III - Seis meses en Uad-Lau

 

Este es el primer campamento de la Legión y en él se han de preparar para la guerra los legionarios de la primera bandera...

 

Antes de amanecer han salido los Regulares; la Bandera queda guarneciendo el puesto días antes ocupado por un tabor y dos compañías de infantería. El campo está en aparente paz y podrán completar su instrucción nuestros soldados.

En contados días, al descuido en limpieza de los indígenas, sustituye una era de policía; el zoco de cafetines y sus mugrientas tiendas se aleja a retaguardia, y las explanadas y calles del campamento brillan bajo el sol. La limpieza y policía es la característica de los campamentos legionarios.

La posición se encuentra situada a dos kilómetros de la playa, sobre una pequeña altura que avanza en el valle, en cuyo fondo corren las plateadas aguas del Lau; al sur, los montes de Gomara cierran el horizonte con su negro macizo; al oeste, entre las cresterías de la sierra de Beni Hassan, blanquea la cumbre elevada del famoso Kelti, y, cerrando el valle, como guardián de la puerta del desfiladero a Xauen, en una pequeña colina, se distinguen las tiendas de campaña de un campamento español. Hacia la playa, las verdes manchas de las chumberas que rodean los aduares ponen una nota de color en la monotonía de las tierras labradas, pero las cruza un estrecho camino que muere en la costa junto al bosque de olivos del cementerio moro

El campamento es un conjunto de pequeñas y ruinosas edificaciones morunas, antigua residencia de la mehalla del Raisuni, en medio de las cuales se alza coquetona y blanca la casa oficina de la policía; a su inmediación, unos pequeños barracones sirven de alojamiento a los moros, y entre las edificaciones se levantan las tiendas de los legionarios. A retaguardia del campamento se encuentran diseminados el hospitalillo, cuadras, parque de Intendencia y estación radiográfica.

Este es el primer campamento de la Legión y en él se han de preparar para la guerra los legionarios de la primera Bandera.

LA VIDA EN Uad-Lau es de gran actividad; la proximidad del río permite que después del desayuno atiendan los soldados a su limpieza

Momentos después comienza la vida militar en la explanada principal, dirigidos por un capitán, los legionarios, en mangas de camisa, efectúan sus ejercicios gimnásticos, que terminan con juegos de Αsport≅. En la instrucción, los ejercicios de combate son muy frecuentes, y en ellos, las explicaciones teóricas se unen a la práctica del ejercicio.

Después de un descanso bien ganado, da comienzo la diaria instrucción teórica; es breve; en ella se cultiva el credo legionario, y los oficiales se extreman en ir formando la moral de sus soldados. Los capitanes y oficiales veteranos explican la guerra como la practicaron en Marruecos; los jóvenes reemplazan la experiencia de sus superiores con el recuerdo de sus cursos académicos y, poco a poco, en aquella agrupación de hombres, se van forjando y disciplinando los nuevos soldados

l tiro es objeto de atención preferente con él se procura encariñar al legionario y se celebran concursos con premios en metálico a los mejores tiradores. En el concurso de campeonato, un suizo y un español se disputan el primer puesto; el español pierde un tiro y queda el suizo campeón. La tarde es igualmente absorbida por la instrucción o el tiro; y al toque de oración, cuando muere la vida militar, empieza la de los legionarios en las cantinas y cafetines; a esta hora los Capitanes son solicitados para firmar vales para vino; el exceso de borracheras hizo que en estos primeros meses hubiese que limitar este consumo.

La vida militar de los Oficiales no acaba aquí; la administración de las unidades requiere tiempo y como las prácticas militares ocupan el día, durante la noche trabaja el Capitán, ayudado por sus oficiales o reparte los haberes a la tropa.

