Entrevista con José Antonio Crespo-Francés y Valero, doctor en Artes y Humanidades por la Universidad de Navarra, Carrera Superior Militar, coronel de Infantería, Escala Superior del Cuerpo General de las Armas. Autor centrado en el ámbito de las grandes exploraciones y de la expansión española en América y el Pacífico, centrándose en los personajes olvidados de la Historia. Ha tratado materias como la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, la Leyenda Negra, y personajes como Blas de Lezo, Juan de Oñate, o Pedro Menéndez de Avilés. Otros de sus libros recientes son Españoles olvidados de Norteamérica y Los esclavos blancos: El islam y la conquista de Europa. En 2019 presentó en el Museo Naval de Madrid su tesis doctoral, Estudio histórico y Edición crítica del Memorial de Solís de Merás: La Florida de Pedro Menéndez de Avilés, por la que recibió la calificación de Sobresaliente Cum Laude. Ha participado en obras colectivas con la Biblioteca do Exército de Portugal, con el Ministerio de Defensa en el libro Rojo, Amarillo, Rojo en el 175º aniversario de la Bandera Nacional, en los tomos de la Historia Militar de España y de una forma más extensa en el libro George Washington y España: El legado del Ejército español en los Estados Unidos de América. Adherido al «Manifiesto por la Historia y la Libertad», en 2019 recibe el Premio Nacional Cultura Viva en el apartado Historia. 

En esta primera parte de la entrevista hablamos de su último libro, Españoles olvidados del Pacífico: Una empresa imperial española.

9788497391986

Españoles olvidados del Pacífico, ¿es un homenaje a los 500 años de la circunnavegación de Elcano y Magallanes? 

Realmente es una disculpa y una oportunidad. Tenemos una historia tan rica que debemos aprovechar cualquier tipo de efeméride para recordar todo lo que fuimos a lo largo de nuestra historia. La circunnavegación, 1519-1522, abarca un trienio fundamental en la historia de España, el esfuerzo por llegar a las Indias por el oeste, a las Molucas, para obtener las especias. Así que se me ocurrió la idea de un libro sobre esa exploración y su gestación, sobre Magallanes, que es rechazado cuatro veces por el rey Manuel y que al final se naturaliza español, renuncia a su nacionalidad y recibe el habito de Santiago como máximo reconocimiento, y que es almirante y capitán general de la flota de las especias. Quería documentar ese viaje y otras exploraciones para llegar a las Molucas y superar el obstáculo que supone América. Hay un primer intento de atravesar Centroamérica por parte de Colón, a los que seguirán otros, e intentos de bordear América por el sur y por el norte. Y también quería enlazar estos intentos con las expediciones continentales para encontrar un brazo de mar que uniera los océanos, como la de Coronado en 1535 o la de Juan de Oñate en 1598. Quería hablar de estos marinos y exploradores y recordar sus gestas.     

Me comenta la españolidad de Magallanes, pero si nos descuidamos en el quinto centenario el mérito de la circunnavegación se lo lleva Portugal.

De hecho, no han cejado en ese intento. Hay un libro reciente publicado en francés sobre Magallanes que lo presenta como un marino portugués que es enviado por el Rey de Portugal a dar la vuelta al mundo. No se habla ni de España ni de Elcano. Es increíble que nadie recuerde que cuando abandona Portugal, el escudo familiar en su casa es picado y que luego su casa es demolida. Y que no es hasta inicios del siglo XIX cuando se produce un primer movimiento para reivindicarlo como portugués. Ahora Portugal participa en los actos conmemorativos, pero lo cierto es que no tuvo absolutamente nada que ver. Como organización, decisión y apuesta, fue totalmente una obra de la corona española y todos los que fueron, fueron como españoles. Muchas veces se emplea la palabra “imperialista” denostándola, pero España fue una nación imperial en el sentido de integradora. Había hombres de territorios de la Monarquía Hispánica y otros que no lo eran, pero iban como españoles. Había hasta un hombre de Bristol o un alemán del norte. Es cierto que con Magallanes y los portugueses hubo algunos recelos. En el Atlántico algunos castellanos creyeron que el portugués les iba a traicionar, aunque había tenido que huir con su familia de su país. Magallanes tampoco quiso compartir el rumbo y causó el recelo de los capitanes. Esto condujo a los hechos de la bahía de San Julián y a varios ajusticiamientos, pero después Magallanes aludió al espíritu luchador de los castellanos, les arengó y animó a seguir adelante, y el cruce del estrecho de Magallanes en 39 días no se cobró ni una sola baja. Algo realmente milagroso en aquella época.     

