Segunda parte de la entrevista con José Antonio Crespo-Francés y Valero. En esta parte hablamos de sus libros, Españoles olvidados de Norteamérica y Los esclavos blancos: El Islam y la conquista de Europa, y de las leyes de memoria histórica. Puedes leer la primera parte de la entrevista aquí

Recordar nuestra historia es también el objetivo de su libro Españoles olvidados de Norteamérica. Quería preguntarle por la memoria de Pedro Menéndez de Avilés.

La verdad es que el adelantado y capitán general de la Florida don Pedro Menéndez de Avilés aún es un personaje olvidado y por lo tanto desconocido para muchos en España y que bien merecería ver escrito su nombre en la proa de un navío de la Armada española. Fui a Avilés a impartir una conferencia hace unos meses sobre mi libro Españoles Olvidados de Norteamérica y visité la iglesia de San Nicolás, en el antiguo barrio de Sabugo donde se encuentra su sepulcro. Sentí una gran pena pues el hermoso templo románico, el más antiguo de Avilés, no tenías luz en su interior y tuve que utilizar una linterna para encontrar su sepulcro. Es un lugar que debería estar permanentemente iluminado y señalado en los itinerarios turísticos de la villa avilesina para que la gente pudiera visitarlo y conocerlo. Lo cierto es que da muchísima pena.      

Sin embargo, cada vez se habla más de los españoles en Norteamérica. No por la acción de nuestros gobiernos, sino por un interés renovado de las autoridades estadounidenses por el pasado español.

Sí, yo he conocido a historiadores anglosajones e hispanos que demuestran ese interés con sus trabajos e investigaciones. Ahora estoy colaborando en un trabajo sobre la Florida española con el consulado en Miami y tengo el honor de haber sido el único español invitado a participar en una publicación como homenaje al profesor ya difunto Michael Gannon (†) un estudioso de la Florida hispánica y experto en la figura de Pedro Menéndez de Avilés. La verdad es que ahora se está generando un importante esfuerzo para recuperar su memoria y mantener su legado, incluso para recuperar la que fue Santa Elena la segunda ciudad fundada por los españoles en Florida después de San Agustín, fundada en 1565.Hoy muchos desconocen que al año, en 1566, siguiente Pedro Menéndez de Avilés fundó Santa Elena en lo que hoy es Carolina del Sur. Una población que quedó olvidada porque veinte años más tarde, en 1586, tuvo que ser abandonada por la presión de los piratas sobre San Agustín y los ataques de los nativos. Y es en ese momento cuando  Pedro Menéndez de Avilés abandona la idea de buscar un paso por el norte hacia en Pacífico. Cuando Andrés de Urdaneta llega en 1565 de su viaje de retorno desde Filipinas a Nueva España, se entrevista en Cuba con Pedro Menéndez de Avilés y hablan de ese posible paso que podría haber a la China por el norte de América. Aquí es donde, una vez fundada la primera ciudad, Pedro Menéndez de Avilés prepara el plan de avanzar con el sistema español de la Reconquista, el llamado avance de frontera. Por eso, al año siguiente se funda Santa Elena, donde él vivió, para poder seguir avanzando hacia el norte. Algo que al final fue imposible para España y para cualquier otro país en el siglo XVI-XVII por el proceso que se conoce en meteorología como la Pequeña Edad de Hielo que bloquearía los pasos por el norte de Canadá. Hubo muchas expediciones que desaparecieron por esa entrada en la península del Labrador, y hasta el siglo XIX, cuando Amundsen pudo finalmente cruzar por ese paso. Pero la idea de buscar un paso por el norte hacia Asia ya la tenía Hernán Cortés y así lo podemos leer en las Cartas de Relación.

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¿Santa Elena desapareció o hay alguna ciudad en la actualidad?

Santa Elena desapareció, solo estuvo habitada desde 1566 hasta 1586, y luego fue arrasada. El siglo pasado, entre 1970 y 1980, la ciudad fue descubierta por arqueólogos norteamericanos y creyeron que se trataba de un asentamiento francés. Pero sus investigaciones revelaron que era una ciudad española y que se trataba de Santa Elena. Y hoy hay un centro de interpretación en la ciudad de Beaufort que lo lleva un historiador norteamericano, Andy Beall, un enamorado de España y de la figura de Pedro Menéndez de Avilés, cabeza visible de la Santa Elena Foundation. Curiosamente, el lugar arqueológico de Santa Elena se encuentra ubicado en una isla que es propiedad del Cuerpo de Marines de los EEUU, Parris Island. 

