Entrevista a Miguel Ángel López de la Asunción, licenciado en Filología Inglesa, miembro de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI), asesor histórico de la Fundación Blas de Lezo, asesor de la Federación Española de Asociaciones de Historia (FEAH) y Miembro de Honor de la Asociación de Historia de la Universidad Carlos III de Madrid. Coautor con Miguel Leiva del libro Los Últimos de Filipinas: Mito y realidad del sitio de Baler. Ha escrito artículos sobre la misma temática en Revista de Historia Militar, Revista Ejército, Revista Armas y Cuerpos, Memorial del Cuerpo de Intendencia, Guerra Colonial o periódicos como La Razón e Ideal. Ha impartido más de 70 conferencias por toda nuestra geografía y colaborado como asesor en múltiples proyectos literarios, pictóricos, escultóricos, televisivos y cinematográficos que tocan la presencia de España en las islas Filipinas y la defensa de la posición de Baler.

Portada del libro de Miguel Ángel López de la Asunción.

¿Por qué los últimos de Filipinas? 

Yo tuve la inmensa fortuna de que mi abuela Teresa vivía encima mío y pasé mucho tiempo con ella. Y ella nos contaba muchas veces, a mis hermanos y a mí, la historia de mi bisabuelo Miguel Lafuente Lardiés, soldado de ingenieros en la guerra de África. Estuvo sitiado, hace poco conseguí su expediente militar y sé que fue uno de los supervivientes del Barranco del Lobo en 1909. Ella nos contaba como había estado sitiado, como había luchado, nos hablaba de que pese a lo duro de la situación la moral era alta y en el caso de mi bisabuelo, hijo de un sargento, de su cariño a España. Fue muy duro, estaban rodeados y sin agua, llegaron a beber el orín de un asno y cuando los rescataron tres de los supervivientes murieron al beber agua. Pero mi abuela siempre terminaba el relato diciendo, “esto no fue nada con lo que pasaron los héroes de Baler”. Lo que siempre llevaba a que nos contará la gesta de Baler, los últimos de Filipinas. Con el tiempo cayó en mis manos el relato de Martín Cerezo y cuando me saqué el carnet de conducir empecé a viajar por los pueblos buscando a los descendientes de aquellos hombres. Después de tantos años, me complace ver las montañas que ellos vieron o pasear por las calles de sus pueblecitos, que a pesar de estar en el siglo XXI han cambiado bien poco, porque los considero casi como amigos, como compañeros de viaje.

Ha mamado esa historia desde pequeño, como se suele decir.       

Sí, aunque mi bisabuelo no era uno de ellos fue un episodio muy parejo. Y sí, me he sentido de alguna manera cercano a mi historia, a mi ejército, a los soldados anónimos. Leiva lleva menos años, pero cuando cogí la historia de los últimos de Filipinas de muchos de ellos solo teníamos el nombre, no sabíamos de dónde eran, que los había llevado a Filipinas o quienes eran sus padres. Lo que hemos hecho es una labor casi periodística, una investigación, pero de 25 años. Estamos muy contentos con el resultado y hemos disfrutado mucho, aunque también me ha costado hacer muchos kilómetros y emplear muchos recursos. Podemos decir que le he dedicado mi vida. 

El fruto de esa investigación se plasma en su libro “Los Últimos de Filipinas: Mito y realidad del sitio de Baler”.

Claro, el libro es el fruto de ese trabajo. Leiva también llevaba cinco o seis años investigando, a él le llego más tarde porque es militar y le encargaron averiguar quién era Vigil de Quiñones, que daba nombre a un acuartelamiento en Valencia, y también se aficionó. Coincidimos dando unas conferencias y decidimos unir lo que habíamos hecho. De ahí salió el libro.

El libro ha tenido bastante éxito.

