Hace apenas unos meses los tradicionalistas de todo el orbe hispano despedimos, apesadumbrados, a uno de los mayores representantes contemporáneos que ha tenido esta escuela de pensamiento en España: Aquilino Duque. Poco tiempo después, el pasado 23 de noviembre, moría el novelista y profesor universitario Antonio Prieto, uno de los máximos conocedores del Renacimiento y un importante representante del Humanismo en España. Tras varios años sin tregua donde hemos tenido que despedir a figuras tan relevantes como la de José Jiménez Lozano, Antonio Bonet Correa o Francisco Calvo Serraller, llega ahora la noticia de la muerte de Antonio Medrano. Otra vez nos quedamos a oscuras, sin esa lumbre que nos permitía atisbar más allá de la tiniebla.

El nuevo año ha rasgado su cortina con una noticia igualmente devastadora para el pensamiento tradicional: el fallecimiento, el sábado 8 de enero de 2022, del gran Don Antonio Medrano. Antes se fue un genial prosista, Duque, como se marcha ahora un pensador profundo, Medrano, sin que el recambio dentro del Saber Tradicional resulte evidente. Lo que pone en peligro toda una escuela de conocimiento. Queda, sin embargo, una plétora de bellas ideas enguantadas en ajustadas palabras, recogidas en sendos artículos y libros.

Descendiente de una familia de militares que incluye a un padre aviador y a unos antepasados que lucharon en la Reconquista, Medrano era licenciado en ICADE (Instituto Católico de Dirección de Empresas) además de un políglota especializado en asesorar a empresarios a lo largo y ancho del mundo, partiendo de su profundo conocimiento de la Filosofía Perenne (Sophia Perennis), que recogía y adaptaba al tiempo presente con maestría. Fruto de esa necesaria labor de formación nació su obra más exitosa y divulgativa: Magia y Misterio del Liderazgo. El arte de Vivir en un mundo en Crisis. Editado por Yatay, como todos los suyos, fue el primer libro suyo que leí, fascinado, tras descubrirlo gracias a una entrevista que el historiador Gonzalo Rodríguez García, su mayor discípulo y, ahora, principal continuador, le hizo para su canal de Youtube en El Aullido del Lobo: LA LUCHA CON EL DRAGÓN: ANTONIO MEDRANO EN EL AULLIDO DEL LOBO.

Además de libros como Sabiduría Activa o La lucha con el dragón, Antonio Medrano se destacó por las animadas tertulias que dirigía y por una continua labor de asesoramiento personal por la que hoy muchos le están agradecidos. Su filosofía tenía en el autoconocimiento y en la renuncia al ego una piedra de toque a modo de pilar fundamental para iniciarse en el Camino hacia la Tradición de la Verdad en unos tiempos de oscurecimiento moral y de Kali-Yuga. Para Antonio Medrano, todos somos héroes de nuestra propia vida entregados a la incesante labor de poner orden en el caos y de derrotar al dragón que albergamos en el interior, una batalla que se reproduce día tras día.

Medrano era uno de los grandes críticos de la Modernidad filosófica, quizás sólo Dalmacio Negro con su crítica al ideal utópico de “hombre nuevo”, tenga ese nivel de profundidad a la hora de señalar los grandes males de esta época de entre nuestros contemporáneos españoles: “Hacer ver que el hombre no puede ser reducido a la simple categoría de trabajador, consumidor, espectador, ciudadano, contribuyente, votante o militante, o sea, ente que trabaja, produce, consume o vota, o disfruta del espectáculo y la diversión que se le ofrece (el panem et circenses que conceden las tiranías a la plebe), como hoy suele ocurrir por desgracia. La persona humana no es un simple número anónimo (una parte alícuota de una cantidad o una gran masa mayor), un objeto o un producto con el que se puede hacer lo que se quiera, un mero individuo a merced de las ideologías y su ingeniería social. El nihilismo, que muy a menudo se presenta bajo la falsa careta del humanismo, destruye tanto la fe en la realidad (la confianza en el ser) como el amor a la realidad, los dos pilares en que se asienta la vida humana, una vida humana digna de este nombre. Y con ello introduce dos funestos fermentos que hacen imposible la vida humana y personal: la desconfianza hacia la realidad y el odio o desprecio a esa misma realidad. Dos fuerzas negativas que suponen un lento pero implacable suicidio anímico, un darse muerte a plazos, que muchas veces no tarda en traducirse en suicidio físico o autodestrucción final del individuo. Sobre esas dos bases podridas resulta imposible construir una vida personal auténtica, sólida, sana y vigorosa. El individuo que haya hecho de ellas su propia atmósfera vital, en vez de avanzar en el proceso de personalización, haciéndose cada vez más persona, se degrada y envilece, se irá deformando, disminuyendo en calidad humana y haciéndose progresivamente menos persona”.