Además de los ya mencionados o de personajes ahora más conocidos como Bernardo de Gálvez, ¿destacaría a algún otro personaje de este período?

No destacaría a unos sobre otros. Tenemos pequeñas expediciones que fueron importantísimas y de una gran dificultad como por ejemplo la protagonizada por los padres franciscanos Domínguez y Escalante que se llevó a cabo en 1776 partiendo desde Santa Fé en Nuevo México acompañados de un cartógrafo, Bernardo de Miera Pacheco, y ayudados por unos guías ute en busca de un camino hacia California. Su viaje sería motivo de una película épica, atravesaron territorio apache y comanche, se dirigieron al norte y cruzaron el río Colorado por el conocido como “Spanish Pass” y en su regreso dieron toda la vuelta a lo que se conoce como las cuatro esquinas, los cuatro estados de Nuevo México, Arizona, Colorado y Utah, y bordearon toda la zona del cañón para regresar por Arizona hasta Santa Fe. Ese itinerario sería el que luego llevaría a otros exploradores a encontrar ese camino, el “Spanish Trail” hasta California. Otras historias apasionantes son las exploraciones españolas en la costa noroeste del Pacífico y la llegada hasta Alaska, hay cientos de topónimos españoles que he ido recogiendo y publicando en artículos y que espero sacar en un libro. Tenemos un arco impresionante de historias para poder dedicarles a cada una un libro, para ponerlas sobre el papel y que sean conocidas, sobre todo por nuestros jóvenes para que se sientan orgullosos de ellas. 

Otro libro suyo que me ha llamado mucho la atención es Los esclavos blancos: El Islam y la conquista de Europa. En el imaginario popular la imagen de la esclavitud es la de los esclavos negros llevados a América, pero se desconocen las razias llevadas a cabo por los piratas del Norte de África en el Mediterráneo.       

Con este libro no se trata de hacer un trabajo de “y tú más”. Creo que cualquier persona en este siglo rechaza la esclavitud. Aunque tenemos que incidir en que la esclavitud existe en la actualidad y se sigue practicando, es una realidad y hay que acabar con ella. Durante la Edad Media hubo una esclavitud que se ejerció sobre la Europa del Mediterráneo, sobre el sur de España, sobre el sur de Italia y sobre Grecia. Toda esa zona fue masacrada por la piratería berberisca y hubo poblaciones españolas e italianas que se quedaron completamente vacías porque existía el riesgo de esos ataques. Los piratas mataban a casi todos los hombres y se quedaban unos pocos como esclavos, pero fundamentalmente se llevaban a las mujeres y a los niños. Los niños para convertirlos en jenízaros y las mujeres para venderlas en el mercado de esclavos.          

Un caso terrible fue el de Menorca.

Sí, de hecho, un amigo de Menorca me envió una fotografía de una cala conocida como la “cala del degollador”. Toda la gente que vivía allí en el siglo XVI fue asesinada y se llevaron a todas las mujeres, únicamente se salvó una familia que se escondió en un pozo y pudo relatar lo que había ocurrido. También atacaron Menorca una isla muy castigada por la piratería islámica. En 1558, el 9 de julio caía Ciudadela a sangre y fuego, no quedó ni un edificio en pie,15.000 piratas turcos asolaron la ciudad  llevándose 3.500 personas como esclavos. Hoy existe un monumento allí a todas esas personas que fueron secuestradas y llevadas a Constantinopla. Algunos lograron escapar, otros se quedaron o se convirtieron, pero ahí queda el nombre, la cala del Degollador. Estas razias ocurrieron en todo el sur de España. Recuerdo un artículo que escribí sobre un español, Diego de Guevara, Yuder Pachá, que fue un niño secuestrado en Almería, en Cuevas del Almanzora, que se convirtió en soldado del rey de Marruecos y que conquistó Tombuctú con cristianos renegados. A sus hombres los llamaban los “arma” y aún existe un clan familiar que emplea ese nombre. Su origen viene del momento en que atacaba el enemigo que se daba la voz de “al arma”, es decir ‘a las armas’, y por eso el imperio negro de Shongay los llamó los “arma”. De hecho, en la zona de Tombuctú existen muchos apellidos de origen español por aquellos hombres.

