Todavía se seguía hablando en la calle y en todos los medios de comunicación de las declaraciones de Doña Letizia en la revista “Hola” (las mujeres se habían entretenido con las fotos donde aparecía la Princesa y en el modelo rojo que llevaba puesto), cuando a las 7 de la tarde del día 4 aparecieron en la tribuna los tres oradores que iban a participar en el acto electoral y habían organizado al unísono el “PJR” y la “UdyP”, los dos partidos que se habían coaligado para las elecciones generales del día 14: la de la Presidencia de la República y la de las Cortes Constituyentes.

Los tres oradores no eran otros que Don Felipe de Borbón, Doña Rosa Díez y Doña Leticia.

Pero, aquello fue más que un acto electoral, aquello fue una vorágine popular. Porque desde horas antes de que comenzara el acto las calles adyacentes al Palacio de los Deportes eran un verdadero hormiguero de hombres, mujeres y niños que incluso a sabiendas de que no iban a poder entrar (el Palacio sólo tiene cabida para unas 18.000 personas y allí en los alrededores habría ya más de 200.000). Desde la plaza Colón hasta la plaza de Roma, Doctor Esquerdo, Ibiza, Narváez, Menéndez Pelayo, Príncipe de Vergara y Goya estaban abarrotadas.

La llegada del Príncipe y Doña Letizia provocó un clamor nunca visto en un acto político. Los protagonistas tuvieron que entrar en las dependencias del Palacio con gran aparato policial que les abría el paso. Lo más curioso es que casi todos portaban banderas y banderines con los colores de la vieja bandera republicana.

Y en medio de ese gran clamor comenzó el acto, que presentaba Isabel San Sebastián.

La primera en tomar la palabra fue Doña Letizia, que ese día vestía más informal de lo que en ella era habitual. Pantalones negros muy ajustados y una especie de blusón blanco con lunares rojos; el pelo recogido en un moño alto y unos tacones enormes. Estaba guapísima.

Y Doña Letizia se situó delante del micrófono, de pie, y con gran soltura y una sonrisa de felicidad, y una nítida dicción, comenzó diciendo:

“Madrileños, españoles todos...

Un momento, un momento, que me he equivocado de entrada (dijo entre risas y en un tono hasta populachero, lo que provocó una primera reacción de aplausos y de gritos que coreaban su nombre).

Gracias buena gente, gracias. Sois divinos (y otra vez surgieron los aplausos. Y es que aquel público estaba ya entregado de antemano).

Estoy aquí, no para hablar de política, que de eso los que saben son estos dos que tengo a mi izquierda (y más aplausos, ahora para el Príncipe y Rosa Díez, quienes se pusieron de pie y saludaron llevándose las manos al pecho y luego con la uve de victoria). Estoy aquí para presentarles a este viejo carcamal de mi marido (y esto ya fue la locura. El nombre de Letizia trascendía las paredes del Palacio y miles de personas lo repetían en el exterior). Un marido que se me ha vuelto loco y quiere ser ni más ni menos que Presidente de la República. Lo que es la vida, ayer iba a ser Rey de España y ahora quiere ser Presidente de la III República (más aplausos y gritos con el nombre del Príncipe y un eslogan que caló pronto entre los asistentes y que se repetiría a lo largo de la tarde: ¡¡FELIPE, PRESIDENTE!!).

Pero, que conste en actas, yo le apoyo y le apoyaré siempre. ¿Y sabéis por qué? Porque es un tío cojonudo y (y otra vez la interrumpieron los aplausos y los gritos con su nombre y vivas al Príncipe)... y, decía, porque es el padre de mis hijas y porque estoy más enamorada que cuando me casé. ¿Y sabéis por qué? Porque este hombre es un político nato y porque lleva a ESPAÑA en su alma ... (¡¡¡LETIZIA!!! ¡¡¡LETIZIA!!! ¡¡¡LETIZIA!!!...aquello era ya casi un tumulto). ¡Que nadie se engañe! (casi gritó también la Princesa), ¡que nadie se engañe!... DON FELIPE SERÁ EL MEJOR PRESIDENTE DEL MUNDO. (Fuertes aplausos y gritos coreados a favor del Príncipe). Bueno, pues ya he dicho lo que quería decir. ¡NO!, me falta una última cosa: Gritad conmigo... ¡¡¡FELIPE PRESIDENTE!!! Gracias. (¡buh! y ya fue la locura).

Y la presentadora del acto, Isabel San Sebastián, volvió al micrófono.