Un hecho poco conocido es que el Pacífico era denominado como el Mar Español.

Así es. Los españoles fueron los primeros que penetraron en ese espacio, ese camino de vuelta en 1565 con Andrés de Urdaneta, y son sus primeros exploradores. Tendrían que pasar más de cien años para que se aventuraran otras potencias. Hay itinerarios, como el que empleó Elcano para ir desde las Molucas, desde Timor, hacia África del Sur, que pasarían cien años sin volver a ser utilizados, e incluso no fueron rutas habituales hasta la llegada de los barcos de vapor. A Elcano no se le reconoce el mérito de recorrer este itinerario. Lo que se conoce como la ruta portuguesa bordeaba la India, el golfo de Adén, donde existía el peligro permanente de la salida de la flota turca desde el puerto de Yeda, y luego seguía por Mozambique y Madagascar hasta llegar a Sudáfrica. Elcano tomó una decisión muy valiente, dadas las informaciones recibidas de Pedro Alfonso de Lorosa, un luso que se pasó a los españoles porque se sentía maltratado por el Rey de Portugal, que le avisó de que los portugueses pretendían destruir la flota. Por eso, ¿qué puede reclamar Portugal de la vuelta al mundo si lo que hizo fue intentar abortarla? Primero mandó una flota a Buena Esperanza y otra al cabo de Santa María, a la entrada del Mar de la Plata, pero llegaron tarde. Y cuando Esteban Gómez deserta en el estrecho de Magallanes y llega a Sevilla, el Rey Manuel, nada más enterarse, manda otra flota al Índico para poder capturarlos en las Molucas. Pero la flota portuguesa no llega a tiempo porque es atacada por los turcos en el golfo de Adén. Elcano decide entonces cruzar el Índico en diagonal por el Índico sur, el mar más desabrido de los océanos terrestres y sin puntos de parada, salvo la isla Ámsterdam rodeada de acantilados y donde no pudieron detenerse, llegando hasta el cabo de Buena Esperanza sin poder aprovisionarse. Tampoco pueden parar en Mozambique, por miedo a ser capturados, ni en Gambia, por los arenales, y llegan hasta la isla de Santiago en Cabo Verde.

Territorio portugués.

Sí, por eso se inventaron una historia, que eran parte de una flota de América y que querían comprar suministros. Elcano envío a trece hombres, los que estaban en mejores condiciones puesto que la tripulación estaba diezmada, ya solo quedaba la nao Victoria de las cinco que iniciaron el periplo, que hicieron tres viajes para abastecerse de víveres.En el tercero, cuando pagan los suministros con especias, el gobernador portugués comprende que no vienen de América y los detiene. Elcano se ve obligado a partir y alcanza finalmente Cádiz sin apenas tripulantes. Nada más llegar, Elcano escribe una carta al Emperador donde cuenta lo sucedido y le pide que reclame a esos trece hombres al Rey de Portugal. En la carta dice claramente lo que les pasa queriendo volver a España, y digo esto a propósito porque se dice que en aquella época no existía España, y España era una entidad clara, se habla de ella y se habla de españoles. De hecho, cuando los españoles llegan a América, a la primera isla que colonizan no la llaman la aragonesa, ni la valenciana, ni la catalana, ni la andaluza, la llaman La Española. Y eso es porque hay una visión de conjunto, una perspectiva de lo que se era y hacia donde se iba. Eso es lo dramático, que hoy día nos perdemos en los terruños cuando realmente esa visión amplia era una visión integradora y grandiosa, y es la que tenemos que recuperar. 

Si Elcano y Magallanes hubieran servido a la corona inglesa, nos habrían bombardeado con decenas de series y películas. Es una hazaña increíble.

