Capturar el tiempo y retenerlo en sus manos, para transformarlo en presente. Avivar la lluvia sin cerradura que parte la vida en dos. Verter la poesía sobre el margen izquierdo del corazón para que germine y tome posesión de su persona. Dicotomía, encuentro con uno mismo. 
Estas son las vísceras del último libro de Enrique Sánchez Campos, titulado: Epístolas de frontera.
 
Este es un poemario en que el silencio le grita a la esperanza que no ha nacido, y la soledad busca compañía en la ausencia y el olvido. 
Recorrido inmersivo por su vida, convirtiéndolo en su anclaje a la existencia.
 
"Sus palabras hábiles y dulces se desparramaban/ como blancos y amorosos ramos de flor de acacia;/ (...)/ que volaba amor herido... ¡como ella!/ (...)/ ¡Ay, Sinope!, siempre habitada por la ausencia y la soledad." (Del poema: Herida). 
 
El prólogo que abre el libro es autoría de la gran poeta Pilar Sanabria. Ella le da el título de: Las cartas al límite de Enrique Sánchez Campos.
Pilar, con minuciosidad desgrana cada palabra apoyada en el delicado equilibrio de las pérdidas irreparables.
 
 Pilar, Enrique, José Luis.
 
Poemas que son alianzas selladas en territorio sagrado. Sobre los restos cenicientos la ceguera conectada al alma. Son un canto a las cicatrices irreversibles que esquivan la denominación de origen.
Coger la distancia necesaria sin billete de vuelta.                                               
"Después de aquel amor aún no olvidado/ pero sí perdido,/ los codos en la barra de madera/ de ese bar, con aire descuidado/ y el rostro dolorido.../ (...). Se encontraron nuestras miradas un instante/ en sostenido reto de equilibrio...(...)". (del poema: Caras de una moneda).  
 
Versos que escancian la conversación que el escritor mantiene con las emociones y sentimientos, que conducen por el cauce de las ataduras. 
La llama eterna baila desnuda sobre la luna. Autorevisión que surge de la necesidad de echarle un pulso a la vida vestida de memoria, que quiere aprender a soñar en plenitud.
 
Epístolas con gran capacidad de evocación, que delinean un itinerario no definitivo, que reflexionan desde lo íntimo. 
Renacidos y desatados besos, vehementes heridas. La tinta gotea de los poemas serenos que abren una puerta a la plegaria y a los recursos del lenguaje, donde sigilosamente hiberna el cactus.
 
"Hoy que yace el silencio entre las sábanas/ y el tiempo detenido en el último suspiro,/ un pensamiento se entretiene entre jadeos/ y ya no hay vuelta atrás para fingir dormido./ La luz que trepa los barrotes de la cama/ testigo presencial, enredadera y asidero/ (...)./ Y se ha mojado el vientre tras la lluvia/ (...). ¡Espera, espera...!, y me suplicas y te suplico/ porque a ti y a mí nos consumen las llamas.", < del poema: Hoguera>.    
 
Palabras que son voraces fusiles, múltiples voces que se refugian en su propia voz, que hunden sus dedos en el silencio que lo contiene todo. Que hacen balance, contextualizan y alimentan el presente, desde el que el "yo" se ve convertido en "nosotros".
 
"Recuerda los pálpitos de la tierra/ aquella primavera que vivía nuestro amor,/ nuestro único amor porque nunca hubo otro./ Latía al unísono con nuestros corazones,/ (...). Cerrado al deseo, cerrado al conocimiento,/ a la razón, y a nuestra juventud ocultado./ (...).", < del poema: Aquella primavera>.
 
Letras que desembarcan en la orilla de la distancia, que tienen su peso propio, que esculpen máscaras.
La impoluta visceralidad del amor, ejercicio de supervivencia donde el agua se transforma en ceniza.
 
Otros libros de este creador:
- Córdoba es poesía.
- Antes de que el eco se lleve las palabras.
- El hombre mínimo.
- Tratado de la nostalgia y otros estados de ánimo.
 
Epístolas de frontera se presentó en la Biblioteca Viva de Al-Andalus. Compartiendo mesa con Enrique estuvieron Pilar Sanabria y José Luis García Clavero que fue el presentador.
Cualquiera de los libros de Enrique son el regalo perfecto para Navidad o para cualquier ocasión.
 
Enrique leyendo.
 
"Nevaba ya, muy cerca estaba la blanca Navidad/ y el "Triste corazón de Rimbaud el poeta/ lloraba repartiendo su primer poema:/ "El aguinaldo de los huérfanos". (...)./ El niño en Belén, un portal con tres reyes/ cerca de los sin techo. --,/ explosiones, disparos y cuchillos que llegan a Occidente./ (...)./ Miré hacia él compadecido, porque mi corazón/ tambie´n llora poesía en cada verso..., no sé si me escuchó/ porque su alma ya penaba sobrevolando las praderas. (...).", .
 
Enrique firmando ejemplares.