Antonio Robles Nicolás. Licenciado en Ciencias Económicas por la Facultad de Málaga. 1ª promoción. Tras trabajar tanto en la empresa privada como en la función pública durante unos años, fundé con dos economistas más en 1976 un despacho de asesoramiento de empresas en Murcia que cuenta hoy con tres sucursales más en otras ciudades de la región y unos cuarenta empleados, si bien tras más de, también, cuarenta años de dedicación a la actividad hoy estoy en situación de jubilado, aunque de forma desinteresada les ofrezco mi experiencia si los actuales socios me requieren y les realizo comentarios sobre legislación o jurisprudencia tributaria, para su difusión entre la clientela. También complementariamente hemos desarrollado actividades empresariales como promoción inmobiliaria y creado un centro de formación profesional de trabajadores.

En esta ocasión nos habla de su libro El PSOE y la República: crímenes, pucherazos y golpes de estado.

¿Por qué un libro sobre los crímenes, pucherazos y golpes de Estado del PSOE y la República?

Por lo que a mí respecta lo considero necesario porque al asunto de lo acontecido en la época de la República debiera haber quedado circunscrito al ámbito de los historiadores, pero cuando quien lo ha tomado en sus manos han sido los políticos de la izquierda, fundamentalmente el PSOE, con el pasado terrorífico para la convivencia nacional que tienen sobre sus espaldas, practicando eso que se llama guerracivilismo, no creo que hayamos de permanecer callados. Mire, le voy a poner un ejemplo del rastrerismo que practican que no se limita a elaborar leyes inicuas sino que lo desarrollan a diario. En las pasadas elecciones el desvergonzado que nos gobierna comparece en un mitin electoral leyendo los nombres de las conocidas como 13 Rosas, fusiladas la finalizar la guerra. Así actúa el jefe del gobierno de toda la nación, heredero del partido que contribuyó, junto con sus socios de entonces, al asesinato de 283 religiosas. Sin contar las mujeres que no lo eran. ¿Nos callamos?

¿Hasta que punto están bien probados y documentados todos los hechos que relata?

Yo no soy historiador, sino aficionado al estudio de la historia, por lo que los hechos que narro en este libro están tomados de lo que auténticos historiadores han investigado. Si se los han demostrado inexactos no tendré ningún reparo en rectificar.

Llama la atención la gran similitud con el PSOE actual y sus socios...

Sí hay una gran similitud en los socios de entonces y ahora del PSOE. La Esquerra y los comunistas son un clásico. Con ellos dieron el golpe de estado de 1934 que finiquitó su añorada república. Cuentan además con una organización, el PNV, que entonces inicialmente no formó en el Frente Popular, y sobre todo con otra también vascongada, inexistente en la época, que les añade un plus de calidad: los herederos de la sección asesina del nacionalismo vasco, la del hombre de paz, que proporcionaba las nueces a la sección miserable. Nada extraño porque persiguen instaurar una república socialista independiente en aquellas provincias. Si lo consiguieran estoy seguro de que veríamos correr a los de la sección miserable delante de ellos, como creo que estarían haciendo ya si no contaran con el resguardo de España.

¿Por qué es importante que quede constancia de la verdad de la historia?

Sí, por supuesto que es importante, pero hay que recordar que el gran historiador suizo Burckhardt opinaba que la historia no es una ciencia objetiva sino el “registro de los hechos que una edad encuentra notables en otra”, lo cual implica una cierta dosis de subjetividad en el estudioso, motivo por el cual debe quedar en manos de hombres de primera categoría -¿Tezanos?-, algo similar a lo que nos recordaba mi profesor de estadística con respecto a los expertos en esta ciencia, capaces de demostrar que si yo me como dos pollos y tú ninguno, según ellos, ambos hemos engullido uno. Cuando ya no queda en manos de historiadores serios o, siquiera, de otros que lo sean menos sino de la decisión de la mitad más uno y, encima, aunque esto sea duda personal, la altura intelectual de muchos, pero muchos, decisores es la que es, obligados por añadidura a seguir las instrucciones del jefe…apaga y vámonos.

Unos hechos que han ocultado, pero que hay que sacar a la luz...

Ellos, con un pasado como el descrito en el libro, necesitan crear un enemigo, un malvado al que achacar cuantos males sean precisos, obviando y ocultando sus hazañas y, lo que es más importante, su perversión interior. Responde al poema de Meredith que cito en un capítulo del libro sobre el necesario culpable externo de nuestras pasiones. Para los miserables todo queda justificado por la consecución de unos votos aun a costa de enfrentar a su propio pueblo. No están solos, en todo occidente sucede; en lo que más nos afecta, dirigentes de su cuerda de los países hispanoamericanos, han elegido como al malvado fuente de todos sus males a España, más de doscientos años después de independizarse. Son así.

También habla de las estrategias y métodos para manipular a las masas.