--- A continuación... (pero, como seguían los aplausos y el jolgorio tuvo que repetirlo varias veces)

--- A continuación... A continuación... por favor, silencio... A continuación, tiene la palabra la Presidenta del Partido "UPyD", doña Rosa Díez. (Y doña Rosa se levantó y se dirigió hacia el micrófono en medio de grandes aplausos)

--- Queridos amigos -comenzó diciendo- venía aquí con la intención de desgranar el programa de mi Partido, Unión Progreso y Democracia, pero ya me habéis convencido de que hoy no es día de rollos políticos. Por eso me voy a limitar a decir por qué estoy aquí y al lado del Candidato Don Felipe de Borbón (más aplausos y nueva interrupción). Sabéis que durante muchos años fui socialista y miembro del PSOE, pero también sabéis que hace unos años rompí mis carnets y fundé, con un grupo de amigos, otro Partido, el UPyD. ¿Y sabéis por que rompí con el PSOE? Rompí y me fui cuando descubrí que al PSOE le importaba tres pepinos Euskadi, mi tierra, y hasta España. Que sólo les interesaba el Poder y los sillones del Poder. (Otra vez grandes aplausos)... Por favor, por favor... ¿Y por qué me he aliado con el Príncipe Don Felipe? Os lo voy a decir muy claro: porque, en las reuniones que hemos tenido desde que ´se postuló como Candidato a la Presidencia de la República, me he convencido de que este hombre ama por encima de todo a España... ¡¡Sí, sí, a ESPAÑA!! (y se armó un escándalo y un griterío de ¡¡Viva España!!)... Es verdad que cuando escuché por primera vez su apoyo al derecho de autodeterminación me asusté. Lo reconozco: fue una sorpresa para mí. Pero, cuando me explicó con detalle su propuesta inmediatamente me puse de su lado. Porque tiene toda la razón al desear resolver de una puñetera vez el "problema catalán" y el "problema vasco". España no puede vivir eternamente con la espada del independentismo en el cuello. Si los catalanes y los vascos no quieren ser España o quieren vivir fuera de España, lo mejor es que lo digan en las urnas. Con España o fuera de España. No hay más. (Más aplausos).

Por eso estoy aquí y por eso hemos acordado trabajar juntos. Nosotros le apoyaremos para que consiga su propósito y él nos apoyará para las elecciones a Cortes Constituyentes. Así que en este momento de alegría sólo puedo pediros el voto para Don Felipe de Borbón. ¡¡Viva España!! ¡¡Viva el nuevo Presidente de la III República!! (y se armó. Rosa Díez fue más aplaudida que seguramente lo habría sido en toda su carrera política).

Y volvió a salir la presentadora Isabel San Sebastián.

-- Por favor, silencio, silencio. Les pido un poco de atención. A continuación tiene la palabra... ¡¡El Candidato Don Felipe de Borbón!! (Y aquello fue la apoteosis de aplausos).

Entonces Don Felipe se levantó de su asiento y al pasar al lado de la Princesa en dirección al micrófono tuvo el detalle de besar, aunque muy ligeramente a Doña Letizia. Dios, la que se armó, porque de pronto se oyó una voz femenina solitaria que gritó ¡¡Que se besen!!, ¡¡que se besen!!... y fue como una mecha encendida, ya que mil, diez mil, todos los que llenaban el Palacio, se sumaron al mismo grito y el ¡Que se besen, que se besen! fue coreado con tal fuerza que trascendió a la calle y cundió entre los que seguían el acto desde el exterior.

Pero, Doña Letizia, rápida como el viento, se levantó a su vez y casi corriendo se acercó a Don Felipe y de un salto se abrazó a él y le besó en los labios, ¡vaya que si le besó!... y ya fue la locura. Aplausos, vivas a Don Felipe, vivas a doña Letizia y vivas a España.

El Príncipe aguantó la marejada con el micrófono en las manos y esperó hasta que se calmaron los ánimos. Fueron más de cinco minutos de aplausos y gritos.

--- Por favor, por favor, silencio. Dejad que hable Don Felipe - dijo la presentadora San Sebastián.

--- Amigos todos -comenzó diciendo el Príncipe- no sabéis qué feliz me siento hoy. Y me siento feliz porque hoy voy a poder decir lo que a mí me dé la gana y no lo que me hayan escrito los del Gobierno. Hoy me siento más libre que nunca. Hoy me siento feliz porque voy a poder hablar de ESPAÑA sin complejos y sin censuras. ¡¡ESPAÑA!! (y aquí se volvió a armar, ya que miles de gargantas gritaron al unísono el nombre de ESPAÑA)

Por favor, escuchadme. Me están llamando ya hasta traidor porque defiendo y he planteado ya el derecho de los pueblos españoles a la autodeterminación. Me acusan de que eso es romper la unidad de España. Pues, yo digo que no. Lo que yo digo es que ya es hora de que los pueblos hablen y digan si se sienten y quieren ser españoles o no.

