; los moros ruedan la ladera, pero el fuego sigue muy intenso. Es preciso resolver el combate alejando al enemigo con la maniobra; pero no nos quedan tropas; los acemileros y conductores de ametralladoras se encuentran ya formando un sostén en el frente. Entonces echamos mano de los policías y moros adictos, enviándoles a ocupar por la derecha unas lomitas que baten la ladera de revés. La empresa no les agrada mucho, las disculpas se repiten; "no tener cartas" (municiones); se los entregamos, y por un barranquito de la derecha les hacemos aparecer en su puesto sin ser vistos. En estos momentos, el enemigo al verse amenazado por retaguardia, se declara en huida y las ametralladoras y fusiles se encargan de perseguirle con sus fuegos por las múltiples barrancadas.

La calma renace en nuestro frente y llega el momento de retirar las bajas. Dos oficiales, el Teniente Infantes y el Alférez Marquina, han muerto gloriosamente; el Teniente Hidalgo, que manda la segunda compañía, es herido de gravedad, y son muchos las clases y soldados caídos en la lucha.

En la extensa loma de la izquierda, el combate sigue duro durante todo el día, y la primera compañía, que se ha establecido enlazando las dos lomas, ocupa un pequeño collado donde el enemigo ataca constantemente.

Los aeroplanos siguen incansables su tarea, y delante de las guerrillas colocan sus bombas, prestándonos importante ayuda.

Los trabajos de fortificación adelantan, y pronto se emprenderá la retirada. Un cañón enemigo nos dirige sus disparos; los proyectiles caen delante y detrás de las guerrillas, algunos dentro de la posición, pero son muy contados los que explosionan y causan bajas.

Recibida la orden de repliegue, el enemigo está tan cerca, que en algunos puntos del frente hay que falsear la retirada.

A la primera compañía, que ocupa el collado, en los momentos que intenta el repliegue, le aparece el enemigo coronando la loma; por esto avanza nuevamente, matando a varios de los harqueños; pone al resto en huida y aprovecha este momento para retirarse a su vez. Un rato después los moros reaparecen en el collado.

Una batería de montaña y las ametralladoras protegen el repliegue de las tropas, manteniendo a raya al enemigo.

El combate nos ha costado a la Legión seis muertos y cuarenta y un heridos; han sido heridos los Tenientes Virgilio García y Toribio Marcos; pero los legionarios regresan satisfechos; las bajas enemigas han sido muy crecidas.

Al día siguiente, la Legión regresa al campamento de Segangan.

 

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EN MI VISITA al hospital pregunto por el cuentista. Le operaron de su herida del vientre sin resultado. (Ha muerto! En sus últimos momentos había echado su discurso. Le iban a dar el cloroformo y presenciaba la operación un hijo del General Sanjurjo, que estudia Medicina. Toma, Sanjurjo le dice el médico al hijo del General, entregándole la mascarilla del cloroformo.

-¿Sanjurjo? -dice el legionario- ¿Será usted pariente de mi General?

-Sí, hijo.

-¡Cuánto lo celebro!, yo a su papá le quiero mucho, bueno, como todos los legionarios, ¡ése sí que es un hombre... ! ¡más valiente!, es un General estupendo, es el General que acompaña a los soldados. Si nos encuentra en el campamento, nos habla como un camarada, y nosotros le queremos mucho...

Y así sigue un buen rato hablando al chico de su padre. El médico tiene que imponer su autoridad: Vamos, calla; ya hablarás luego.

Le dan el cloroformo y le operan. No había de volver a la vida... ¡Hermoso ejemplo de soldado que dedica sus últimas palabras a cantar las glorias de su General!

 

Continuará

Por la transcripción: Julio MERINO