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Ya en la carretera, de vuelta a Madrid, Don Juan le preguntó a “die spaniche”:

 

  • Oye, Pablo, por cierto, no nos has hablado en toda la tarde de la visita al Ministro de Obras Públicas, ¿cómo os fue?
  • Chico, no te puedes ni imaginar. El Ministro, más que el de ayer, recibió a los alemanes con los brazos abiertos y una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja... y como ya sabía de qué se trataba antes incluso de que mi amigo, el doctor Ghunther, comenzase a exponerle todo lo relacionado con la Planta de Fabricación de la Aspirina y la ayuda que necesitaban de Obras Públicas, el señor Fernández-Ladreda y Menéndez-Valdés (General del Ejército, por cierto) ya estaba diciendo ...
  • ¡Todo, todo lo que ustedes necesiten ya lo tienen aprobado! España necesita empresas tan importantes como la “Bayer” y será un honor para nosotros que se instalen en nuestra tierra... joder, Juan, ni que los alemanes fueran dioses.
  • No, amigo Pablo, todo tiene su explicación. En realidad todas esas facilidades y brazos abiertos para “Bayer” tiene un motivo. Franco, que es más listo que todos ellos, está jugando sus cartas, pues la presencia en España de una de las empresas alemanas más importantes, cuando la ONU le ha declarado la guerra, le va a servir para demostrarle al mundo que España no se merece  el trato que le están dando. Es inteligente. Ahora sí veo que la”Planta” podrá ser una realidad en poco tiempo.
  • Pues, así me lo parece a mí, porque en la reunión el propio Ministro sugirió que la empresa constructora más indicada para realizar las obras era “Agromán” y todavía más, se ofreció a prepararnos una cita con su presidente y fundador, Don José María Aguirre Gonzalo, y, claro está, los alemanes aceptaron rápidamente y ya tienen para mañana cita con “Agroman”.
  • Oye, Pablo ¿y qué te ha parecido la finca? ¿Te sirve?
  • ¿Que si me sirve? Es ideal... ahora bien, te quiero decir una cosa mía pero también de ellos. Me han indicado que a partir del momento que yo comprobase si era el lugar idóneo te pidiese que te olvidaras por completo de la “Planta”, así que ya lo sabes, a partir de ahora mismo yo me encargaré de todo, y cuando digo todo, digo todo. El único tema del que hay que hablar contigo es si quieres que “Bayer” compre los terrenos necesarios o hagáis un contrato de alquiler con opción de compra. Te aseguro que están dispuestos a pagarte lo que tú pidas.
  • Mira, amigo, como sabes los temas económicos a mi me producen alergia y sabes también que a mí, que a nosotros, porque también María Fernanda tiene voz y voto en este tema, lo que nos importa es la investigación, y en este caso concreto el “Shiremufriol” y el cerebro.
  • Por eso mismo te lo digo, olvidaos de todo y dedicaros a lo vuestro... ¡Ah, y confía plenamente en mí, que yo seré de “Bayer”, pero también soy español, y, sobre todo, amigo tuyo! ¿Qué le vamos a hacer? Me has caído bien desde el primer momento y ahora, ya, además, me he enamorado de María Fernanda, ja, ja, ja -y ante esta salida se rieron los tres.
  • Ten cuidado, ten mucho cuidado “españolito”, que María Fernanda tiene ya la navaja presta en las ligas...

 

Y así, entre bromas, entraron en Madrid y Don Pablo, antes de irse al hotel, les dejó en la misma puerta del Laboratorio, San Bernardo esquina Gran Vía. Pero, esa noche no estaban para investigaciones  ni experimentos, sólo querían “arrullarse” y besarse como una pareja de palomas.

 

  • Juan, te quiero.
  • Y yo, “Mafe”, te adoro.

 

***

 

         A la mañana siguiente Don Juan se levantó decidido. Lo había decidido hasta en sueños. Se irían una semana al chalet del Saler. Por eso se preparó una agenda intensa para poder marcharse con libertad de movimientos.

 

Así que comenzó por su amigo Felipe.

 

  • Felipe –dijo a su amigo en cuanto sonó su voz al otro lado del teléfono - ¿cómo va eso?
  • Muy bien, Juan, había pensado ir a verte hoy. He avanzado más de lo que yo creía.
  • Oye, pues si puedes nos vemos esta misma mañana. Estaré en el Laboratorio, cuando llegues me avisas y salimos a tomar un café.
  • Vale, estaré por ahí dentro de una hora, más o menos.

