César Alcalá Giménez da Costa es un prestigioso historiador, político y escritor español, especializado en la historia del carlismo y la guerra civil y otros muchos temas relacionados con la historia de España. Colabora en revistas como Actas, Revista del Vallès, e-noticies.com, La Razón, COPE, Economía Digital, El Catalán y El Correo de España. Ha colaborado en el Diccionario biográfico español de la Real Academia de la Historia. En esta entrevista nos habla brevemente de su nuevo libro Animalismo. Animales y personas que comparten derechos.

¿Por qué un libro sobre animalismo y especismo...?

Vivimos en una sociedad llena de contradicciones. Temas que anteriormente no formaban parte de la cotidianidad, ahora lo son. Y uno de ellos es el que trata el libro. En el libro he intentado poner blanco sobre negro todas las teorías, evoluciones, contradicciones, partes positivas y negativas de lo que es y ha sido el animalismo en la sociedad en los últimos cincuenta años. Evidentemente también se habla de la tradición filosófica que ha llegado hasta nuestros días, desde Aristóteles a Schopenhauer. Asimismo su entrada en la cultura, a través de la música punk y del cine. Todos estos aspectos se han tratado en el libro de una forma objetiva, sin tomar parte ni en positivo ni en negativo, dando a conocer los pros y los contras y las diferentes tendencias que sobre el particular se han desarrollado y evolucionado con los años.

Es un fenómeno desgraciadamente muy común hoy en día.

Evidentemente lo es. Se podría decir que es una moda. Y, como tal, tiende a magnificarse y a mezclarse. Me explicaré. Uno puede ser animalista o especista, ahora bien, también puede convertirse en vegano, pero comiendo a veces carne. Después está el vegano que nunca come carne, pero que no es animalista. Y el animalista, que no es vegano, pero que no considera que el animal tenga los mismos derechos que los hombres y el que cree todo lo contrario. Después la feminista que no se siente animalista o el vegano, que considera el derecho a los animales, pero que mata a una cucaracha en su casa. O los que optan por comer insectos para proteger a los animales. En el momento de hablar de animales hay una gran confusión dentro de este mundo, pues se consideran aquellos que conocemos, los cotidianos y se olvidan de muchos que también son animales.

¿Alude a una cierta raíz orweliana?

No. En el libro no aludo a Orwell. Aunque se debería, por lo que le he explicado antes. Un animalista convencido, protector de los animales y defensor de sus derechos, si se siente capacitado para matar una mosca, pero no para hacerlo con un conejo, pollo, vaca, perro o gato. No comerán nunca un filete, porque es maltrato animal pero, sin embargo, si tiene una plaga de cucarachas u hormigas en su casa, utilizará métodos para eliminarla. Lo mismo podemos decir de las plagas de piojos en los niños. Hay personas muy sensibilizadas con el maltrato animal que no dudan un momento en desparasitar a sus hijos con productos farmacéuticos. En el mundo hay miles de razas de animales que desconocemos, pues algunos son casi microscópicos y que no nos importa exterminarlos. En cambio tenemos pudor en comernos un entrecot o una pechuga de pollo a la plancha.

¿Por qué el animalismo es una forma de misantropía?

Ciertamente por un hecho del que nadie se da cuenta. El ser humano es misántropo en su más profundo yo. Aunque las sociedad nos modula, en nuestro interior somos misántropos. Aunque, a parte de esto, debemos ser conscientes de que, para muchos, es “cuqui” hablar en estos términos. Ha llegado un momento en el que ser vegetariano se ha puesto de moda y uno adopta unas ideas por el hecho de estar al día. En su vida se han planteado si eso es bueno no es malo para su cuerpo o para el planeta. Hay que ser “cuqui” y todo lo demás no importa. Lo mismo pasa al revés. El que reniega de las verduras y sólo piensa en la carne, muchas veces lo hace porque forma parte de su enseñanza y no piensa evolucionar. El tema del libro es mucho más profundo e interesante de lo que parece. Hay grandes contradicciones y aciertos en ambas direcciones. El lector, una vez finalizado, no se quedará indiferente, se lo aseguro.

Habla de los derechos de los animales en la historia, cuando solo pueden tener derechos los seres racionales y libres.

Esa es la gran contradicción. Es cierto lo que dice usted. Sólo los seres racionales y libres pueden tener derechos. Ahora bien, algunos consideran a los animales como seres humanos. Es más, les dan los mismos derechos que a las personas. Ahora bien, este no es un pensamiento actual. Desde Grecia, Roma hasta Locke, Descartes, Cromwell, Kant o Schopenhauer se han planteado este tema. Incluso, en 1835 Inglaterra aprobó una “Ley de Crueldad contra los animales” y en 1998 la UNESCO y la ONU aprobaron la Declaración Universal de los Derechos de los Animales. Con lo cual no es un hecho baladí. Podemos estar más o menos de acuerdo y se puede filosofar al respecto. Sin embargo, existe dicha declaración y en sus 14 artículos no se habla de derecho, sino de sentido común. Quizás esta es la parte importante. Le pondré dos ejemplos. En el artículo 1 leemos: “Todos los animales nacen iguales ante la Vida y tiene los mismos derechos a la existencia”. Y en el artículo 3: “Ningún animal será sometido a malos tratos ni actos de crueldad”. Estamos hablando de sentido común, el mismo que nos aplicamos a nosotros.

