harem

“Mafe” llegó al restaurante “La Luna” a las dos y media en punto. Venía guapa, como siempre, y muy intrigada con lo del viaje sorpresa. Aunque lo primero que le mencionó  al sentarse fue lo del periódico.

 

  • Vaya, ya veo que te estás haciendo un hombre famoso. Ya sales hasta en los periódicos ¿no crees tú que los alemanes van muy deprisa?
  • Pues sí, pero ya lo ves, “die spaniche” dicen que son así, que cuando deciden una cosa ya no dudan y se van directos a la meta.
  • Sí, pero tenemos que tener cuidado con ellos. Porque tú sabes muy bien que lo de la Planta de Fabricación de la Aspirina en realidad no es otra cosa que una trampa, porque ellos de lo que van detrás, y esa es la pura verdad, es del “Shiremufriol” .
  • Ya lo sé, pero lo cortés no quita lo valiente. Ellos quieren aprovecharse de nosotros y nosotros tenemos que saber aprovecharnos de ellos. “Bayer” tiene medios y prestigio que nosotros no tenemos, ni tendremos seguramente nunca. Ya sabes también que al proyecto de la “Planta” le han sumado el de un gran laboratorio, y un laboratorio especialmente para nosotros.
  • Bueno, cuéntame lo del viaje ¿qué te has propuesto ahora, amor mío? –y en este caso “Mafe” sí que sonrió al llamarle “amor mío”.
  • Mañana nos vamos al Saler, al chalet que he heredado de la familia. He pensado que ya es hora de que tú y yo nos conozcamos mejor –y esto lo dijo Don Juan con cierto retintín– y además quiero conocer mi casa, porque ahí si que no estuve nunca, y no sé ni cómo es, ni dónde está situada realmente.
  • Sí, acepto, pero con una condición, y una condición “sine qua non” ...
  • ¿Cuál?
  • Que nos olvidemos por completo del cerebro, de la “Barrera hematoencefálica”, del “Shiremufriol”, del laboratorio y hasta de Madrid. O sea, si nos vamos que sean unos días sabáticos y dedicados a la playa y a la lectura.
  • Bueno –y Don Juan cogió la mano de “Mafe” y se la apretó con cariño-, y algo más ¿no?
  • Ya sabes lo que dice el Evangelio, lo demás se os dará por añadidura.
  • ¡Ah, bueno, así sí!
  • ¿Cuándo nos vamos?
  • Mañana a las ocho te recojo en tu casa. Pero, esta noche he quedado a cenar con Don Pablo y tú tienes que estar con nosotros. Así que ahora cuando terminemos de comer te vas a tu casa y preparas tus maletas. Llévate la ropa que quieras, pero no te olvides de los bañadores. Vamos a estar más en el agua que fuera. Por cierto ¿sabes nadar?
  • Por favor, so tonto, si yo fui hasta campeona de natación hace dos años en la Universidad.
  • Pues a las nueve te espero en el Laboratorio, he quedado con “die spaniche” a las diez en “Korinto”.

 

Y cuando terminaron sus huevos a la flamenca y sus natillas, especialidad de la casa, se fueron cogidos de la mano como dos “pipiolos”.

 

                                                           ***

 

 

Nada más llegar al laboratorio, Don Juan llamó por teléfono a su Administrador y le planteó el viaje al Saler.

 

  • Don Francisco, hola, buenas tardes, verá he decidido ir a Valencia a conocer la casa del Saler y pasar allí unos días. Por tanto, le ruego que hable con las personas que guardan aquello y lo tengan todo preparado para mi llegada.
  • Eso está hecho Don Juan, ahora mismo hablo con los guardeses, que como sabes viven al lado en la casita que su madre, Doña Leonor, mandó construir para ellos. ¿Cuándo piensa usted llegar al Saler?
  • Seguramente mañana tarde, porque saldré de Madrid a primera hora. Me gustaría que alguien se preocupase por el tema de las comidas y por las tareas de la casa. Yo me voy con la intención de terminar mi Tesis Doctoral y no quiero problemas de ningún tipo. Así que dispóngalo usted todo, en este sentido, y si es necesario contratar a alguien que lo contraten. Que todo esté dispuesto para cuando lleguemos, porque voy acompañado de mi compañera de estudios.
  • Pues no se preocupe, Don Juan, como le digo, ahora mismo me pongo a ello.
  • Gracias, Don Francisco… ¡Ah!, y también le llamará mi amigo Felipe por el asunto de las Farmacias del que ya le hablé. Proporciónele usted el dinero que necesite y repase usted los contratos y demás cosas que le planteará. Si hay que firmar algo lo firma usted en mi nombre. Y gracias por todo. A la vuelta le llamaré.

