José Manuel Estévez Payeras es natural de Palma de Mallorca, donde nació en 1962. Ingresó en la Escuela Naval Militar en 1981, saliendo diplomado como teniente de Infantería de Marina en 1986. Su carrera profesional ha transcurrido en unidades del Tercio de Armada, fundamentalmente en la Unidad de Operaciones especiales y los dos batallones de desembarco, y de la Guardia Real, donde fue capitán de la compañía del Mar Océano. En dos ocasiones fue desplegado en Bosnia Herzegovina al mando de un batallón de intervención multinacional.

Ha sido Ayudante de S.M. el Rey, profesor del Centro Superior de Estudios de la Defensa, secretario del Comité Permanente hispano norteamericano de Defensa y Agregado de Defensa de España en Sudáfrica, Angola, Mozambique y Namibia. Cazador paracaidista, buceador de combate, desactivador de explosivos. Es diplomado en Estado Mayor y en el Colegio de Defensa de la OTAN y cuenta con un máster en Seguridad y Defensa por la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de numerosos artículos y colaboraciones sobre temas relacionados con la seguridad y la defensa. Estudioso de la batalla de Krasny Bor, firmó su primer trabajo sobre ella en 1997. En 2020 coordinó el libro 5 Guripas del 262 dedicado al Regimiento 262 de la División Azul.

¿Por qué ha escrito "Solo Muere el olvidado"?

Son muchas las razones pero destacaría dos de ellas, una basada en el agradecimiento y la admiración, la otra de índole personal.

El tiempo pasa y la mayor parte de los divisionarios nos han dejado. Considero importante que las futuras generaciones conozcan al detalle y con veracidad quienes fueron estos hombres, qué los movía y de que fueron capaces. En el libro trato de poner en valor a todos aquellos soldados españoles que se dejaron la piel en una guerra que asolaba el mundo. Hombres anónimos que dejaron sus vidas atrás en favor de unos ideales y del sentido militar del honor luchando muy lejos de su patria. Como definió brillantemente el general Aramburu Topete, también divisionario, combatieron "lejos de España, pero por España".

Pero es que, además, mi abuelo, el comandante Payeras Alcina, fue uno de ellos y a pesar de no haberlo conocido, siempre me he sentido en deuda con él. Para entendernos a nosotros mismos, conviene entender a los que nos han precedido. Mi abuelo murió cumpliendo su deber y no puedo estar más agradecido a mi familia por el esfuerzo que hizo por trasmitirnos su legado.

La batalla de Krasny Bor constituye el punto culminante de su obra. ¿Dónde radica la importancia de esta batalla?

Sin duda, Krasny Bor fue la batalla más dura y decisiva que libró la División Azul en Rusia. Historiadores tan sólidos como David Glandz o Carlos Caballero Jurado la consideran una de las más importantes para obtener el control de Leningrado. Se puede afirmar que su resultado, el hecho de que la línea defendida por los españoles resistiese la ofensiva soviética, permitió alargar el cerco alemán sobre la ciudad durante un año más.

La mañana del 10 de febrero de 1943 nuestros compatriotas fueron atacados por 35.000 rusos que valientemente intentaban romper el cerco de Leningrado. Tres batallones españoles, acompañados por una serie de unidades de apoyo, aguantaron el asalto ruso; el de mi abuelo, que es el que relato, el de reserva 250 y el I del 262. Sufrieron una auténtica avalancha de carros de combate, batallones de infantería y fuego de artillería enemigos. La diferencia en número de hombres era abismal. Algunos autores hablan de una superioridad de 13 a 1. Nuestros compatriotas resistieron aislados, peleando en un combate desigual que consiguió frenar el asalto, cediendo poquísimo terreno y evitando la ruptura del cerco. Como se relata en el libro, su esfuerzo por no dar un paso atrás, por cumplir la misión, les costó un precio altísimo.

¿Quién es el principal protagonista de su obra?