Sí, la primera edición de casi 3.000 ejemplares se agotó en menos de un mes. La segunda edición dobló el número y está también agotada. Una cantidad de libros vendidos que hacía mucho que no se veía en un libro de historia militar. Ya estamos preparando la tercera edición que saldrá para la primavera que viene. Hemos añadido más cosas porque durante este tiempo hemos seguido investigando y habrá novedades e información inédita.

Es un buen momento, con el renovado interés por nuestra historia y también por nuestra historia militar. 

Es una respuesta a ese ataque que sufrimos y que sufre nuestra historia. Cuando estaba proyectado el monumento a los héroes de Baler y había otro ayuntamiento que lo veto por colonialista, hubo mucha gente que reaccionó ante ese veto y, dentro de lo malo, de que es incomprensible que haya un ataque a unos hombres que no hicieron más que cumplir con su deber por su cariño a España, es muy buena noticia que cada vez más gente esté dispuesta a conocerlos y defenderlos.

Se refiere al ayuntamiento de Manuela Carmena.

Así es. Y hay muchos ayuntamientos de distintos partidos que por el mero hecho de ser unos militares no quieren saber nada del asunto. La asociación “Reinos de España” nos ha regalado unos códigos QR que, por ejemplo, colocados en la casa de un soldado te dan acceso a unos videos en 4 idiomas y en lenguaje de signos que te explican su vida. Pues tengo que pegarme con los ayuntamientos para que estén interesados en ponerlos, porque no les gusta ensalzar una gesta militar. Cierto es que es una gesta militar, pero es ante todo una gesta humana de resistencia, es un ejemplo. Hace poco le han quitado la calle a uno de los héroes de Baler en un pueblo de Galicia. Algunos políticos tienen miedo, de cara a sus votantes, de vanagloriar a unos hombres que cumplieron con su deber.   

Hablando de este prejuicio contra todo lo militar, ¿qué opina de la película de 2016 sobre los últimos de Filipinas?

Nosotros entramos en el proyecto de la película por un amigo en común, Enrique Cerezo, que estaba muy interesado en este asunto porque su madre es del pueblo natal de uno de los héroes del Baler y es algo que conocía desde muy pequeño. Pero la dirección fue lamentable. El guion era muy malo y se quería buscar en la gesta de Baler un pretexto para atacar al estamento militar y al religioso. Ha sido una lástima porque era un proyecto de casi 7 millones de euros. Leiva y yo éramos asesores de forma gratuita, porque nuestro único interés era que tuvieran un homenaje en la película y velar un poco por su memoria. Fue como darse contra una pared y lo pasamos muy mal porque éramos conscientes del cariz que cogía el proyecto. Luego tuvimos que contar a las familias que a los soldados no les habían dado su nombre real, sino que eran todos inventados. Y a los que se les puso su nombre real, a los oficiales, fue para denigrarles.

En el cine español hay demasiado sectarismo con la historia de España. Demasiada ideología que impide mostrar el valor o el heroísmo de muchas gestas españolas.

Sí, eso es lo que nos pasó. Nos cabe el orgullo de haber cambiado un poco la imagen de la gesta de Baler, que era una imagen un poco llorona. La de unos pobres soldados abandonados e incluso un poco locos porque no se querían rendir. Nosotros, mediante documentos, hemos demostrado que no fue así, que sabían que era muy difícil recibir auxilio, pero que esperaban ver llegar cualquier día una bandera española. Eran militares, tenían capacidad para la defensa, y decidieron conscientemente llevarla a cabo. En la película expusimos todas nuestras premisas, que no estaban locos ni eran unos imbéciles, ni unos talibanes de la bandera española. No, ellos estaban muy orgullosos de pertenecer al ejército español, de defender su bandera como hicieron con todos los honores durante 337 jornadas, pero ellos deciden voluntariamente quedarse. Además, no se les deja abandonados, Manila les envía ayuda cuando se enteran de que siguen resistiendo, cuando ya llevan seis o siete meses allí. Y les dimos toda clase de datos, pues nada, la película siguió machacando esa visión trasnochada y superada del destacamento abandonado, de los jefes militares en Manila pasando de sus soldados, pero no es cierto. Y nosotros creo que hemos demostrado lo que les llevó a resistir, como resistieron y como se desarrollaron los hechos. Y esto al final ha dado como resultado un cambio de imagen. No son los pobres olvidados de Baler, sino los héroes de Baler.