Algunos días, a estas horas de la noche, se reúnen los Oficiales y se ofrecen esas sencillas explicaciones sobre la guerra de Marruecos y la adaptación a ella de nuestros reglamentos, dictando normas para las prácticas de días sucesivos; pero se acaba pronto; otro día se seguirá, que bien merecido tienen el descanso

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LA NOCHE NO es para todos de reposo en la campaña, la tropa que descansa tiene que atender a su seguridad y la compañía nombrada de servicio reparte sus puestos avanzados, y las patrullas recorren el campamento, donde de tarde en tarde se escucha el (alto! de los centinelas. El servicio de noche se hace a punta de lanza; nadie duerme, y un oficial, constantemente levantado y fuera de su alojamiento, recorre los puestos y cumple su servicio. Esta es la vida virtuosa y activa de los oficiales de la Legión.

CON EL DOMINGO llega el descanso de la semana. Es ya muy tarde cuando la primera corneta rompe el silencio, y en este día sólo por la tarde los juegos y el Αsport≅ animan el campamento; se establecen pequeños premios y hay luchas, boxeo, Αfoot-ball≅ etc. Otros oficiales pasean a caballo o se organizan fantásticas cacerías de perros en las que se va dando cuenta de los muchísimos perros salvajes que invaden el campamento.

EL JUEGO ESTA prohibido en la Legión. Los oficiales dan en ello ejemplo saludable y sólo en algún rincón de las barrancadas, próximas al campamento, un pequeño corro de soldados denuncia la presencia de alguna timba, que pronto es disuelta; estas faltas en la Legión se evitan pero no se castigan. La prohibición del juego hace que los oficiales se extremen en buscar distracción para el soldado, y los Αmatchs≅ de boxeo y los saltos y concursos se generalizan

Entre los boxeadores ocupa un buen lugar el descuidado William Brown, negro norteamericano, que ya es conocido por sus puños en los poblados cercanos; en sus paseos, los primeros días, los indígenas le creían moro, pero él, haciendo uso de su práctica en el boxeo, les hacía ver su origen norteamericano; su abandono en el vestir es característico y nadie conoce a William más que sucio y derrotado.

EL CAMPAMENTO va tomando su aspecto legionario; el ingenioso austríaco Werner ha construido para el edificio más alto una curiosa veleta que representa a un oficial saludando. El viento la mueve, y cada vez que ésta recorre cinco metros, levanta y baja el sable el fantástico muñeco. Los naturales se paran al paso y miran curiosos la veleta, y los soldados, burlones, les imitan: )tu visor muñico estar diablo?

Gamoneda, el notable clown ΑKuku≅ de los circos españoles, entretiene a los otros con sus chistes y ocurrencias. Un legionario, en los descansos, ofrece cinco duros al que le venza en lucha; otro, desafía en ejercicios de fuerza a distintos compañeros, y los días transcurren lentos y tranquilos.

UN PEQUEÑO barco hace la travesía a Ceuta y es el portador del convoy y del correo; sus visitas se ven limitadas por los constantes temporales y la falta de embarcadero; su llegada lleva de paseo hacia la playa a muchos soldados; una veintena de hombres se desnuda para efectuar las faenas de la descarga; el oleaje les moja hasta la mitad del pecho; pero, incansables, siguen su tarea durante varias horas.

La llegada del cartero con los encargos ha llevado también hacia la playa a muchos oficiales; allí les reparten la esperada correspondencia y sentados sobre la arena, leyendo sus cartas, sienten pasar esos momentos de melancolía que engendra el recuerdo.

OTRO DÍA, la presencia de un cañonero embarga la atención del campamento. Las rayas blancas de la chimenea nos dicen que es nuestro barco, así llamamos al cañonero Bonifaz que, mandado por el culto y experto capitán de fragata don Juan Cervera, vigila esta costa. El día es espléndido. )Se decidirán a visitarnos?...

Al saludo e invitación hecha por nuestra estación radiográfica, responde el barco con otro saludo; el comandante y varios oficiales bajarán a visitarnos.

Cuando llegamos a la playa, se acerca a la orilla la canoa del Comandante; desembarcan a hombros de los marineros y juntos emprendemos a caballo el camino del campamento. En la explanada principal esperan formados los legionarios, que son revistados por nuestros visitantes; después de la revista, la Bandera efectúa algunas evoluciones; las ametralladoras, con rapidez y precisión, ejecutan un breve ejercicio de tiro y, rotas las filas, vuelve el campamento a su vida ordinaria.