Sintetizando la filosofía de Oriente y de Occidente, Medrano se proponía regenerar el pensamiento de una Europa descarriada por culpa de las sucesivas Guerras Mundiales, a través del perfeccionamiento individual de sus líderes y de todo aquel que buscara consejo en el Maestro. Heredero casi directo de Julius Evola o de René Guénon, Medrano estudió sin anteojeras ideológicas de ningún tipo todas las grandes tradiciones intelectuales con vocación de ser universales: de la cábala al cristianismo; del celtismo al hinduismo; del mundo grecolatino al budista. Seguidor acérrimo del Tao, estudioso apasionado de la mística, discípulo lejano del viejo Zoroastro, su obra es una equivalencia hispana de la de Ananda Coomaraswamy o el también recientemente fallecido Roberto Calasso. Medrano formaba parte de esa infrecuente estirpe de filósofos que reinventa lo difícil como fácil, para mejor entregárselo a otros.

La consecuencia vital de Antonio Medrano (para quien “la aventura de vivir es hacer”) a todos los niveles con sus ideas era evidente para cualquiera que, como ocurrió en mi caso, tuviera la fortuna de tratarle mínimamente para descubrir que, además de un sabio, también era un caballero cortés y generoso en el ámbito de lo personal. Hace meses tuve la oportunidad de poder entrevistarlo y Medrano me concedió uno de los diálogos de los que, lo confieso sin pudor, más orgulloso estoy. Sentado en el suelo, siguiendo una conocida postura de Yoga, mientras hablaba con la humildad y el tono didáctico que caracterizaban al Maestro, no pude dejar de sentir una conmovedora emoción: la misma que me embarga ahora al recordarlo por escrito. No fue la última vez que hablamos pero tampoco hubo tiempo ni ocasión para una relación más profunda. Dejo aquí, para quien le interese, el enlace de la instructiva plática que tuvimos en mi canal de Youtube: El camino de la sabiduría activa con Antonio Medrano

Me permito ahora recopilar algunas citas del Maestro Medrano, para quien anhele comenzar a iniciarse en su obra, ahora que ya está completa: “A lo largo de toda la literatura cristiana aflora como un tema recurrente este argumento del combate espiritual. En todas las épocas y en todas las lenguas en que se ha expresado el pensamiento cristiano abundan las alegorías sobre el alma como campo de batalla, ya se la describa librando duras contiendas en campo abierto con sus enemigos o sitiada en su castillo por los vicios. El Espíritu es el Reino de los Cielos que está dentro de nosotros, la Presencia divina en lo más íntimo del ser humano. El Sí-mismo o Yo eterno que constituye nuestra mismidad (yo mismo), y que me permite decir: yo soy. En el hombre se hacen presentes dos dimensiones contrapuestas: la relatividad y la absolutidad, lo relativo y lo absoluto, lo finito y lo infinito, lo inmanente y lo trascendente, lo celestial y lo terreno, lo eterno y lo temporal (perecedero y efímero). Es un ser finito, condicionado y limitado, inmerso en la relatividad, en el que mora lo Absoluto, lo Infinito, lo Ilimitado e Incondicionado. El hombre es el Rey de la Creación, hecho a imagen y semejanza de Dios. En él se hacen presentes los dos aspectos esenciales de la Realidad divina: la Sabiduría y el Amor, la Inteligencia y la Compasión o Clemencia (la Bondad). Como Rey es responsable del bien, la armonía, la estabilidad, el equilibrio y la buena marcha de la Creación. El Hombre es un microcosmos, reflejo del Macrocosmos, y, al igual que éste, un templo vivo de Dios. No puede estar en conflicto con el Macrocosmos, del cual forma parte y que se refleja en su mismo ser. Misión del hombre: actuar como intermediario entre Cielo y Tierra, entre la Divinidad y la Naturaleza. Función pontifical, sacerdotal, cósmica y cosmizadora (cocreadora). Colaborar con el Creador para perfeccionar la Creación y mantener el Orden frente a las asechanzas de las fuerzas del caos y las tinieblas”.

Otra cita de Antonio Medrano: “La vida del hombre tradicional se distingue, ante todo, de la del hombre moderno, por este criterio doctrinal, por esta sumisión a la verdad y a los principios: mientras la vida del primero se halla inspirada por entero en una doctrina que orienta, ordena y da sentido a todos los aspectos de su existencia (una auténtica doctrina: sagrada, sapiencial, suprahumana, de origen trascendente, situada por encima de los criterios y las opiniones individuales), la del último se desarrolla con independencia de cualquier orientación doctrinal, al margen de toda doctrina, ignorando incluso lo que esta palabra significa. Careciendo de una pauta normativa que guíe su vida, el hombre moderno vive a su antojo, hace lo que le da la gana. El hombre tradicional, en cambio, vive como es debido, hace no lo que le apetece o le place, sino lo que es correcto, lo que es justo y necesario”.