Y dentro de la expedición no solamente la epopeya de Elcano desde Timor hasta el cabo de Buena Esperanza es digna de mención. La desgracia que pasó Gómez de Espinosa, que desde las Molucas intentó regresar por el Pacífico a Nueva España en un viaje de casi ocho meses para no obtener nada. Parte con cincuenta hombres hacia el norte y sufren unos temporales brutales, y solo retorna la mitad al punto de partida en las Molucas. Además, cuando llegan encuentran que el asentamiento que habían dejado allí como base había sido capturado por el capitán portugués Antonio de Brito. Gómez de Espinosa le pide ayuda y acaba detenido con sus hombres y despojado de sus diarios de navegación. Cuando reclama que levanten acta, de Brito le amenaza con colgarlos a todos. Los españoles son obligados a realizar trabajos forzados y pasan por Malaca y la India. Solo cuatro supervivientes llegarán a la cárcel de Limonero en Lisboa y solo tres logran regresar a España. Para mí, esta historia es digna de una gran película. El Emperador concedió a Gómez de Espinosa un escudo de armas en cuya cimera figura “tú también fuiste de los primeros que me dieron la vuelta”. 

En su libro también narra otras grandes epopeyas.       

Si, por ejemplo, los intentos de encontrar la Terra Australis Incognita, a finales del siglo XVI, las expediciones de Álvaro de Mendaña, o de Pedro Fernández de Quirós y Váez de Torres.  Parten desde Perú e intentan llegar a esa Terra Australis, creen encontrarla cuando llegan a las Salomón y Fernández de Quirós regresa, mientras que Torres continúa y pasa entre Nueva Guinea y el extremo norte, el cabo York, de la península Carpentaria en Australia. De hecho, ahora lleva su nombre, el estrecho de Torres, y llega hasta Filipinas. España en aquel momento está en su período de máxima expansión, guerras en Europa y reorganización en América, y realmente no tenía los medios para lanzarse a esa nueva expedición hacia Australia. Lo lamentable es que esa información quedó recogida en gran parte en Filipinas y, durante la ocupación británica de las islas en el siglo XVIII, toda la información cartográfica cayó en manos de los ingleses. Un navegante y botánico, Alexander Dalrymple, recogió la información y se la llevó a Londres, ofreciéndose al Almirantazgo para protagonizar esas expediciones en los mares del Sur. Al final, para que no pareciera muy evidente, se lo encargaron a Cook. El inglés llega a Hawái y dice no haber encontrado las islas Mesa, Vecina y Monjes que aparecen en los mapas españoles, sino que ha encontrado nuevas islas y las dibuja más hacia el este renombrándolas como islas Sándwich, actualmente las islas Hawái. Realmente lo que hizo fue llegar a unas islas que estaban en los mapas y habían sido dibujadas por los españoles hacía muchísimos años. Es el apropiamiento de nuestra historia. España muchas veces no la reclama con justo orgullo y otros se apropian de ella.         

Por eso es tan necesario recordarla.

Sí, yo sigo trabajando en ello y ahora formó parte de una asociación que se llama AGNYEE, Asociación de Amigos de los Grandes Navegantes y Exploradores Españoles. Y con esa asociación estamos dando la vuelta al mundo con un barco ligero, el Pros, de 21 metros de eslora,  que ya ha atravesado el Atlántico y el estrecho de Magallanes, y que iba a atravesar el Pacífico, pero debido a la pandemia se encuentra detenido en la Escuela Naval de Perú, en el Callao. La idea es retomar el Pacífico siguiendo la ruta de Magallanes y Elcano para recordar su itinerario. Estoy recogiendo las sensaciones y los comentarios de los navegantes y los estoy poniendo en paralelo con los comentarios de Pigafetta, de Gines de Mafra, de Francisco Albo, e incluso de escritores técnicos de la navegación, como Palacio o Chávez. Lo pongo en paralelo para poder ofrecer un contexto combinado del siglo XXI y los siglos XVI-XVII y, y poder publicarlo cuando termine la gesta en 2022. 

nueva_foto