El poeta católico Andrés García-Carro presenta el domingo en el club Empel de Barcelona  (C/Camp 17) su libro de poemas El año del coronavirus. El acto comenzará a las 6 de tarde. Les recomiendo su asistencia pues son unos poemas que merecen mucho la pena por su calidad y por estar enmarcados en el año en el que el virus cambió la vida de la humanidad.

Para aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de leerla les dejo con la entrevista que le hice recientemente sobre el mencionado libro.

Un libro fruto de la inspiración del autor en unas circunstancias muy determinadas que sirve para hacernos reflexionar. Lo enfoca en dos planos: uno a pie de terreno, apegado a la realidad más inmediata, haciendo un análisis antropológico o si se prefiere sociológico del asunto, no exento a veces de guiños irónicos, y otro a vista de águila, atento a la dimensión histórica del problema y a sus repercusiones, reales o posibles, sobre el devenir de la humanidad.

Muchas veces las situaciones trágicas son fuente de inspiración para la literatura… ¿Se podría decir que la plaga del coronavirus le ha inspirado a usted especialmente?

Sí, 2020, el año del coronavirus (o el año que nos lo trajo, pues el virus sigue entre nosotros), fue para mí un tiempo muy fértil poéticamente. Mi libro contiene ciento dieciocho poemas, lo cual arroja un promedio de uno cada tres días. Muchos de ellos, más o menos una cuarta parte, tratan sobre la plaga que ha puesto en jaque a todo el mundo, abordando las diversas cuestiones derivadas de ella, como puede verse en los títulos de los poemas, publicados en El Correo de España: «Cuarentena», «Confinados», «Estado policial», «Pandemia de opiniones», «Desescalada», «La mascarilla», «La vacuna», «Interrogantes coronavíricos», entre otros. Ya adelanto que ni me adscribo a teorías conspiranoides, aunque pueda coincidir en algunas de sus sospechas y elucubraciones, ni menos aún me fío de las murgas de zascandiles “expertos” gubernamentales.

Y no sólo llama la atención en su libro la cantidad de poemas sino la calidad de los mismos…

Sobre la calidad de los poemas ¿qué puedo yo decir? Lógicamente, si he tenido el atrevimiento de publicarlos en un periódico, primero, y ahora en un libro es porque me parecen buenos y porque creo que pueden contribuir a desembrollar la muy embrollada realidad de nuestros días. Y si es cierto, como sostiene Aristóteles, que la cantidad es un ingrediente de la calidad, entonces puedo añadir, dada la extensión de la obra, que El año del coronavirus es con gran diferencia el mejor libro de poemas que he escrito hasta la fecha. El corona ha sido mi particular virus de la creatividad, que es lo que etimológicamente significa la palabra poesía: creación, creatividad. Y no he tomado ninguna precaución, en este sentido, para evitar su contagio.

Además aborda el tema desde una amplísima variedad de perspectivas…

En resumidas cuentas lo enfoco en dos planos: uno a pie de terreno, apegado a la realidad más inmediata, haciendo un análisis antropológico o si se prefiere sociológico del asunto, no exento a veces de guiños irónicos, y otro a vista de águila, atento a la dimensión histórica del problema y a sus repercusiones, reales o posibles, sobre el devenir de la humanidad. No está de más recordar, citando de nuevo a Aristóteles, que los sucesos históricos, mejor que la historia, los elucida la poesía, pues ésta por su propia naturaleza ahonda más en ellos.

Aunque, como ha dicho, no todos los poemas tratan propiamente del dichoso virus. ¿De qué tratan los demás?

Los demás tratan de cuestiones de índole muy diversa ‒teológica, filosófica, política, patriótica, moral, sentimental, humorística, autobiográfica‒, aunque de un modo u otro, en lo profundo o circunstancialmente, casi siempre guardan relación, siquiera sea por estar enmarcados en la misma época, con el tema que da título al libro.

En todos ellos destaca su espíritu crítico…

He procurado transcender la mera actualidad, no quedarme en lo anecdótico. He querido analizar el problema con amplitud de miras y no sólo con espíritu crítico, como usted dice, sino también con espíritu práctico. El poema «Enseñanzas del coronavirus» es un ejemplo de ello.

¿Cuáles serían los poemas más paradigmáticos y los que mejor compendian lo que ha sido el año del coronavirus?

Los que ya he nombrado y, muy en particular, otro que se titula «Coronavirus», que en su momento, cuando lo publiqué en El Correo de España al comienzo de la plaga, temí que fuese excesivamente apocalíptico, pero que ahora, visto con perspectiva, me parece de una clarividencia premonitoria que a mí mismo me impresiona. También, en esta línea, «El mundo está preparado», «¡Fuego!» y «Pandemónium». Sea cual sea la gravedad del coronavirus en un plano sanitario (que, sinceramente, no sé cuál es ni creo que nadie lo pueda saber a ciencia cierta, dado el caos informativo en el que estamos inmersos), hay algo que sí que es a todas luces pavoroso: el borreguismo de la sociedad, dispuesta a aceptar con absoluta sumisión acrítica cualesquiera medidas e “informaciones” que vengan de las instancias oficiales, por contradictorias o absurdas que sean. Una sociedad preparada para el totalitarismo. En lo que atañe a mi experiencia personal, el poema que mejor compendia el año es uno que lleva el mismo título que el libro.

¿Diría usted que su poesía, además de difundir la belleza, sirve para hacer pensar?

Así lo espero. Una belleza que no incita a la reflexión, que no excita y estimula el pensamiento, es como una máscara vacía. La mejor poesía es la que tiene esta doble vertiente estética y filosófica. Más aún, teológica.

De hecho algunos de sus poemas, recitados en la radio, han dado mucho juego para poderlos comentar…

Sí, tuve el gusto de leer algunos de ellos, de índole religiosa, en Rutas con Alma, el programa radiofónico que dirigía con muy buena mano un tal Javier Navascués. Y digo que tuve el gusto porque pude comprobar que esos poemas causaron su efecto en quienes los escucharon y comentaron. Dígase lo que se diga, no tendría mucho sentido escribir si lo que uno escribe no llega a nadie. La culpa de la marginalidad y el pseudoelitismo en que hoy se encuentra arrumbada la poesía (no siempre fue así) es su hermetismo y falta de inteligibilidad, que en la mayoría de los casos no encubre más que estériles pajas mentales. Yo procuro, ante todo, que mis poemas sean claros y fácilmente legibles y creo que no se me puede acusar de incumplir estos requisitos.

¿Cree que con el tiempo la crítica valorará su poesía como merece?

Mi poesía ya tiene y ha tenido críticas que la han valorado muy favorablemente, críticas para mí muy valiosas y significativas por la variedad de sus procedencias. En cuanto a esa otra circunspecta señora a la que usted se refiere, la crítica, a ver si con este nuevo libro mío, el noveno de poesía, va espabilando. Yo ya estoy escribiendo el siguiente.

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