Solo muere el olvidado” recoge las microhistorias de decenas de personajes desconocidos que se comportaron con un sentido de la lealtad y el compañerismo extraordinario. El libro narra las experiencias entretejidas de un batallón, y este se convierte en el auténtico protagonista de la obra. Cada miembro del segundo batallón del regimiento 262 aporta su granito de arena para construir una historia coral de sacrificio, sentido del deber y camaradería.

¿Cómo ha conseguido enlazar todas estas historias?

El relato se vertebra mediante el diario de operaciones de la unidad y la correspondencia del comandante Payeras con Conchita, la esposa que le espera impaciente en Mallorca. Las vicisitudes de una decena larga de personajes secundarios da un poco más de cuerpo a una historia que se completa con los hechos de armas y las anécdotas de un millar de héroes anónimos, de los que nadie se acuerda. Es a estos últimos a quien va dedicado este libro.

El pesar por la pérdida de un compañero, la monotonía de las guardias, el dolor de las heridas, los bombardeos, un frio desconocido para los españoles, la correspondencia, la dificultad para explicar a las familias lo que están viviendo o la letal eficacia de los francotiradores rusos, se mezclan con los pequeños detalles de una vida cotidiana, con lo poco que se duerme, lo que se come, lo que se festeja y lo que se comenta en los búnkeres que cierran el asedio de la ciudad rusa. Cada anécdota contada es parte del conjunto, cada experiencia un ingrediente de la totalidad.

Aparte de su abuelo, en el relato aparecen una decena larga de personajes secundarios muy interesantes. ¿Quiénes eran?

Se trata de un grupo de personajes muy variado. Algunos son muy conocidos como el capitán Teodoro Palacios Cueto, laureado y héroe durante once años de cautiverio en Rusia, o el también capitán Guillermo Quintana Lacaci, que muchos años después tendría una actuación decisiva para el fracaso del golpe militar del 23-F. Otros, la mayoría, son completamente anónimos, como Pedro Cardeña, un joven sastre de Arjona que sirvió como enlace y asistente del comandante Payeras haciéndose acreedor de toda su confianza y aprecio.

El medico Rafael Ojea Rabasa, muerto en acción tras socorrer y salvar la vida a docenas de heridos; el teniente bilbaíno Vicente Ybarra, mano derecha del comandante; el universitario madrileño Sixto Botella López del Castillo; el soldado asturiano de 19 años José Rodríguez Ania; el capitán Edmundo Campos, valiente entre valientes; el de su mismo empleo Ricardo Arozarena Girón, cerebral y capaz de mantener el fuego de sus ametralladoras durante toda la batalla; el sargento Villarrubia y el sargento Salamanca, líderes firmes en sus ideas; los dos generales que mandaron la División Azul dirigiendo las operaciones del batallón y algún protagonista más que irá descubriendo el lector sin necesidad de mayores indicaciones.

¿Cuál era la procedencia de los componentes del batallón objeto de su estudio?

El "corpus humano" del batallón es muy heterogéneo. En él formaron hombres de cada región de España, de diferentes procedencias sociales, con diferente profesión, de diversas edades y niveles económicos, con convicciones políticas o sin ellas, con cargas familiares o no y con muy diferentes niveles de educación. Cada uno tuvo sus motivos para alistarse pero todos se comportaron de una forma muy parecida. En el libro incluyo una serie de fotografías de carnet, la mayor parte de ellas sacadas de los documentos de filiación, en las que se pueden ver estas diferencias.

Y hablando de convicciones políticas, ¿son estas importantes en su trabajo?

He escrito este libro desde un punto de vista totalmente apolítico, colocando en boca de sus protagonistas lo encontrado en la documentación que he consultado. El ensayo está concebido como un relato histórico y humano, narrando los hechos desde las vivencias de los soldados que estuvieron en Rusia. En mi estudio no es tan importante por qué fueron, ni sus motivos, ni sus ideales, lo que importa es el valor humano, su memoria y su recuerdo, que estaban en aquel lugar y se comportaron como buenos españoles.