Lo relaciona con el punk, la anarquía y el ecologismo.

Sí, porque, como le decía anteriormente, este movimiento formó parte de una cultura en un momento determinado. El movimiento punk fue un gran impulsor de la defensa de los animales en sus canciones. Protestaron contra el abuso que se hacía contra los animales. Es cierto que muchos de estos grupo fueron minoritarios o que sus mensajes no llegaron a toda la sociedad, pero sus canciones están ahí. La anarquía que muchos llevaban como enseña se mezclaba con letras a favor del ecologismo y la defensa de los animales. Es un tema muy interesante y que ha pasado desapercibido al haberse producido en un momento determinado. Ahora bien, otros músicos más populares han defendido el animalismo. ¿Quién no recuerda “yo quisiera ser civilizado como los animales” de Roberto Carlos?

También habla de maltrato animal y bienestar animal.

Está relacionado con lo que le he comentado anteriormente. Forma parte del sentido común que, a veces perdemos o nos olvidamos de que existe. El bienestar animal implica que la necesidades fisiológicas más básicas estén cubiertas y que la productividad sea adecuada. Esto implica que el animal sea criado en unas condiciones de vida que le permitan desarrollarse correctamente, sin tener sensaciones negativas. Estamos hablando de que el bienestar animal es el grado de adaptación de los animales al medio, es la calidad de vida de un animal. La mala praxis de algunos hace que esta lógica no se aplique. Que los animales sean explotados y torturados por la sencilla razón de que el propietario se siente superior a ellos y no considera que deban tener una vida digna. Es así de sencillo. Si lo podemos hacer bien, ¿por qué no lo hacemos?

Se llega a plantear cómo tratar a las cucarachas, incluso a los piojos.

Es un tema interesante, que ya le he comentado. Y es que se convierte en un auténtico calvario. Es un capítulo divertido del libro. Hubo un matrimonio al que expulsaron a sus hijos del colegio por no sacarles los piojos, al considerarlo un hecho natural. Para ellos lo era, para el colegio y el resto de los niños no. Es curioso como el ser humano puede tener tantas contradicciones. Algunas de ellas incluso divertidas. Porque puedes encontrar a un gran defensor, por ejemplo de los toros y católico practicante. Y aquí entramos en contradicción. ¿Por qué? La Iglesia Católica, desde antaño, ha condenado las corridas y fiestas de toros. Desde San Pio V a Jaime Balmes, papas y prelados han sido contrarios. Jaime Balmes, por ejemplo, escribió: “Las fiestas de los toros son indignas de un pueblo civilizado”. Y este es solo un ejemplo de las contradicciones. No le digo nada cuando hablamos de cucarachas, hormigas, piojos…

Por lo tanto ser animalista, ser vegano no es fácil.

Nadie dijo que ser veggie fuera fácil. Michael Pollan dice que ser omnívoro nos pone en contacto con aquello que compartimos con otros animales y con lo que nos diferencia. Una dieta veggie bien planificada puede ser igual de saludable que la mediterránea, pero ser veggie en ningún caso es más saludable. No olvidemos que en una dieta mediterránea hay lácteos, carne y pescados. Si una dieta veggie no está bien planificada, la persona puede tener problemas de salud. Ser veggie se ha convertido en una moda que puede comportar problemas de salud. Quizás, dejando a parte etiquetas, el ser humano se tendría que guiar por aquella plegaria de Juvenal que dice “Orandum est ut sit mens sana in corpore sano”, o, anima san in corpore sano. Esto es más fácil que lo otro.

Por último aborda todo lo relativo al cine, literatura...¿Podemos hablar realmente de cultura animalista?

Hay una cultura animalista. Existe y la tenemos ante nosotros, aunque muchas veces no la vemos porque el tema no nos interesa. La tenemos en las librerías y bibliotecas. Se han escrito infinidad de libros dedicados al animalismo, al vegetarianismo o al veganismo. Autores destacados son Peter Singer, Tom Regan o Michael Pollan. Luego tenemos los típicos libros de cocina vinculados al veganismo, con cientos de recetas. Referente al cine se han rodado infinidad de documentales y películas sobre el derecho de los animales, la naturaleza, el ecologismo o el medioambiente. Aunque muchos no se lo crean existe un icono de película animalista de ciencia ficción. Este icono es la saga dedicada a El Planeta de los Simios. Hay una cultura animalista dentro de la gran cultura, lo que ocurre es que no acertamos a verla porque es un tema que no le interesa a todo el mundo.