 

Después llamó a “die spaniche”

 

  • Pablo, tenemos que hablar. He pensado, siguiendo tus consejos y para complacer a los alemanes, que para centrarme en el “Shiremufriol” antes tengo que terminar la Tesis Doctoral y lo mismo le sucede a María Fernanda. Así que le voy a proponer, todavía no se lo he dicho a ella, que nos vayamos a la casa que heredé en la playa del Saler de Valencia y dedicarnos a escribir a marchas forzadas. Pero, antes, y tú me dirás, me gustaría saber si debo estar en Madrid mientras estén los alemanes aquí o puedo marcharme ya.
  • Juan, me parece una buena idea, y por ellos no te preocupes. Las cosas con el Gobierno están yendo tan bien que en tres o cuatro días más lo tendrán todo resuelto. Además, según me han dicho, se quedarán aquí el Director de Expansión y los dos abogados, pues aunque todo vaya bien queda todavía mucho “papeleo” y habrá que firmar cosas. En cuanto a lo de la Planta, no te preocupes, esta misma mañana tenemos una reunión con “Agromán” y si nos ponemos de acuerdo podremos comenzar enseguida en Aranjuez. Y no creo que haya problemas, los alemanes lo tienen muy claro, quieren que “Agromán” se encargue de todos los trabajos que haya que realizar y que pongan también ellos el personal y la maquinaria necesarios. Los alemanes, sin embargo, exigirán que los planos y la dirección de la obra sea cosa de “Bayer”... ¡Ah, pero no me has dicho nada de lo que se publica hoy en el Diario “Arriba”!
  • No, no he visto nada ¿qué se publica?
  • Anda, cómprate el periódico y lo lees. No has empezado todavía y ya sales en los periódicos.
  • ¿Qué salgo yo en el periódico?, no puede ser.
  • Pues es. Sal y lo lees, y si quieres vuelves a llamarme.

 

Y eso hizo Don Juan. En cuanto colgó el teléfono salió y se dirigió al quiosco más cercano. Y efectivamente, allí estaba la noticia y su nombre, porque con una llamada en la primera página anunciaba lo que venía en la página cinco.

 

“LA EMPRESA MULTINACIONAL “BAYER” DESEMBARCA EN ESPAÑA.

 

  • Una Delegación, integrada por varios directivos de la farmacéutica alemana, negocia estos días en Madrid con el Gobierno la instalación de una Planta de Fabricación de Aspirina.
  • Según ha sabido “Arriba” el acuerdo está a punto de firmarse y hasta los terrenos están ya fijados en la finca “Doña Leonor”, en un lugar cercano a Aranjuez y entre los ríos Tajo y Jarama.
  • Los alemanes han acordado que el Director General del Complejo, que dará trabajo a más de mil personas, sea el farmacéutico español Don Juan Sarramayor.

 

  • ¡Joder! Esto es la leche –dijo casi en voz alta Don Juan al leer los títulos y la información que venía en la página cinco, incluso con una foto suya.

 

Y todavía  algo nervioso volvió a hablar con “die spaniche”.

 

  • Pablo, esto es la hostia. Creo que los alemanes van muy deprisa, y podían haberme dicho que se iba a publicar.
  • Bueno, amigo mío, los alemanes son así, cuando quieren una cosa no pierden el tiempo, y ya puedes ver que lo de la Planta va en serio.
  • Joder, pero esto me va a crear problemas, porque estoy seguro que mi teléfono va a echar chispas.
  • Pues, por eso te decía antes que me parece bien lo de tu viaje a Valencia. Quítate de en medio y apártate de cualquier teléfono y, te insisto, no te preocupes de lo demás. Yo hablaré con ellos y les explicaré lo de tu desaparición, seguro que ellos lo aplauden.
  • Bueno, está bien. Hablaré ahora con María Fernanda y la convenceré para irnos mañana mismo. Pero esta noche cenamos juntos y lo concretamos todo ¿te parece?
  • Sí, me parece. En “Korinto”, me gustó el sitio.
  • Pues, a las diez nos vemos.

 

***

 

Y naturalmente, en cuanto colgó el teléfono llamó a María Fernanda y quedaron en comer juntos. Aunque le adelantó algo.