España es grande, lo más grande del mundo, pero también son Grandes Cataluña, Euskadi, Cantabria, Asturias, Galicia, Extremadura, las Castillas, Aragón, Navarra, Valencia, Baleares, Murcia, La Rioja, Canarias, Ceuta, Melilla y Andalucía. ¡Y Madrid, siempre Madrid, el rompeolas de las ESPAÑAS! (y otra vez volvió la locura y miles de gargantas gritando el nombre de Madrid).

Todos los pueblos de España son grandes, pero si alguno de ellos no se siente español no podemos obligarle por la fuerza a mantenerse dentro de la gran España. Que se manifiesten en las urnas y lo digan abiertamente. Pero, ellos, los pueblos, no la clase política dirigente, que a lo mejor o peor sólo aspiran a mantenerse en el sillón del Poder.

España, la gran España, no puede perder el tiempo discutiendo siempre el "problema catalán" o el "problema vasco". Otros problemas deben ocupar nuestro tiempo: el paro, la seguridad ciudadana, la vivienda, la educación, la sanidad, la juventud, nuestros ancianos, nuestra pisoteada agricultura...

Lo digo y lo repito: se acabaron los independentismos de salón. O dentro de España o fuera de España.

(¡España! ¡Es-pa-ña! ¡Es-pa-ña!...y los miles de dentro y los miles de fuera corearon a gritos el nombre de España).

También quería hablaros (pero, seguían los aplausos y los gritos)... También quería hablaros del tema que más daño ha causado a nuestra Democracia: ¡la corrupción! (y aquí sí que se armó, porque fue mencionar esa palabra y saltó un grito unánime: ¡¡No a los corruptos!!, ¡¡ fuera corrupciones!!). Sí, sí, ya lo sé -continuó el Príncipe cuando le dejaron- y estoy de acuerdo con vosotros. Y yo os aseguro, que si me dais vuestro voto y salgo elegido el próximo día 14 aplastaré a los corruptos. Es más, y os lo juro, donde yo esté jamás habrá corrupción. (Y más aplausos).

Pero, aquí termino hoy. Tiene razón nuestra amiga Rosa Díez: hoy no es día de rollos políticos.

Hoy es un día de alegría.

Sin embargo, no sería bien nacido si no os pidiera un último favor.

Os pido que el próximo día 14 votéis a Rosa, porque estoy convencido de que Rosa sería una gran Presidenta del Gobierno. Un aplauso para Rosa Díez. Gracias a todos.

(Y el Príncipe y Rosa Díez se fundieron en un gran abrazo, mientras las miles de personas aplaudían y gritaban eso de FELIPE, PRESIDENTE).

Por los altavoces internos y externos comenzó a escucharse la voz inconfundible de Raphael que cantaba su canción preferida: YO SOY AQUEL.

Pero lo gordo llegó a la salida, porque aquello era una marea humana gritando el nombre del Príncipe. Tanto que para poder salir el coche tuvieron que ponerle delante 12 motoristas y dos coches de la policía, e igual por atrás. E incluso así la comitiva tardó en llegar casi media hora a la plaza Colón y enfilar la calle Génova. Los madrileños saludaban al Príncipe y a la Princesa como si ya fuesen los Jefes del Estado.

Y naturalmente las portadas de los periódicos del día 5 iban todas dedicadas al acto-mitin del Príncipe y Rosa Díez en el Palacio de Deportes de Madrid. Pero, entre todas destacaba la de "El País". Porque aquello ya no era una información, ni siquiera una opinión, aquello era una declaración de guerra. El periódico de Prisa titulaba, con las letras más grandes que había utilizado nunca, así:

DOS TRAIDORES SE ABRAZAN

ANTE 20.OOO FOROFOS DE LA EXTREMA DERECHA

 

El chaquetero Felipe de Borbón y la socialista renegada Rosa Díez se ponen de acuerdo para cargarse España.

* *

Piden y defienden el Derecho de Autodeterminación de los pueblos de España y se apuntan a una República Federal.

* *

Y por si no bastara con los titulares en la primera página empezaba un feroz artículo firmado por el mismísimo Juan Luis Cebrián con este título:

"HAY QUE ACABAR CON EL ÚLTIMO BORBÓN".

Y citaba las famosas palabras de Pablo Iglesias contra Don Antonio Maura de 1910:

Hemos llegado al extremo de considerar que antes que SS suba al Poder debemos llegar hasta el atentado personal.

Era la guerra. El País se posicionaba ya claramente contra el Candidato Don Felipe de Borbón.

Pero, la tercera bomba de la campaña del Príncipe apareció en la portada de “El Mundo” el día 5, porque con grandes titulares anunciaba una entrevista en exclusiva que le había realizado a Don Felipe de Borbón el columnista estrella del periódico, Raúl del Pozo, en el Hospital de Momtreux. Ya los titulares adelantaban el contenido de las declaraciones del candidato a la Presidencia de la República:

Entrevista en exclusiva con Don Felipe de Borbón y Grecia.