En la vida hay personas que siempre entienden que en su deber está hacer y luchar por aquello que consideran correcto y les marca su conciencia, eso mismo que, para quienes han recibido una auténtica educación en valores y principios, les impulsa a buscar y a defiender, en todo momento y circunstancias, el equi- librio que inspira y al que aspira la verdadera Justicia, una justicia con mayúscu- las. De ahí que ese tipo de personas, como le ocurre al autor de este libro, mi amigo Pepe Riqueni, sean imprescindibles, pues no se doblegan y se mantienen firmes en su posición, allá en las trincheras donde les ordenó mantenerse el alto mando de su moral, e incluso, muchas veces, me consta que sumidos en sen- timientos de soledad y abandono. Entre otras cosas porque suele ocurrir que el merecido reconocimiento a tan excepcionales seres no les llega por parte de las generaciones contemporáneas a su tiempo, sino que en muchas ocasiones esto sucede más tarde, transcurrido el tiempo suficiente para comprender su sacrificio y contrastar su mensaje, para entonces transformado en profecía. Y es que, no se puede ser profeta en tu propia tierra. Además, estamos ante una tarea de alto riesgo, pues hoy en día, aquellos valientes que se atreven a decir la verdad sufren una cruel persecución por quienes están interesados, empeñados en ocultarla tras la niebla de la mentira.

(Del prólogo del Juez Francisco Serrano)

Recuerda que si pides el LIBRO AQUÍ EN LA EDITORIAL te regalarán otro de la misma temática.