¡¡Increíble!!. No había amanecido todavía cuando ya las emisoras de radio y las televisiones parecían vivir una erupción volcánica. Esa mañana, que había amanecido con un frío intenso y un vientecillo proveniente de la sierra que helaba hasta las aguas de las fuentes, los tertulianos parecían combatientes preparados para entrar en batalla. En el Palacio de la Carrera de San Jerónimo los equipos técnicos reformaban el Hemiciclo para buscar mejor acomodo a los miembros de la Asamblea. Otros reformaban algunos despachos del nuevo edificio, destinados provisionalmente a los tres Regentes... y hasta en el Palacio del Pardo se hacían ya algunas reformas, porque ese iba a ser donde se fijara la residencia oficial de la Regencia.

  • Bien, señores, buenos días a todos y saludos -comenzó la tertulia en la COPE Ernesto Sáez de Buruaga.

Pero no acababa de saludar cuando ya Pedro J. Ramírez, Jesús Cacho, Justino Sinova y Antonio Casado estaban pidiendo la palabra.

  • Un momento, un momento dijo Buruaga. Creo que antes de comenzar debemos fijar, como hacen los políticos, un orden del día. Anoche pasaron tantas cosas que si las mezclamos no habrá quien nos entienda. En mi criterio debemos seguir la misma pauta que siguieron ayer tarde-noche los acontecimientos. O sea: la abdicación del Rey y su anuncio de salir de España; la transformación de las Cortes Generales en Asamblea General Constituyente; el nombramiento de los tres Regentes; el mensaje del Príncipe de Asturias, aceptando el aplazamiento de su proclamación como Rey y las dudas con respecto a la permanencia o no del Gobierno actual. Si os parece bien comenzamos por el primero. ¿Qué pensáis de la abdicación del Rey?
  • Pues, a mí no me sorprendió -dijo de entrada Pedro J. Ramírez-. Todos sabíamos ya, que dada su enfermedad, la abdicación venía de camino.
  • Sí, pero lo que no sabíamos es que el Rey está al borde de la muerte –dijo Jesús Cacho-.
  • ¿Tan grave es la cosa?- preguntó Buruaga.
  • Más grave de lo que se nos ha dicho -intervino Antonio Casado-. Según me han informado ayer mismo al Rey le han dado como máximo tres meses de vida y su situación es muy delicada y muy grave, dado que desde aquella primera operación que le hicieron el año 2009 en Barcelona, extirpándole un pequeño trozo de pulmón, le fueron realizadas otras dos intervenciones quirúrgicas hasta quedarse con un sólo pulmón. Entonces los cirujanos creyeron que habían vencido el cáncer, pero al parecer, hace dos meses descubrieron que ya tenía metástasis en el páncreas y el hígado. Y que ya no es cosa de intervenciones quirúrgicas.
  • Bueno, en realidad los Borbones no han sido muy longevos que digamos -intervino Justino Sinova, que añadió- Es cierto que su padre, murió con 80 años, pero los demás murieron más jóvenes que el Rey actual. Alfonso XIII murió con 55, Alfonso XII con 28, Isabel II con 74 y Fernando VII con 51. El Rey tiene ahora mismo 77 años y ha sido siempre un gran deportista.
  • Sí, deportista sí, pero también otras muchas cosas -intervino Pedro J.- Todos sabéis que el Rey ha tenido la debilidad o la enfermedad de todos los Borbones: el sexo. Unos líos de faldas que le provocaron serios disgustos con la Reina. Y no os tengo que recordar nombres ni hechos que vosotros no conozcáis. El Rey ha vivido como un marqués toda su vida y eso al final da la cara.
  • ¿Os acordáis de aquella vez que, según se dijo entonces, la Reina le cogió infraganti en una finca de Ciudad Real haciendo el amor con la señora de la casa y que del disgusto se fue directa a Barajas, con el Príncipe cogido de la mano, y se plantó en la India, donde vivía la madre, la Reina Federica? apunta Antonio Casado.
  • O sea, que veis bien la abdicación -dice Buruaga.
  • Sí, pero ahí lo raro es que haya decidido ausentarse de España e ir a morir a Suiza -dijo Jesús Cacho.
  • Eso tiene una explicación -intervino Sinova-. No hay que olvidar que en Lausana residió Don Juan, su mujer y sus hijos, en el Palacete de Villa Fontana, que ocupaba la Reina madre, la mujer de Alfonso XIII, Doña Victoria Eugenia, hasta que se trasladó a Estoril. Y en Lausana murió Doña Victoria Eugenia y allí fue enterrada, hasta que sus restos fueron trasladados al Panteón Real de El Escorial.

Y así continuaron desgranando los puntos del orden del día marcados por Buruaga, hasta que Pedro J. y Jesús Cacho se enfrascaron con el tema de la forma que se había proclamado la Asamblea Nacional. Cacho decía:

  • Mira, Pedro J., lo digas como lo digas lo de ayer fue un Golpe de Estado, porque cambiar lo que estaba en la Constitución aprobada por el pueblo es un Golpe de Estado.

