Sus textos son absorbentes, adictivos, vertiginosos, tienen sonoridad, su arquitectura es fecunda. Le esperan como su sombra, sin vocación, son una ventana por donde se asoma y le imprime al tiempo un tratamiento muy acertado. Retrato fiel y cercano del marco de convivencia del momento.
A sus lectores nos pasa la antorcha de la lectura de la que la llave siempre está en su poder.
 
Falleció el 29 de septiembre de 1902, se llamaba Émile Édouard Charles Antoine Zola.
Mediante la escritura ajustó cuentas con su tiempo. Leerlo es una celebración.
Nada acomodaticio, en la distancia se enfrentó, movió los hilos, reivindicó la literatura, fue una de las voces renovadoras, difícil es trazarle un camino.
Personaje determinante del escenario literario francés, uno de los vértices vertebradores del naturalismo. 
 
En su probeta mezcló la palabra, la sensibilidad y la vehemencia, rompió moldes.
En muchas ocasiones su recorrido está conjugado en presente siempre huérfano.
En el panorama literario pisó con personalidad propia y firmeza.
Pensaba que en sus escritos no hacía falta buscar mucho más detrás de lo que se mostraba. En cada renglón juega, nos sorprende...
Dota de significado cada una de sus frases, para que los lectores las hagamos nuestras, dependiendo de las vivencias particulares.
Cada letra se adentra en un viaje por la memoria del inagotable espejo de nuestras lágrimas que disiente de la lava y sus cicatrices...  
 
Nos prepara para que desarrollemos una conexión emocional con sus personajes que nos marcan el ritmo, sus diálogos son pura pasión, van directos al corazón del lector, es el caso de "Naná", que es una novela descomunal.
 
Fue un escritor comprometido, criticado y elogiado a partes iguales, hizo inmersión en la novela, ensayo, artículos, teatro, crítica pictórica, etc.
Escribió en diferentes periódicos.
Su producción literaria es considerable. Destacaré algunos de sus libros.
 
Entre sus primeras obras se encuentra:
* Cuentos a Ninon.
Son un conjunto de relatos, (1864).
* La confesión de Claude.
Novela autobiográfica. (1865).
 
Tiene varias series:
- Los Cuatro Evangelios.
La componen: "Fecundidad", (1899). "Trabajo", (1901). "Verdad", póstuma, (1903). "Justicia", (inacabada).
 
- Las Tres Ciudades.
"Lourdes", (1894). "Roma", (1896). "París" (1898).
 
Aunque la más sobresaliente es la colección: 
- Les Rougon-Macquart. 
Son treinta y un volúmenes, más de doscientos personajes, veinte novelas, algunas de ellas son:
* El paraíso de las damas.
* Germinal.
Es una de las novelas más duras que escribió. Pone de manifiesto la cruda realidad. 
* Naná.
(1880). Nos presenta las vicisitudes vitales de su protagonista, Anne Copeau. Personaje fascinante, aunque el desenlace es trágico.
 
Su primera obra maestra es: Théresè Raquin. (1867). Se encontró de frente con el rechazo de los moralistas.
Es el autor de algunos ensayos de naturaleza, tambie´n de dos obras de teatro que no llegaron a representarse:
* Magdalena, (1865).
* La fea, (1865). 
 
El exilio en Reino Unido le vino dado como consecuencia de la publicación de: "¡Yo acuso!", en (1898) en el periódico L,Aurore, el resultado fue la enemistad con algunos de los estamentos de la sociedad, por salir en defensa de Alfred Dreyfus, capitán de origen judío, acusado por los militares antisemitas de alta traición a la patria. Posteriormente, Dreyfus demostró su inocencia.
 
La escritura fue su brazo ejecutor y lo adaptó a su prisma personal.
Mantuvo buena amistad con el pintor Paul Cézanne.
 
A las afueras del cielo la luna descalza camina sobre su inmensidad, el oleaje ignora al adverbio de lugar que clausura su vía crucis.
 
"Ahora, el antisemitismo. Él es el culpable. Ya dije de qué modo esa terrible campaña, que nos hace retroceder miles de años, indigna mis ansias de fraternidad, mi afán de tolerancia y de emancipación humana". (Émile Zola).