Para dar a conocer esta gesta tiene un grupo de Facebook, https://www.facebook.com/groups/LosUltimosdeFilipinas  

Sí, llevo con el grupo doce años y hemos crecido mucho pese a que no nos hemos salido de la temática del grupo. Restringimos las publicaciones a los últimos de Filipinas, a la campaña de Cuba y Filipinas, que es la misma. Y creo que estamos haciendo muy buena labor, porque hay mucha gente que lamentablemente no sabía nada de la gesta de Baler ni de los últimos de Filipinas. Ahora mucha gente conoce los nombres y apellidos de los defensores y para las poblaciones de esos hombres también es un orgullo, aunque muchas esquivan este asunto. De hecho, se me había ocurrido hacer un libro sobre como se hizo el libro, hacer una pequeña ruta de los pueblos de los últimos de Filipinas para que la gente vaya, los conozca y los disfrute. Recuerdo un pueblo, Tronchón, en Teruel, que está a doscientos y pico kilómetros de Madrid y tardé cuatro horas y media en llegar. Por uno de los caminos por donde fuimos había una roca excavada que no sabías si el coche podría atravesarla. Son aventuras, pequeñas aventuras dentro de una gran aventura.  

Desde el grupo de Facebook también se están organizando videoconferencias de autores como Iván Vélez o Pedro Insua.

Sí, también hemos contado con Luis Gorrochategi o Daniel Gómez Aragonés. Este último me hizo sentirme identificado porque ha dedicado su vida a un tema, en su caso a los visigodos, y disfruta hablando de ellos. Y eso es lo que necesitamos, gente que atraiga al común de los mortales a la historia para que se interesa por ella. He sido profesor de secundaria y el nivel que había entre los alumnos en el tema histórico era nulo. Por eso es necesario hacer estas cosas. Con las videoconferencias empezamos con María Elvira Roca Barea, a la que conocía y tuvimos la suerte de que accediese. Ya lleva más de 9.000 visualizaciones. La de Carlos Canales, sobre el dominio español del Atlántico y el Pacífico, con más de 1.000. Luis Gorrochategi, sobre la Contraarmada, rompiendo esos mitos de la historia inglesa y como el pueblo de La Coruña y María Pita los echaron a patadas. Estas conferencias las realizamos en colaboración con la Asociación Cultural Héroes de Cavite, con sede en Cartagena. Estas historias y la de los héroes del Baler son una escuela de vida, de resistencia, una rasmia que tenían los Tercios y que hemos perdido. La rasmia es ese empuje español que siempre te hace ir hacia adelante, y eso, si tienes un referente, evidentemente te ayuda.

La falta de referentes ha llevado a muchos a avergonzarse de su propia historia.  

Claro, cuando veo que en un parlamento autonómico debaten si pedir perdón por algún hecho histórico no me imagino al parlamento italiano pidiendo perdón por la conquista romana. Hace poco el coronel Crespo-Frances, autor de “Españoles olvidados de Norteamérica”, nos contaba que en San Francisco hay un monumento a un marino que se llama Cabrillo, que fue el primero que llegó allí. El cónsul portugués se dirigió a las autoridades locales y les dijo que el apellido Cabrillo era portugués, y así, ahora en el monumento hay una placa con el escudo luso que dice que el marino portugués fue el primero en llegar a esas costas. Cabrillo era sevillano. Se ha avisado al consulado allí y a la embajada española, pero ahí sigue el monumento al portugués Cabrillo. En cualquier país se agarran a lo que sea para reivindicarse, y aquí que tenemos tantísimo no hacemos nada. Eso es lo que tenemos que cambiar.

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