Como ya he contado en algunas ocasiones, cuando Franco murió -en la cama de un hospital de la Seguridad Social que, según nos dicen ahora, aún no había creado el PSOE-, el que suscribe acababa de cumplir -exactamente dos días antes- 17 años.

Como ya he contado en muchas más ocasiones -perdónenme quienes ya conozcan la historia y les parezca irremediablemente aburrida- ni en el colegio ni en el Bachiller me había adoctrinado nadie, de forma que conocía el nombre de José Antonio, la existencia de Falange Española, y poco más.

Sabía que hubo una guerra de Liberación porque, además de estudiarla como cosa histórica, mi padre tomó parte en ella de forma ciertamente curiosa, aunque probablemente las mismas circunstancias se dieran en bastantes casos. Mi padre vivía en Málaga -zona roja al comienzo-, y la familia, huérfana de padre desde años antes, las estaba pasando canutas. Algún hermano mayor había sido llamado a filas, y aunque a él no le correspondiera aún por edad no tuvo más remedio que incorporarse a filas para aliviar la situación familiar de su madre y hermanos más pequeños. Lo hizo, como le correspondía geográficamente, a los rojos, con la intención de pasarse en cuanto pudiera, y así hizo.

Entiéndase que digo rojos ciñéndome a las afirmaciones de don José Luis Rodríguez Zapatero, no sea que me venga algún fiscal tiquismiquis a buscar las vueltas.

Bien; el caso es que a lo que llevo citado y poco más se reducía mi conocimiento de la guerra, de la Falange y de José Antonio. Fue el desprecio, la náusea, la indignación que me produjeron las actitudes posteriores a la muerte de Francisco Franco las que me llevaron a interesarme por la obra de aquél hombre, y así conocí mejor a la Falange, a José Antonio, a tantos grandes hombres que ya habían pasado a la Historia y en aquél entonces -como ahora- los enanos intentaban echar de ella.

Alguien me habló de la revista Fuerza Nueva y, sin otras referencias, empecé a comprarla. Allí descubrí que existían unos libros que recogían las Obras completas de José Antonio, una biografía del mismo, y las compré, y las leí, y me cautivó la figura del héroe y la maravilla de su prosa, de su oratoria, de su idea, que -en mi opinión- llegó a cotas que nadie más ha conseguido alcanzar.

Si las Obras completas me parecieron el máximo de la expresión política y poética, la biografía me centró el personaje definitivamente, y de ambas lecturas devino una militancia en Fuerza Nueva, que después fue pasando a otros varios grupos.

He leído después otras biografías de José Antonio, pero la de Felipe Ximénez de Sandoval fue la primera, la que me acercó al personaje y a la persona, a la idea y a la mística; la que me centró la circunstancia de aquellos discursos y artículos que había leído y que me mostraron la luz. Una luz que sigue iluminando mi pensamiento, porque una vez conocida la verdad sólo un necio se apartaría de ella.

Ese es el valor, para mi, de esta biografía de José Antonio; una biografía que no es aséptica, ni distante, ni imparcial; es -su título lo dice- apasionada. Y me enseñó un camino que ya nunca he abandonado.

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