El tema de la esclavitud llegó hasta el siglo XIX, y serían los norteamericanos, después de haber sufrido ataques en el Mediterráneo, los que enviarían a sus marines al norte de África y le pondrían fin. Y no hablemos de la que se ejerció en el Cáucaso y en los territorios eslavos, ahí fue todavía más brutal. Y bueno, la expansión del Islam hacia la India es un punto y aparte. Se puede hablar de una historia de la India antes y después de la llegada del Islam. Se cuentan historias de reyezuelos que tenían para su servicio personal hasta a 50.000 esclavos. Por eso, uno llega a comprender el encono que hay entre el hinduismo y el budismo con el Islam, porque realmente fue una masacre lo que se vivió en la India cuando llegaron los musulmanes. Esa es la historia, una historia de opresión y de guerra bajo el subterfugio de una religión y que lo que pretende es llegar a un dominio mundial.     

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Como historiador ¿cuál es su opinión sobre unos términos tan actuales como son los de memoria histórica y memoria democrática?

Creo que un sustantivo, el de ‘memoria’, tan claro por su definición como «facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. Recuerdo que se hace o aviso que se da de algo pasado. Exposición de hechos, datos o motivos referentes a determinado asunto» no tiene necesidad alguna de ser adjetivado. Al hacerlo se está cayendo en el error de darle una carga ideológica y tal como demuestran los ejemplos es como decir que no es ni histórica ni democrática. Recordemos esos estados autodenominados como “repúblicas democráticas” que no son o no han sido ni lo uno ni lo otro, sino dictaduras de la peor catadura. La Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, conocida popularmente como Ley de Memoria Histórica y que obvia la directa culpabilidad y responsabilidad de quienes provocaron la guerra civil de 1936-1939, es un artificio que trata de crear una nueva versión y blanquear la responsabilidad de quienes buscaron y crearon el caldo de cultivo de esa guerra. Incluso se blanquean los crímenes del comunismo para no equipararlos al nazismo, ideologías ambas condenadas por la Unión Europea.

Esa ley creada por alguien tan ignorante que osó decir que “España es un concepto discutible y discutido” lo dice todo. Ahora la Ley de Memoria Democrática no trata más que de caldear el ambiente, acabar con la Transición y el perdón mutuo y crear nuevamente un clima de posguerra, aventado por personas que ni vivieron esa guerra, que dicen “haberla perdido”, pero que por encima de todo y lamentablemente fueron educados en un clima de odio, rencor y revanchismo, algo que por suerte no hemos vivido personas, hijos y nietos de hombres enfrentados en el frente pero que cerraron sus heridas mediante el Valor más importante que existe, por encima de cualquier otro, que es precisamente el Amor, algo totalmente opuesto al rencor y al revanchismo. La Historia debe de investigar, estudiar el relato, ver los hechos fríamente, pero jamás debe ser un arma ideológica que fuerce al pensamiento único que es lo que se está haciendo negándolo todo y tildando al que se oponga con el sambenito de ‘franquista’ o ‘fascista’, disputando y acaparando la propiedad del concepto ‘democracia’, como si todos los antifranquistas hubieran sido demócratas, una auténtica falacia, pues Franco a quien derrotó fue el frente popular en manos del comunismo. Es una deuda que tiene Europa con España tal como expresó Churchill por haber sido España el único lugar donde se derrotó políticamente y en el campo de batalla al comunismo, y se libró a nuestra nación de convertirse en una república socialista soviética, pretensión íntima de Largo Caballero, “el Lenin español”, a quien se llegó a erigir una estatua en Madrid habiendo sido el responsable junto con la UGT de promover el golpe de estado de 1934 contra la propia república. Y todo esto se hace mientras varios cientos de crímenes del terrorismo etarra siguen sin esclarecerse, algunos tan cercanos como los ocurridos en 2009. Nos encontramos ante una maniobra que pretende reescribir la Historia, anulando todo lo que de incómodo tiene para la versión del pasado que defiende la izquierda y cuestionando el valor de la Transición. La Historia no debe ser un arma política ni ser interpretada bajo parámetros políticos buscando un adoctrinamiento ideológico y atacando al que piensa diferente y proscribiéndole como maldito. La izquierda española, lamentablemente tiene mucho que callar de sus orígenes y turbios métodos, y bien haría en abrazar la Transición como hicieron todos tras la funesta Guerra Civil de 1936 en vez de reabrir y salar las heridas que ya habían sanado y cerrado.