Recorremos la posición y, después de enseñarles lo poco que el campamento tiene, nos hacen el honor de acompañarnos a la mesa. Los momentos transcurren para nosotros tan agradables que con sentimiento vemos llegar la hora de su marcha. (Alegran tanto las visitas en estos campamentos apartados!

A pie emprendemos el regreso de la playa; visitamos el bosque sagrado del cementerio moro y nos despedimos de los marinos que con su visita han roto la monotonía de nuestro campamento.

LA VIDA EN Uad-Lau tiene pocas distracciones, y sólo en los paseos hacia la playa, la presencia, alrededor de los pozos, de las moras de los poblados, pone una nota alegre en la calma de la tarde. Los legionarios toman estos lugares como paseo favorito, y al caer el día son muchos los que se encaminan hacia la costa donde la vista se recrea con la presencia de moritas jóvenes que, ante la aparición de algún moro, aparentan huir como pajarillos asustados por la presencia del cristiano; algunos decididos las cortejan y los añosos olivos del bosque sagrado han sido muchas veces mudos testigos de la galantería legionaria

LAS RIÑAS no existen y los que pretenden reñir son separados por sus compañeros y llevados a presencia del oficial, que, entregándoles los guantes de boxeo, les permite que diriman sus querellas entre las bromas de los camaradas, desahogados los nervios y reconociendo su falta, acaban dándose la mano y, amigos, se separan.

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LAS NOCHES SON tranquilas. Una de ellas, el sonido de un disparo se siente en dirección al servicio. Nos dirigimos a visitar los puestos y nos detiene un Αhalt qen vife≅, con marcado acento alemán; es el viejo cabo Gustavo Hort (antiguo suboficial bávaro) el que nos recibe. Nos indica que fue del puesto inmediato de donde partió el disparo y al separarnos del veterano, sentimos, como los soldados de su escuadra, gran simpatía por el fiel cabo Gustavo, que un día de caffard desapareció del campamento. Nadie creyó en su deserción, (era tan buen soldado!

Llegamos al puesto del disparo. El cabo explica cómo el centinela, medroso, disparó su arma, creyendo ver algo, y para que el caso no se repita se le ordena dejar el fusil y que, armado de machete, lleve a la orilla del río un pequeño cajón, que recogerá la descubierta al día siguiente.

En la oscuridad de la noche vemos perderse la sombra del centinela; más tarde, el ruido de un disparo en dirección al río pone al puesto en marcha hacia allí, A los pocos pasos aparece el soldado que, libre del peso, regresa a seguir su servicio. Al día siguiente, el cajón estaba en la orilla del río.

El día de Nochebuena se celebró con espléndida cena por los legionarios; el vino corre y, entre cantos y alegrías, pasan hermanados la fiesta de Pascua. Los alemanes han pedido autorización para reunirse, y un árbol de Noel, con sus múltiples luces, señala el sitio de su fiesta. Los oficiales les colgamos de las ramas botellas de cerveza alemana y ellos, afectuosos, nos brindan con canciones de su país, y al entonar su canción de guerra, las frentes se entristecen y vemos llorar los ojos de un viejo veterano.

La fiesta dura hasta el amanecer en que el campamento quedó en calma; ha corrido el vino y ni un solo incidente se registra. Los legionarios, para beber, no necesitan receta.

LA NOTICIA DE que en Gomara se concentra fuerte harca para atacar nuestras posiciones, hace aumentar las defensas del campamento; se colocan alambradas en los puestos avanzados y las prevenciones para el caso de ataque se multiplican. Nadie ha de disparar sus armas en el interior del campamento, las unidades marcharán en silencio por el camino más corto a su puesto en combate, las ametralladoras quedan apuntadas durante la noche, los vados del río son vigilados con pequeños puestos de policía; pero los entusiasmos bélicos de nuestros soldados se ven esta vez defraudados; no somos atacados, que de haberlo sido, empeñada y gloriosa había de ser la empresa de defender este extenso y abierto campamento (a 45 kilómetros de la Plaza) del ataque de la harca numerosa que anunciaban. Hay que esperar otra ocasión; ya nos llegará el día.

