Siendo hoy la fecha de 18 de agosto, día en que asesinaron a Federico García Lorca unos radicales de derecha con la complicidad, entre otros,  del diputado de la CEDA  Ruiz Alonso, me vino la necesidad de releer las palabras que el poeta de Fuente Vaqueros pronunció con motivo de la  inauguración de su Biblioteca Municipal.  Y tal vez  muchos no tengan o no conozcan esa pieza oratoria de Federico, magnífica y documentada, mostrando una extraordinaria cultura que quizá no se haya tenido muy en cuenta, limitados solo a sus versos o a sus obras dramáticas, pero a lo largo del Discurso, el gran poeta, nos dejaba suficientes pistas para saber de sus  anhelos, de sus convicciones y de sus sentimientos. Federico, como una preciada referencia humana, precisó con un vocabulario exacto la realidad de un tiempo, de una sociedad y de un pueblo, sin duda, preñado de incertidumbres y de ansiadas esperanzas.

       Pero por encima de vanas disquisiciones, el poeta granadino el poeta español, tuvo siempre un motivo por el que escribir, por el que sentir y vivir: el Pueblo. Así, sin más adjetivaciones que solo servirían para establecer una discriminación y una marginalidad fea y excluyente, Solo  el pueblo como protagonista de la historia, como ejecutor de futuros. Federico, que ya había notariado  en sus poemas y en su Teatro, la verdad de sus afanes, nunca redujo su alma  creadora a signos partidistas o fanáticos idealismos. El autor del Romancero Gitano era el mismo que escribió Poeta en Nueva York, o Llanto o Ignacio Sánchez Mejías, y por eso  también era grande; Federico García Lorca, tutelado por el socialista Fernando de los Ríos, llevaba en la nomina de su Teatro “La Barraca” a falangistas como el pintor y decorador  azul mahón, Ponce de León, o paseaba en coche con el mismísimo  José Antonio Primo de Rivera.

        Como él repetiría en Fuente Vaqueros, el pueblo y los libros, serian las razones para toda revolución, porque ellos traerían la cultura y por ellos la posibilidad de lograr la justicia y la libertad. “Es preciso – dijo allí-, que los pueblos lean para que aprendan no solo el verdadero sentido de la libertad, sino el sentido actual de la comprensión mutua y de la vida.” Todo un ejemplo de coherencia vital. Y por eso, Federico apelaba a que el pueblo conociera a los grandes escritores se llamaran como se llamaran, porque al final solo ellos traían la cultura. Y que cercana es esta reflexión del poeta granadino con aquellas palabras de José Antonio: “A los pueblos solo los mueven los poeta. ¡Ay de quien frente a la poesía que destruye no levanta la poesía que promete”. El mismo anhelo, la misma esperanza. Algo que tras su muerte violenta y cruel, la Falange ya en 1939, época franquista,  a través de declaraciones y escritos, como publicó el falangista y periodista Luis Hurtado en el periódico La Antorcha, de Antequera, firmaba un artículo presentando a Federico como poeta de la Falange: ¡A la Falange le han matado su mejor poeta” decía el autor. Escrito que costó querella y destitución del director del semanario Nemesio Sabugo, pero que no impidió que los falangistas vieran en el poeta andaluz, el alma de sus aspiraciones más comprometidas. Y yo, aprendiz de la poesía, y falangista, aplaudo de corazón el corazón noble del inolvidable poeta García Lorca. Uno de sus admiradores mucho tiempo después, decía que a Federico García Lorca no se le podía encasillar bajo ninguna etiqueta, no, cuando el poeta aseguraba que “Yo me siento a la vez católico, comunista, anarquista, falangista, monárquico, tradicionalista, republicano, pero por encima de todo, me siento español y ciudadano del mundo. Bien, que cada uno saque sus consecuencias, más para nosotros, para mi al menos, Federico García Lorca es una gloria para la Falange.