La izquierda asimiló perfectamente la estrategia de Gramsci: Apoderarse de la sociedad para dominar el estado y en ello llevan décadas y décadas. Mientras la gente innovadora y la sensata se dedican a crear empresas, riqueza, empleo, etc., es decir la auténtica revolución positiva, la que se basa en el esfuerzo diario, aquella se instala en profesiones desde las que criticar la sociedad en la que viven comparándola siempre con la utópica imaginada por ellos y, por supuesto, despotricando del pasado, de las tradiciones recibidas. Viene de lejos, ya Daniel Rops, en su monumental Historia de la Iglesia dejó escrito, respecto a la actitud de los revolucionarios franceses, que desarrollaron toda una literatura aplicada a arruinar o manchar cuanto la humanidad occidental tenía por sagrado desde hacía dieciocho siglos. Ahora su literatura ha quedado postergada por la mucho más efectiva labor televisiva. Ahí es donde desarrollan su tarea reeducadora de las masas. Como en la cuestión anterior tampoco estamos solos, en este caso la satanización de la civilización occidental nos viene de los gilipollas de las universidades americanas.

¿Fue un enfrentamiento el de aquella época entre demócratas y fascistas?

En alguna parte le leí a R. de la Cierva que en aquellos tiempos ni en una parte ni en otra habían demócratas. Desde luego él conocía mucho mejor aquella sociedad que yo. Lo que sí creo acertada es la afirmación de Einaudi, uno de los más prestigiosos estudiosos del fascismo, de que éste se vale de cuatro resortes: liderazgo, partido único, control económico y terror. Repase Ud. la historia y si encuentra alguna nación que los haya aplicado con más intensidad y, sobre todo, con más duración temporal que aquellas que disfrutan, o disfrutaron, de un régimen socialista, me lo informa por favor. En la época de que se ocupa el libro el terror socialista comenzó a las pocas semanas de instaurarse la república –quema de conventos-, pero hubo muchos más ejemplos de mayor enjundia. Recordemos uno solo: lo que sucedió en la segunda vuelta o repetición de las elecciones de 1936 en Cuenca y Granada, donde habían ganado inicialmente las derechas de calle. Gracias al terror desencadenado por los socialistas sobre las derechas consiguieron que en Cuenca no obtuvieran ni un solo escaño y en Granada que renunciaran a presentarse a las elecciones. Al mando del gobierno, cuando se cometieron todas estas tropelías contra las derechas, era presidente del gobierno Azaña a quien el actual Parlamento creo que le ha declarado hombre de consenso, con el voto favorable de nuestro Poncio Pilato nacional. Esta vez no se ha abstenido –no se ha lavado las manos, caso Ceuta, estados de alarma, profanación de tumba de Franco…-. En nuestros días quienes practican el terror son los chicos amantes de los escraches que, claro está, añoran aquella época y se funden amorosamente con la sección terrorista del nacionalismo vasco, calificando permanentemente de fascista a cualquiera que se les oponga en un ejemplo más del refranero popular: piensa el ladrón que todos son de su condición. Si al menos una cuarta parte de la legión de antifas que nos gobiernan se lo tomaran en serio no quedaba, en menos de una semana, un solo régimen socialista en el mundo. Son así por pura lógica teniendo en cuenta que su ideología proviene del marxismo preconizador de la violencia para alcanzar el cielo en la tierra, y cada día asumo con más convicción la idea de Olivier Rey que cito en el libro de que estas ideologías, que para lograr sus magníficas utopías precisan la violencia, en el fondo lo que desean es su uso y eligen un fin bonito para legitimarla. Paraíso terrenal socialista, idílicas sociedades catalufas y euskaldunas…

¿Qué tal acogida espera que tenga el libro?

Es difícil que el libro tenga una gran acogida al tratarse de una obra modesta de un autor nada conocido, que responde por lo que a mí respecta a ese lema repetido de “yo que puedo hacer” ante la deriva que está tomando la nación de la mano de la gente que nos gobierna, de los herederos de quienes la condujeron al desastre en aquellos años; gente capaz de asegurar, por ejemplo, que los hijos no pertenecen a los padres; lema nada gratuito sino que responde a la estrategia de simplificar sus mentes y educarlos en su ideología, como explica muy bien J. Benegas en su Ideología invisible. El texto acaba con la invocación a lo expresado hace unos 1500 años por uno de los más importantes pensadores que la humanidad ha dado, San Agustín: nos encontramos bajo constante presión, ante la que hay que reaccionar para que esa presión destile aceite puro y no negro orujo. En términos concretos, en la actualidad, se trata de responder a una cuestión: ¿Ud. está dispuesto a aceptar cómodamente que su vida, la de sus descendientes, la de su nación en suma se la organicen los herederos de la ideología que, en tan solo unos sesenta años, asesinó a más de 100 millones de personas, compatriotas suyos- y la suma sigue-, sumiendo a sus naciones en la miseria sin la menor muestra de arrepentimiento? Creo que si el libro tiene éxito en gran parte se deberá, por lo que detecto, al sectarismo rastrero que destilan nuestros izquierdistas desde el gobierno y sus medios.