UN SUCESO desgraciado llena de dolor nuestro campamento. Unos soldados legionarios conducen a un moro ligeramente herido en la cabeza. En su oficina, tendido en tierra, yace gravemente herido el bravo teniente de policía. Un soldado indígena había disparado su arma sobre el oficial, causándole heridas gravísimas y dándose a la fuga. Dos legionarios que trabajaban en una obra inmediata, sin más arma que el palustre, le persiguen en su huida y, no obstante hacerles el indígena varios disparos, le alcanzan y derriban después de golpearle en la cabeza.

Al día siguiente es castigada la cobarde traición y legionarios y policías desfilan marciales ante él cadáver del moro asesino. Una noche de dolor pasó por el campamento con la pérdida del teniente Malagón, excelso militar bondadoso y justo. Unos días más tarde, otro legionario, Marcelino Maquivar, salva de la muerte en el río, con exposición de su vida, a dos moras enemigas que arrastraba la corriente.

UNA PEQUEÑA agresión alarma en la noche el campamento. A los primeros disparos nos arrojamos de la cama y sale hacia los puestos la sección de retén; se repiten los disparos, y una nueva sección va a rodear la barrancada. Al dirigirnos a los puestos avanzados oímos una voz que pide una camilla; en la agresión ha habido algún herido. Subiendo al puesto, encontramos a un joven legionario que yace tendido en tierra; está herido en una pierna y otra bala enemiga le ha destrozado la mano. Estaba arrestado y marchaba acompañando a la patrulla que llevaba el café a los puestos de servicio, cuando se vieron sorprendidos por las descargas enemigas. Se arrojaron al suelo rechazando la agresión y en la oscuridad de la noche dispararon sus fusiles sobre los fogonazos enemigos, al parecer sin resultado.

Las secciones regresaron al amanecer sin haber encontrado a nadie. El herido fue trasladado al hospitalillo donde, después de una dolorosa cura, preguntaba preocupado si su comandante le perdonaría por encontrarse arrestado.

A su lado permanece el viejo cabo practicante Monsieur Colbert: ΑCugagás -le dice- le comandant a donné son pardón≅, y con amorosa solicitud le cuida como a un hijo. Este es el viejo Colbert, uno de los más extravagantes tipos legionarios. Cuenta fantásticas historias de su esplendor pasado y se llama a sí mismo el Doctor Colbert, cuyo nombre explota para sus conquistas amorosas.

EN LOS PRIMEROS días de abril empieza el bloqueo de Gomara. Se dice que se operará pronto pero, incrédulos, a todos nos parece que tarda la hora de salir de Uad-Lau; estamos cansados de la paz en que vivimos y la Bandera está perfectamente instruida y en espera de que la empleen. Los legionarios sueñan con ir a Xauen remontando el valle del Lau para unir la costa con la misteriosa ciudad.

Al campamento llega la noticia de que el coronel Castro Girona vendrá pronto a Uad-Lau y, en espera del avance que tarda, se nos hacen interminables los primeros días del mes de abril.

Por fin, el 16 se confirma la noticia de la próxima expedición; al día siguiente ha de llegar una numerosa columna para efectuar la proyectada operación sobre Gomara; en ella van a tener un puesto los legionarios.

Las compañías empiezan sus preparativos para la próxima salida. Los seis meses de estancia en Uad-Lau han acumulado una serie de elementos y material regimental, inútil en el momento de la salida. Los carpinteros construyen embalajes, y cajones para almacenar el material y los capitanes revistan las unidades y elementos que han de tomar parte en la salida.

El día 17, por la mañana, desembarca en Uad Lau el coronel Castro Girona. Viene acompañado de su Jefe de Estado Mayor y varios moros. Los jefes de todos los poblados esperan en la playa y, a la llegada del coronel, unos le besan la mano y otros la estrechan con muestras de respetuoso cariño; entre ellos se encuentran varios jefes de los vecinos poblados de Gomara; el coronel monta a caballo y, tras él, sube toda la comitiva.

El campamento va revistiendo gran animación. Al mediodía se espera la llegada del Teniente Coronel de la Legión, que viene mandando la columna. Entra en la explanada un tabor de Regulares seguido de su inexplicable impedimenta. Todos tienen señalado su puesto para acampar y en una hora las blancas explanadas aparecen ocupadas por las tiendas y el material.

