Patricio Shaw (Buenos Aires, 1961) es un filólogo, traductor y pensador católico argentino radicado en España; es estudioso de las lenguas extranjeras y domina hasta 13 idiomas (inglés, francés, italiano, portugués, latín, alemán, sueco, danés, polaco, checo, eslovaco, búlgaro y maltés), teniendo rudimentos sobre otros 7 (árabe, ruso, griego clásico, griego moderno, hebreo, chino y tagalo). Autor de varias obras teológicas relevantes para comprender la deriva revolucionaria del Concilio Vaticano II, acaba de publicar Sedevacancia: La espiral descendente del postcatolicismo en la editorial Letras Inquietas.

Portada-Sedevacancia

Don Patricio, Sedevacancia es un libro que va a romper los esquemas acomodaticios de muchos católicos, no sólo postconciliares, sino también tradicionalistas. ¿Qué les diría a estos potenciales lectores, ni que sea para que afronten la lectura del libro sin prejuicios?

En primer lugar, no me parecería apropiado dar un consejo a alguien a quien yo haya tachado de «acomodaticio», y por lo tanto, más o menos fraudulento y cobarde, que no es poco. A todo lector, sin yo prejuzgar de sus disposiciones internas, yo le recomiendo instruirse acerca de la importancia del Papado no solo para la Iglesia sino para la Civilización e inclusive, como decía el cardenal Newman, para la puesta en valor y la no aniquilación y desesperación del intelecto humano. Vista esa importancia, y la total desproporción e incompatibilidad de Bergoglio con ella, se impone el paso de separarse de la eclesialidad postcatólica y de su vida; pero no para saltar al vacío, sino para integrarse de manera perfecta, por la Fe y la oración —práctica más valiosa de lo que suponemos— y especialmente el Rosario, y si la geografía y las finanzas lo permiten, por la asociación con sacerdotes sedevacantistas, a la Santa Iglesia Católica.

¿Por qué en la práctica tan poca gente toma en serio el sedevacantismo?

No creo poder decirse que grandes multitudes desprecien el sedevacantismo como «poco serio». Primero debe oírselos decir eso, lo cual no se ha dado. Lo que tienen las grandes multitudes es desinformación teológica, apego a prelados mal tenidos por sucesores de prelados venerables de antaño, e indiferentismo religioso. 

 

Cristo dice que las Puertas del Infierno nunca prevalecerán sobre su Iglesia. ¿Cómo se puede armonizar esta Verdad revelada con la desastrosa situación actual?

Se armoniza perfectamente. Si Bergoglio fuera papa, no solamente habrían prevalecido contra él y contra la Iglesia Católica las puertas del infierno, sino que hasta se daría el absurdo de que la cumbre de la Iglesia Católica fuera la principal puerta del infierno que hay en el mundo.

La Tradición siempre ha enseñado que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Pero, si la Santa Sede está vacante, ¿a quién deberíamos obedecer los católicos?

Lo claro es que Bergoglio propone e impone una religión o irreligión nefastísima, apestada de masonería, marxismo y populismo, que ya ha venido asqueando aún a numerosos acatólicos, y que es rechazada por el mismo instinto de la Fe que nos viene a los católicos de la misma Santa Iglesia. Si la Iglesia nos separa de Bergoglio, mal puede ser Bergoglio quien nos ponga en la Iglesia. Estamos en la anarquía y acefalía. Debemos obedecer a todo lo que la Iglesia ha mandado hasta el último suspiro de Pío XII. Mons. Guérard des Lauriers, a quien años atrás la prestigiosa revista tomista alemana «Angelicum» clasificó entre los cincuenta mayores tomistas de la Historia, con su habitual precisión metafísica, decía que al hombre que solo en potencia y no en acto es papa, solo se le debe obediencia en potencia y no en acto.

Usted sostiene que la Misa “una cum”, en donde se nombra a Francisco, es sacrílega, dando sus fundamentadas razones. Un periodista católico preocupado por el tema, nos pregunta lo siguiente: “¿Pero es consciente de que eso no es un dogma y no deja de ser una opinión teológica?”. ¿Qué respuesta le daría?

Sí es más que mera opinión teológica. No cabe ninguna probabilidad siquiera remota de que Dios Hijo inmolado a Dios Padre en el canon de la misa con una oración —el «Te igitur» en el rito romano, y otras en otros ritos católicos— que otorga a un Arquitecto de Anticatolicismo, Despojador de la Iglesia, y Usurpador de la sede papal, el rango de «papa» y por ende referente de la Iglesia y Religión en que se está, y el rango de «siervo de Dios Padre», solo puede lograr, como dijo el Padre Algero de Lieja, que Dios Padre se tape las narices para no sentir el hedor de esa liturgia. Como el fruto de la Misa —sea lo que fuere de la validez— depende de que Dios Padre la haga «bendecida, adscripta, ratificada, razonable y aceptable» y Dios Padre jamás haría eso con semejante liturgia puesta en un pozo de víboras pseudopapal y pseudoeclesial anticatólico, es infructuosa, y por forzar nada menos que a una Persona Divina a pasar a su segundo modo de existir, contra su voluntad, es vertiginosamente sacrílega. Los fieles que asisten a esas misas en la absoluta ignorancia de este hecho y con buena fe, no pecan, pero tampoco reciben gracia alguna de esa liturgia, y se ponen dentro de una mala influencia.

¿Serían también sacrílegas todas las Misas “una cum” desde que la Sede está vacante?

Todas las misas celebradas en unión expresa, contenida en el mismo rito, con el jefe de una religión falsa, son objetiva y materialmente sacrílegas desde el 7 de diciembre de 1965, cuando Pablo VI autorizó con pretensión de papa todos los documentos anticatólicos del Concilio Vaticano II.

Dentro del sedevacantismo, al no tener una cabeza y autoridad infalible a la que obedecer (Iglesia docente), ¿se pueden dar abusos y desviaciones –pensemos en movimientos heterodoxos, como el Palmar de Troya–?

Si se daban abusos y desviaciones entre los primeros cristianos a quienes escribía San Pablo cuando la Iglesia Católica tenía autoridad infalible en acto y ejercida por santos apóstoles, mucho más pueden darse hoy, desaparecida esa autoridad en acto. Nadie, tampoco un sedevacantista, puede hacer callar a un advenedizo que haga locuras y escándalos y se haga llamar sedevacantista. Pero es de Fe que en la Iglesia siempre habrá quienes mantengan la Fe íntegra. Quien ve la verdad de las razones sedevacantistas, antes de adherir a un grupo concreto, debe informarse de su trayectoria y de su doctrina.

¿Quién determina, y con qué autoridad, qué postura es la correcta dentro del sedevacantismo?

La ausencia de Vicario de Cristo a más tardar desde muerto Juan XXIII se determina con certeza teológica por el estridente incumplimiento, por Pablo VI, de la catolicidad inseparable —y esto debería ser una perogrullada— del gobierno de la Iglesia Católica. Las disputas teológicas internas entre sedevacantistas, en la actualidad, no se refieren al punto principal, no impiden la colaboración interna, y solo pueden resolverse con certeza si concuerdan o discuerdan claramente con el Magisterio Perenne Infalible. Al menos todos los sedevacantistas estamos libres del terrible engaño actual pseudopapal, pseudoeclesial y pseudolitúrgico.

Patricio Shaw: Sedevacancia: La espiral descendente del postcatolicismo. Letras Inquietas (Febrero de 2021)

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