 

  • “Mafe”, prepara tus maletas que nos vamos a Valencia.
  • ¿Qué dices, estás loco?
  • No, no estoy loco, luego te explico.
  • Pero, dime algo.
  • No, luego, te quiero. ¡Ah!, y mírate el Diario “Arriba”, te vas a sorprender!

 

 

A las doce en punto llegó su amigo Felipe y tras saludarse se fueron a la cafetería “Manila”.

 

  • Bueno, Felipe ¿cómo te va?, ¿qué has conseguido?
  • Pues mira, Juan, la cosa está resultando mejor de lo que yo esperaba. En estos momentos ya tengo aprobadas las concesiones para diez farmacias, los lugares y los locales más idóneos y a diez licenciados contratados.
  • ¡Coño!, pues sí que has avanzado.
  • No, no creas que ha sido fácil. Me he tenido que pelear con más de un funcionario, ya sabes que esos siempre ponen pegas. Pero, la ley es la ley y el asunto está muy claro. Cualquier persona física o cualquier sociedad puede tener más de una farmacia, siempre y cuando al frente y regentándola figure un licenciado y pertenezca al Colegio de Farmacéuticos. Así que, de momento, solicité diez a nombre de tu Sociedad...
  • Bueno, querrás decir de la “nuestra”.
  • Vale, vale, de la nuestra. E inmediatamente me fui a buscar a los Licenciados y como hay tanto paro en la profesión, no me ha resultado difícil encontrar los diez que necesitaba. Algunos fueron compañeros nuestros en la Facultad. Les expuse las condiciones y negociamos el sueldo a percibir, pero también pensé que sería bueno ofrecerles un tanto por ciento de los beneficios, si los hubiere, claro está, y lo aceptaron todo.
  • ¿Y ahora?
  • Pues ahora viene lo económico. Aquí te he traído un estudio detallado del dinero que hay que poner sobre la mesa para pagar los alquileres de los locales, ojo, pero siempre con opción de compra si a nosotros nos interesa. Y te incluyo los costes de las reformas que hay que hacer y todo lo demás.

 

Don Juan tomó los folios que le entregaba Felipe, los repasó y entonces le dijo:

 

  • No está mal, entra dentro de mis posibilidades. Pero, verás, por si no lo sabes, te lo digo ahora. A mis padres les llevaba todos sus asuntos económicos un administrador, especialista en la Administración de Fincas, y a él, ya le di instrucciones para que atienda tus necesidades económicas o de cualquier otro tipo. Así que toma nota de su nombre y su teléfono y te vas a verle cuando puedas. Se llama Don Francisco Molina y aquí tienes su tarjeta, te pones en contacto con él y él te entregará el dinero en cuanto tú se lo pidas. Si hay que firmar algo él puede hacerlo en mi nombre. Tiene poderes notariales para ello.
  • Pues, no se hable más. Juan, eres la hostia, eres el de siempre, un previsor insoportable, ja,ja,ja – y Felipe no pudo evitar la risa.
  • Pues no, no he terminado. Mañana me voy de viaje, y estaré fuera un tiempo, no se cuántos días, pero me gustaría ver “nuestras” farmacias abiertas lo antes posible.
  • Bueno, y ya te he visto esta mañana en el “Arriba”, joder creí que lo que me contaste de la “Bayer” no venía tan rápido.
  • Eso digo yo, joder, pero ya ves, así son los alemanes.
  • Ahí se necesitarán también farmacéuticos españoles...
  • No lo sé, de momento sólo habrá máquinas excavadoras, ladrillos y cemento. Según los planes de los directivos de “Bayer” si no surgen problemas e imprevistos antes de un año estará la Planta de Fabricación de la Aspirina en marcha.
  • Y tú serás el flamante Director General... macho, por si no eras suficientemente rico, con eso te vas a forrar.
  • Oye, Felipe, ¿qué tanto por ciento de los beneficios has acordado con los Licenciados?
  • Pues, la verdad, es que no concretamos el tanto por ciento exacto, quizás porque antes lo quería hablar contigo ¿te parece bien el diez?
  • No, dales más, dales hasta un veinte por ciento. Quiero que defiendan su farmacia como si fuera suya. ¡Ah, y no te pares, en cuanto tengas las diez en marcha te vas a por otras diez!

 

Y los dos amigos se despidieron y quedaron en verse cuando Don Juan volviese de su viaje.