Nueva sección en el canal de Youtube Pura Virtud: POLÍTICA PARA ANTIMODERNOS. Repasaremos, en compañía del historiador y escritor César León de Castro, a los principales autores antimodernos en paralelo a los puntos fundamentales que caracterizan el pensamiento antropológico y político sobre el que se funda la Modernidad. En el primer programa, nos ocupamos de Donoso Cortés, introduciendo nociones imprescindibles de la teología metapolítica como el Katechon paulino, el decisionismo de Carl Schmitt o la política farmacológica tal y como la entiende Dalmacio Negro. En los siguientes números iremos desarrollando nuevos conceptos, pensadores y vías alternativas para impugnar la Modernidad desde sus raíces: a modo de "enmienda a la totalidad".

Así inauguraba quien esto escribe, Guillermo Mas Arellano, la nueva sección del canal con unas pinceladas básicas sobre la Modernidad: "Existen tres cortes profundos formulados desde Occidente (y contra Occidente) que atentan gravemente contra sus valores tradicionales más profundos. En ellos se fundamenta la Modernidad que Baudelaire definió con acierto como un “flujo” opuesto por completo a lo eterno y sus asideros: el primero es la Reforma luterana de 1517; el segundo lo son tanto la Revolución Francesa de 1789 como la Declaración de Independencia de los Estados unidos en 1776; y el tercero es la Revolución apolítica post-sesenta-y-ocho incoada en 1968 y ramificada en dos vertientes: la económico-liberal y la cultural-progresista. Su dominio todavía sigue vigente”.

Por su parte, César León de Castro trazaba una definición propia de la figura del antimoderno: “En principio, el de antimoderno es un concepto sincategoremático: puesto que lo moderno se manifiesta en una ingente pluralidad de ámbitos, formas, objetos, etc., decirse antimoderno no posee un sentido suficiente por sí mismo, pidiendo la compañía de un segundo término que concrete el ámbito o la manifestación de la modernidad a la que se formula tal oposición. Dicho de un modo práctico: una misma persona puede resolverse filomoderna respecto de unos problemas, ante unas tendencias, para con unos gustos, y antimoderna en otros, sin que haya necesidad de una particular coherencia unificadora. Del mismo modo, la modernidad nos muestra que las ideas políticas, religiosas, estéticas, etc., que ha producido históricamente pueden presentar cualidades modernistas y antimodernas de manera simultánea: piénsese en el romanticismo en el terreno del arte, en el fascismo o en la Unión Soviética en la política, en las disyuntivas presentes de casi todas las religiones. El entendimiento de lo antimoderno sin la precisión afortunada lleva, por eso mismo, a multitud de equívocos a la hora de analizar los fenómenos anteriores”.