El movimiento dura hasta media tarde, en que, instaladas ya las tropas, nos reunimos los oficiales a cambiar impresiones. Allí se encuentra la oficialidad de los tabores de Regulares de Tetuán y Ceuta, Mehalla Xerifiana, Cazadores, Artilleros y Legión, todos los que van a constituir la nueva columna.

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En medio del campamento de la policía, en una bonita tienda de campaña de construcción moruna rematada por una reluciente bola, se encuentra el coronel Castro Girona, rodeado de los notables de Gomara; los moros escuchan sus palabras como el credo de los xerifes; el té corre y, en aquella pacífica reunión, se ocupa la costa de Gomara.

Esta noche el coronel nos recibe y nos entera del objetivo de la operación. La punta de Targa, que tanto tiempo hemos contemplado desde nuestro tranquilo campamento, va a ser ocupada y en el vecino poblado de Kasares se colocará otro pequeño campamento, )Habrá resistencia? Se confía que no. El ascendiente del coronel Castro es muy grande entre los jefes de Gomara.

Esta última noche duermen poco los legionarios, la alegría reina y la invasión de los cantineros con sus explosivas bombonas nos ocasiona abundantes borracheras. Hay que atajar el mal: anochecido, se cierran las cantinas y se decomisa el aguardiente; pero el campamento no descansa; mientras unos cantan, otros sueñan en la nueva empresa con fantásticas hazañas.

 

 

IV - Operaciones en Gomara

 

Descendemos por el pedregoso camino que recorren las huertas y llegamos a la arena...

 

Antes de amanecer ya está formada la columna. Sin toque previo se han levantado las unidades y al rayar el alba las fuerzas se ponen en movimiento. La columna es toda de tropas escogidas; ocupamos nuestro puesto en el grueso y emprendemos lentamente el camino hacia el vado del Lau.

Al paso del río el aspecto de la columna es pintoresco; un escuadrón de caballería indígena abreva los caballos agua arriba del paso; los soldados se meten decididos en el agua, que les llega por encima de la rodilla, y unos acemileros luchan con un mulo que, retozón, ha arrojado su carga en la corriente

Pasado el vado se acorta la marcha, las unidades se reúnen y, siguiendo la costa, llegamos a la rinconada de Kasares; descansamos junto a unos arbolados mientras los Regulares e Ingenieros suben la cuesta del poblado y empiezan los trabajos de la nueva posición.

La marcha sigue en dirección a Targa; el estrecho camino va remontando el espolón del monte; a 1a izquierda, un profundo cortado cae al mar. Los barcos de la escuadra, muy próximos a la costa, siguen a la columna y las nuevas gasolineras recorren la orilla cual rápidas flechas. Delante, hacia la vanguardia, alcanzando el collado, se divisa la pintoresca caravana de los jinetes moros.

Por fin, después de un pequeño alto, damos vista al valle de Targa en cuya concha de mar azul echan el ancla los cañoneros de nuestra marina. Las casitas blancas, entre los huertos verdes que rodean la mezquita, permanecen en paz; algunas ostentan banderitas blancas y, en medio, coronado de la extensa playa, un enorme peñón de antiguo castillo, se alza dominante, mientras a su pie, como pequeñas hormigas, se ven llegar los jinetes de nuestra vanguardia.

Descendemos por el pedregoso camino que recorren las huertas y llegamos a la arena. A la sombra del peñón conversa el coronel con los notables. Unas gasolineras se acercan a la orilla. Empieza el desembarco de material, y la playa, antes desierta, toma extraordinaria animación con la llegada de las tropas.

Por la tarde, al desembarcar el Alto Comisario, son los legionarios los encargados de rendirle honores y, después de revistarnos, obtenemos, con su felicitación, la promesa de darnos la alternativa en las operaciones sobre Beni-Aros

Este primer avance se hizo en plena paz. Los indígenas nos vienen a vender huevos y gallinas y nos transportan cargas de agua. Durante la noche ni un solo tiro turba nuestro descanso.

