Un día me dijeron que dejaría de ser una rebelde con causa,

porque abandonaría esa causa,

algo que jamás se postergará,

evolucionará con el tiempo,

con mi cuerpo,

mi alma,

y mi mente,

pero seguiré teniendo una causa que sustente mi obstinación,

la desidia es lo que mata la rebeldía,

la somnolencia de los años,

el tiempo que se vuelve más efímero,

dejas de ver la vida como una carrera de fondo,

se comienza a convertir en una carrera de cien metros lisos,

la meta comienza a estar cada vez más y más cerca,

y decides conformarte con lo que posees,

te aburre,

te cansa,

la lucha se hace más difícil,

pero es cuestión de perspectiva,

de enfoque,

de esencia también,

esa esencia que te conforma como persona,

como humano,

como ser,

que los recuerdos desvirtúan,

son solo una interpretación,

un rebelde sin causa,

no es rebelde,

es otra cosa que ni se parece,

la juventud no es el argumento,

la posición tampoco,

es el objetivo,

la causa,

una lucha de lo que anhelamos,

de inconformismo eterno,

de perseverancia,

resiliencia,

combatir por la meta,

con esfuerzo,

cuestión de porfía,

de ganas,

y la superas,

y continuas corriendo,

avanzando,

hasta que tu cuerpo,

alma,

y mente,

te exigen que pares,

por ese fondo de la carrera.