Más citas de Antonio Medrano: “La vida es un misterio que únicamente podemos desvelar o entender (relativamente, hasta el punto en que resulte comprensible) haciendo entrar en acción nuestras más altas facultades intelectuales (intuitivas y suprarracionales), es decir, mediante una mirada que vaya más allá de los pobres y limitados esquemas del racionalismo o el empirismo cientifista y biologista. Nos hallamos ante un misterio en el que, de forma velada pero elocuente, se revela y manifiesta la Eternidad, lo que algunas tradiciones espirituales llaman el Gran Misterio, el Misterio supremo que sostiene el Orden universal, con toda la fuerza sagrada que imprime a lo real esa presencia del Misterio, de lo Infinito y Eterno. A mi juicio, es aquí donde radica la tremenda fuerza y relevancia de la vida. Es esto lo que la rodea de un atractivo irresistible y lo que hace que sea tan valiosa, puesto que es un valor fundamental, básico y primario en el que se manifiesta y trasluce el Valor supremo, fuente y raíz de todos los valores, lo que Dante llamaba il primo ed ineffabile Valore”.

Una última tanda de citas de Antonio Medrano: “La Doctrina tradicional es la expresión de la Verdad una y única, la Verdad suprema y eterna (Paramartha- Satya), fuente y origen de toda verdad. Está basada en la Verdad absoluta que fundamenta y sostiene todas las verdades que podamos encontrar, conocer o descubrir, forzosamente relativas (samvriti-satya), con mayor o menor grado de relatividad (por muy básicas, fundamentales, importantes, elevadas y sagradas que sean). La Doctrina o Sabiduría tradicional puede asumir muy diversas formas, presentando múltiples enfoques y perspectivas, que se adaptan a las condiciones de tiempo y lugar (según las diferentes épocas y los distintos contornos geográficos, étnicos y raciales), así como a los distintos tipos humanos (su vocación, su mentalidad, sus inclinaciones, sus tendencias básicas, su cualificación y su nivel intelectual). Pero domina siempre la unidad por encima de la diversidad y de las diferencias legítimas, necesarias e indispensables: la multiplicidad en la Unidad y la Unidad en la multiplicidad”.

Y: “Por lo general, nos desconocemos por completo. Vivimos perdidos, ajenos a nuestra propia realidad, nos ignoramos, con lo cual nos atraemos toda clase de problemas y dificultades. Para encontrar el camino de la felicidad y la libertad, resulta de capital importancia seguir el mandato délfico Gnothi seautón, “Conócete a ti mismo”, que figuraba en el santuario de Apolo en la antigua Grecia. Pero para seguir dicho mandato, debo hacerme varias preguntas. Preguntas de diversos niveles, de mayor o menor calado, pero que resultan todas ellas capitales para conocerme, descubrir mi más honda esencia, encontrarme y salir del desmayo o laberinto de inconsciencia, aturdimiento, disipación y autoignorancia en que vivo instalado”.

Podemos resumir la honda filosofía de Antonio Medrano diciendo que la vida es una lucha constante entre el Bien y el Mal donde a cada instante nos vemos obligados a elegir por medio de los actos que componen nuestro Ser. Ir mejorando en ese proceso incesante de ensayo y error constituye la Sabiduría Activa: “El mito de la lucha con el dragón nos habla de este guerrear. Pero aquí la lucha tiene sobre todo una proyección interior: es guerra contra uno mismo, combate contra los impedimentos que hay en el propio ser, lucha sin cuartel contra el ego. Se trata de una guerra intestina en la que está en juego aquello que más nos importa --o que, al menos, más nos debiera importar--, a saber: nuestra libertad, dignidad y felicidad. Un combate interior que será tanto más intenso cuanto mayor sea la nobleza de la persona, cuanto más altas y nobles sean sus aspiraciones. Quien no combate internamente, pierde su vida. Quien no quiera pelear, estará condenado a vivir como un despojo viviente, como un perpetuo derrotado, como un trozo inerte zarandeado por los acontecimientos y por la fatalidad del destino. El deber hunde sus raíces en el mundo del ser y abre la vía que hacia el ser conduce. Potencia afirmadora, eseyente y serídica, acendradora y esencializadora, el deber nos da el ser, nos hace ser en la plena acepción de la palabra, nos arraiga en el ser del que brota la recta acción y, con ella, el fruto sazonado de la vida buena, plena, libre y feliz. Es el ancla que nos amarra al fondo insondable e inconmovible del Ser que sostiene y fundamenta toda existencia, librándonos así de naufragar en el tempestuoso mar de la vida”.

Hace poco un amigo me sugirió la idea de hacer un programa especial conmemorando la Navidad con Antonio Medrano. Para el filósofo nacido en 1946, esa época del año suponía siempre un acontecimiento muy especial a cuyo simbolismo le había dedicado varios artículos de muy alta factura: “Simbolismo del Portal de Belén”, “El mensaje interior de la Navidad”, “Navidad, nacimiento de Cristo, Sol del mundo” y “El significado de la Navidad”. Todos ellos están disponibles en su página web, que recomiendo visitar: https://antoniomedrano.net/. Me queda el arrepentimiento de no haberlo hecho a tiempo; pero también el consuelo de que antes de llevárselo consigo a un lugar mejor, Dios le ofreció una última Navidad a modo de reconocimiento a toda una vida de aprendizaje y enseñanza.