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Desde que, con 15 años, leí “Niebla” y la primera biografía de Don Miguel de Unamuno y supe que murió la noche del 31 de diciembre cuando ya estaban las uvas incluso preparadas, no he podido vivir sin su recuerdo cada Nochevieja de mi vida. Hace muchos años escribí para uno de mis periódicos un pequeño comentario recordatorio que reproduzco todos los años, tal día como hoy, como homenaje al que fue y sigue siendo mi guía y mi mentor espiritual. Es este pequeño comentario: 

Para quien esto escribe el 31 de diciembre es y será mientras viva el día del recuerdo de don Miguel de Unamuno, el guía espiritual de la Generación del 98 y de todas las generaciones que vinieron después. Unamuno murió en Salamanca, tal día como hoy del año 1936, y cuando faltaban pocos minutos para que sonaran las campanadas de la Noche Vieja. Pero, murió el hombre y quedó la obra, una obra impresionante con incursiones en la novela, en la poesía, en el ensayo, los artículos y el teatro. "Paz en la guerra", "Amor y pedagogía", "En torno al casticismo", "Sobre el porvenir de España", "San Manuel Bueno" y sobre todo "Niebla" permanecen en el re- cuerdo de los amantes de las letras del mundo entero. La muerte de Unamuno le sobrevino cuando España ya estaba inmersa en la terrible Guerra Civil de 1936-1939.

Don Miguel de Unamuno vivirá eternamente para mí.