EL OBJETIVO DE la segunda jornada es la ocupación de Tiguisas, pero el camino de la costa está tan malo, que se decide la marcha por el interior, y al amanecer del día 19 nos internamos por el estrecho valle, entre los huertos de floridos naranjos

Dejamos atrás el valle de Targa y remontando los altos montes que forman la divisoria, conseguimos dar vista al precioso valle de Tiguisas. La playa blanquea a lo lejos y en el fondo del valle, entre los plateados lazos que forma el río, se elevan los crecidos álamos que dan nombre a la ensenada. El verde valle se halla salpicado de casitas blancas que se pierden medio ocultas entre el arbolado.

La columna desciende hasta la orilla del río, donde toma el ancho camino de la vega y, después de atravesar los bosques sagrados dé espesos olivos, llegamos a la playa. Próximo a la desembocadura del río Tiguisas, se instala el campamento; las tiendas se pierden entre el color de la arena y sólo los banderines de las compañías y los grandes coros de ganado se destacan sobre la extensa playa.

Los barcos se acercan a la costa y empieza el desembarco del material y víveres; por la tarde, el levante intenta presentarse y, ante el peligro de no poder hacer la descarga, se efectúa ésta durante la noche, correspondiendo a los legionarios la penosa tarea.

La tienda del coronel Castro ofrece extraordinaria animación. Unos 40 moros esperan sentados en los alrededores de la puerta el momento de saludarle. Allí vemos al fiel Y simpático Kaid Ali, que siente por Castro verdadera adoración. Kaides viejos de barbas grises, montañeses curtidos, de aspecto guerrero, todos hacen su sumisión en este día; sólo uno no se ha presentado: el que habita aquella hermosa casa hacia el fondo del valle; pertenece a la familia de los prestigiosos Xerifes de Uazan y el coronel sufre con esto una pequeña contrariedad; pero a la mañana siguiente tiene la compensación: llega el notable Jefe, sus criados son portadores de un centenar de gallinas y numerosos huevos, que traen como presente al caudillo español

EL KAID ALI DESEA invitar a comer en su casa a la oficialidad de la columna; el coronel acepta la invitación y un grupo de jefes y oficiales, con los comandantes de los cañoneros de la Marina, componen la caravana; cruzan el río y escoltados por montañeses armados siguen el camino alto a la casa del Kaid. En la ladera del monte, entre los árboles, se encuentra la casa; desde ella se divisa un precioso panorama; el campamento apenas se distingue; en el mar, los barcos de nuestra escuadra aparecen como pequeñas barquichuelas y a nuestros pies los preciosos huertos de naranjos nos envían su delicado perfume

El Kaid Ali y sus familiares se extreman en las atenciones y nos sirven espléndida y bien condimentada comida, y son tan agradables el lugar y la paz de este campo, que las horas pasan y a nadie le apura la vuelta al campamento, (se está tan bien en la casa del Jefe moro!

Antes de caer la tarde emprende nuestra caravana el regreso por el camino de la vega, entre los floridos huertos de azahares

En estos días de estancia en Tiguisas los legionarios no permanecen ociosos y mientras unos rivalizan con los ingenieros en la construcción de barracones, otros arreglan el camino de la costa que hemos de recorrer a nuestra vuelta.

VOLANDO PASARON estos cuatro días de estancia en Tiguisas y el día 24 se recibe la orden de salida para Uad-Lau

En esta noche, mientras el campamento duerme, una gasolinera, con las luces apagadas, parte de la playa; en ella embarcan contadas personas; una es el coronel Castro, que marcha al campo enemigo a conversar con los prestigiosos Kaides de la zona rebelde. Muy pocos conocen la excursión; sólo nuestro teniente coronel espera en la tienda, intranquilo, su llegada. Antes de amanecer regresa la gasolinera; el coronel Castro vuelve satisfecho de su visita. El regreso a Uad-Lau se efectúa en una jornada y, después de un alto central en la playa de Targa, que aprovechamos para comer, entra la columna, ya caída la tarde, en nuestro antiguo campamento. Todos regresan satisfechos del importante avance.

Continuará

Por la transcripción: Julio MERINO