(…) Sólo quisiera saber /para apurar mis desvelos /-dejando a una parte, cielos, /el delito del nacer-, / ¿qué más os pude ofender, /para castigarme más? / ¿No nacieron los demás? /Pues si los demás nacieron, / ¿qué privilegios tuvieron / que yo no gocé jamás? (…)

Esta décima, perteneciente a la impresionante obra “La vida es sueño”, del ilustre madrileño Calderón de la Barca, explica perfectamente –para toda alma sensible e intelectualmente dotada – lo que estamos viviendo en Madrid actualmente. Este autor del Siglo de Oro, explica perfectamente el actual Siglo de SOROS. Todos los madrileños (y más habitantes de Espena, pero me centro en mi ciudad) somos Segismundo, en algunos casos literalmente, al estar encerrados en habitáculos infectos de pocos metros cuadrados.

¿Cómo es posible que, en 2020, estemos en las mismas condiciones que un personaje de 1635. ¿Qué cojones pasa con nosotros? ¿Qué coño pasa con Espena y los espenoles? ¿Cómo puede acaecer, precisamente ahora, en la vanguardia tecnológica, reeditar esta magna obra y tornarla en “La vida es pesadilla”?

Resulta que hay un virus muy letal que no mata y, a su vez, es racista y sicario. Resulta que hay un virus que ataca sólo a una parte de seres humanos. En Europa sólo a los espenoles, y en Espena, solo a los madrileños, y en Madrid solo a un millón de ellos, y entre ellos sólo a los de unas calles concretas. Y entre los de esas calles sólo a los que no trabajan, estudian, cuidan personas, van al médico y etc. fuera del perímetro de apestados y leprosos.

Resulta que es un virus que puedes dejar atado en la farola que limita la calle infectada con la sana. Y al volver a tu casa de apestados y leprosos, el virus te está esperando (espero que nadie le haya dado de comer guarrerías, que luego vomita en casa…) lo coges y lo vuelves a llevar contigo.

¿Qué pensarán los habitantes de Europa de tener un país como el nuestro en su continente? ¿Sentirán vergüenza, miedo, risa… las 3 cosas?

Segismundo salió de su reclusión, luchó, se vengó y fue Rey… Por desgracia eso fue cuando la vida era sueño, no cuando es pesadilla.

Estamos sentenciados, y lo peor es que el verdugo se regocija en nuestra agonía. ¿Cuándo le pondrá fin?

Estamos sentenciados, y lo peor es que el verdugo es tu vecino. ¿Cuándo le pondremos fin?

Estamos sentenciados, y lo peor es que la verdugo lo pagas tú (con tus impuestos, a los esbirros del sistema y a sus jefes, los políticos). ¿Cuándo nos pondrán fin?

Menos mal que soy mortal. En fin.