 

Después Don Juan subió a su casa. Quería hablar con María Antonia, su mujer, y preparar la maleta. María Antonia no estuvo muy receptiva ni simpática cuando le anunció que se iba de viaje.

 

  • ¿Qué, ya te vas de “viaje de novios” con tu nueva conquista?
  • No digas tonterías, María Antonia. Yo me voy porque quiero conocer la casa que he heredado de mis padres y porque necesito aislarme unos días para terminar la Tesis Doctoral.
  • Ya, ya… tú siempre tienes una excusa a mano. Pero, a mí ya no puedes engañarme. Te conozco mejor que tu madre… y sé que tú no puedes vivir sin tener una mujer en tu cama. ¡Claro, y como ahora ya no tienes a mi “Lupe” habrás convencido a la doctora “Doña Cerebros” …¿ no era así como la llamaba “Lupe”?
  • Mira, María Antonia, no quiero guerras. Me voy y punto.
  • Claro, y a mí y a tus hijos que nos parta un rayo. Juan, estás abusando de mi paciencia, a mí no me importa que andes con otras mujeres, pero no me tomes por tonta… Y ahora dime ¿qué necesitas llevarte?, yo te lo prepararé.
  • Gracias, María Antonia. Siento que seas tan mal pensada.
  • No, Juan, no soy mal pensada, soy realista. Pero, ya te lo he dicho más de una vez, mientras no te olvides de tus hijos te aceptaré como eres.

 

              ***

 

 

Y a las diez en punto, María Fernanda y Don Juan se presentaron en “Korinto”, donde ya le esperaba “die spaniche”, con una copa de rioja en las manos.

 

  • Hola, María Fernanda, estás guapísima, como siempre.
  • Venga, Pablito, no la mires más, que los ojos te hacen chiribitas.
  • Eres un ingrato, un bruto que no sabe valorar la belleza.
  • Venga déjate de hostias y hablemos de cosas serias. ¿Has hablado con los alemanes de nuestro viaje?
  • Sí, y están de acuerdo en todo, la única cosa que me han dicho para ti es que han pensado en una fórmula para, si tú la aceptas, concretar lo de los terrenos de Aranjuez. La “Bayer” te propone que por la cesión de los terrenos están dispuestos a concederte hasta un 20 por ciento de los posibles beneficios que pueda tener la explotación de la Planta de Fabricación de la Aspirina… y yo creo que no está mal.
  • Pablo, ya sabes que para los asuntos económicos soy un desastre, si tú lo ves bien, por mi vale.
  • Bien, y ahora hablemos de vuestro viaje ¿cómo viajáis hasta Valencia?
  • ¿Y cómo vamos a viajar?, pues en tren hasta Valencia y allí ya nos apañaremos para llegar al Saler. Me imagino que en Valencia habrá taxis.
  • Pues no… oye ¿sabes conducir, tienes carné de conducir?
  • Pues sí, sé conducir y tengo carné de conducir, aunque es verdad que desde hace poco. Saqué el carné antes de morir mi madre y desde que heredé estoy pensando en comprarme un coche. Según dicen ese es el futuro.
  • Pues, yo he pensado otra cosa. Verás, los dos abogados que vinieron de Alemania se vinieron en coche, concretamente en un Volkswagen, y como mientras estén en Madrid no lo necesitan he pensado que tú te lleves mi Mercedes, que es mejor para un viaje largo, y yo me quedo con el Volkswagen, para ir y venir a Aranjuez es suficiente. Así que si estás de acuerdo mañana a la hora que tú digas está en la puerta de tu casa.

 

Y a partir de ese momento se dedicaron a lo que habían ido a “Korinto”, a comer. “Die spaniche” se pidió sus chanquetes de Málaga (“¡joder, si los alemanes comieran de esto se volvían locos!”), pero Don Juan pidió también unos “boquerones al limón” y cuando Don Pablo los probó hasta aplaudió.

 

Quedaron en verse a la vuelta de Valencia.