¿Cuáles han sido las principales fuente de documentación?

Los fondos de los archivos militares de Ávila y Segovia y las aportaciones de las familias de algunos de los protagonistas, principalmente diarios y cartas escritas desde el frente.

Consultar en los archivos casi mil expedientes personales ha sido un largo trabajo que se ha alargado en el tiempo durante casi siete años. Aunque pudiese parecer lo contrario, ha sido una labor bonita en la que me han ayudado mis hermanos y mis hijos. No la hubiera podido acometer solo y porque no decirlo cada descubrimiento interesante se celebra mejor en compañía. Las anécdotas con valor histórico encontradas en cartas y diarios se cruzaron con la información oficial de esos mismos archivos para evitar exageraciones o la aparición de hechos desdibujados a lo largo del tiempo.

Hemos leído libros novelados sobre la batalla, pero propiamente no uno con el
rigor histórico que tiene este. ¿Qué es lo que aporta de nuevo en la forma de contar la batalla?

En ocasiones, los ensayos históricos son difíciles de leer y están dirigidos a un público concreto, a personas con profundos conocimientos sobre la materia. Con esta obra pretendo aumentar ese alcance. Su objetivo es llegar a lectores con menos información previa. Sin dejar de ser riguroso, en lo histórico y en lo militar, pretendo dar a conocer, de forma amena y desenfadada, la difícil y arriesgada vida diaria de unos españoles que combaten lejos de su tierra con el telón de fondo de una guerra ajena e inmisericorde. Las notas a fin de texto me permiten citar las fuentes y dar verosimilitud al relato, evitando que este pierda agilidad.

Supongo que se lo habrán comentado muchas veces pero llaman la atención los títulos de los capítulos, ¿qué la he llevado a titularlos eligiendo estrofas del himno de infantería?

Once capítulos, once estrofas del himno de la Infantería española. La mejor infantería del mundo, como diría el General Dávila, un antiguo y muy querido jefe mío capaz de combinar con la maestría de los clásicos la pluma y la espada. Es el mismo himno que cantó en el Alcázar de Toledo mi abuelo cuando era un joven cadete, el mismo que cantaron mis hermanos y el mismo que se canta hoy en día.

Siempre he pensado que es necesario concentrarse en la letra del himno haciendo abstracción de la música, que es vibrante y guerrera, para escuchar un auténtico compendio de las virtudes militares y de lo que realmente mueve a un soldado en combate. Sus estrofas, están llenas de los valores que dan sentido a la profesión de las armas: sacrificio por el bien común, honor, patriotismo y agradecimiento. Que mejor título podría encontrar para los capítulos de una historia protagonizada por infantes de a pie, tan parecidos cómo es posible ser al soldado español de cualquier tiempo.

Y para terminar, ¿qué le gustaría destacar del contenido de su ensayo "Solo muere el olvidado"?

Dos consideraciones importantes para mí. La primera se refiere a su estructura. Se trata de una historia coral de una unidad militar, de un batallón. En él se menciona algún detalle, alguna vicisitud de mil de sus componentes, de manera que en su conjunto se pueda tener una idea de cómo vivían, lo que sentían, lo que hicieron y la atmósfera en la que se movían. Detrás de cada una de estas anécdotas hay un pequeño trabajo de investigación y documentación.

En segundo lugar, destacaría su objetivo; poner en valor a los protagonistas de esta historia de determinación y sacrificio, su memoria y su recuerdo. De ahí el título que he elegido "Solo muere el olvidado". No nos podemos permitir pasar por alto su sacrificio. Merecen ser recordados, no solo en sus familias, haciéndoles ver que entre sus antepasados hubo un soldado que no solo luchó y murió por España, sino también por el resto de la ciudadanía compartiendo una historia de compromiso y compañerismo. Nos vendrá bien para vivir el presente.