Y Pedro J. Ramírez hasta se encrespó:

  • ¡Ni hablar! ¡ni hablar! Un Golpe de Estado se hace o se da siempre desde fuera y siempre por la fuerza. Y lo de ayer fue desde dentro, sin fuerza y por unanimidad. Yo creo que las Cortes están en su derecho y desde la legalidad pueden cambiar las cosas. Te recuerdo el “harakiri” de las Cortes Franquistas. Recordarás que entonces los procuradores de Franco firmaron y aprobaron su sentencia de muerte libre y voluntariamente.
  • No digas tonterías -le interrumpió Cacho- aquello fue un suicidio. Pero, lo de ayer fue un homicidio, se cargaron la Constitución en un santiamén. En cuanto a lo de Golpe de Estado tampoco estoy de acuerdo contigo. Un Golpe de Estado se puede dar desde fuera y desde dentro: ¿o es que no fue un Golpe de Estado lo que dio aquel impresentable Fernando VII en 1814? ¿Y el 23-F? ¿Qué fue aquello sino el intento de un Golpe de Estado?
  • ¡Estás loco, Jesús! -gritó Pedro J. -¿o es que estás acusando al Rey Juan Carlos de haber organizado él la animalada de Tejero, cuando todos sabemos que fue el Rey quien aquella noche salvó la democracia?
  • Mira, Pedro José, a ese trapo no voy a entrar. Sólo te voy a recordar los famosos versos del Conde de Villamediana, y porque me los sé de memoria:

“Mentidero de Madrid,

decidme, ¿quién mató al conde?

Ni se sabe, ni se esconde.

Sin discurso discurrid.

Dicen que le mató el Cid.

Por ser el conde Lozano.

¡Disparate chabacano!

La verdad del caso ha sido

que el dictador fue Bellido

y el impulso soberano.

Al otro lado de la calle en “Intereconomía”, los tertulianos de “El gato al agua” de Antonio Jiménez se desgañitaban con la sumisa postura adoptada por el Príncipe de Asturias. Especialmente Eduardo García Serrano y Mario Conde discutían acaloradamente, sobre todo el impulsivo García Serrano, que decía:

  • Mario, tu dirás lo que quieras, pero a mí me parece que el Príncipe se portó anoche como un cobarde. Él estaba en todo su derecho de reclamar su proclamación como Rey con la Constitución en la mano. Con lo cual demostró algo que llevan en la sangre los Borbones: la cobardía.
  • No estoy de acuerdo, Eduardo -respondió con suavidad el ex-banquero-. Eso lo dices porque no conoces, ni conocen bien los españoles, al Príncipe. Os va a sorprender lo que os voy a decir, y no sólo lo sé de buena tinta sino que lo sé por que en más de una ocasión lo hablé con él en persona. Veréis. En un viaje que hice a Estados Unidos, comí con él en un restaurante de Washington (ya sabéis que el Príncipe estuvo allí haciendo un doctorado en Relaciones Internacionales) y se pasó la comida hablando con entusiasmo del sistema político de Estados Unidos. En un momento pude cortar su monólogo y decirle:
  • Alteza, ¿y la Monarquía? Cualquiera diría oyéndole hablar que se nos ha hecho republicano.
  • Pues, no sé qué te diría, Mario -respondió el Príncipe entre risas-. Verás, hay cosas de este Sistema que me gustan más que los de las Monarquías. Aplaudo que el Presidente, es decir que el Jefe del Estado, tenga el Poder Ejecutivo, aunque esté vigilado por el Congreso y el Senado y que la Justicia sea totalmente independiente. No estoy de acuerdo con que el Jefe de una Nación, sea Presidente o sea Rey, sea simplemente una figura decorativa. E incluso me parece bien que tengan un límite en sus mandatos. Pienso que no es bueno que la Jefatura del Estado permanezca en manos de una persona de por vida.
  • Pero, Alteza, eso es todo lo contrario de la Monarquía, porque siempre se ha dicho que lo mejor de las Monarquías era precisamente el derecho hereditario, ya que ello es lo que da seguridad a los cambios y vaivenes de la política.
  • Mira, Mario, yo soy monárquico porque lo tengo que ser y lo seré y cumpliré fielmente como monárquico si algún día soy Rey. Pero, ya lo sabes, lo cortés no quita lo valiente. Es más, y te lo digo cuando soy un simple estudiante, si algún día llegara a ser Rey haría lo posible por no ser una figura decorativa. No quiero ser toda mi vida un jarrón que va de escaparate en escaparate de adorno.
  • Y no sigo, querido Eduardo, porque creo que el Príncipe de Asturias os va a sorprender a muchos, ahora que su padre ha abdicado y él tiene el pleno poder de la Casa Real.

A las 9 “Tele 5” sorprendió con un programa especial sobre la Familia Real, y aprovechando que Ana Rosa Quintana llevaba dos semanas de baja por enfermedad, la dirección lo puso en manos de Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban. Fue una hora de vértigo, de 9 a 10, y digno de ser arrojado al cubo de la basura. Porque entre los dos y los invitados especiales entraron a saco en la vida privada de todos los miembros de la Familia Real. Desde el Rey y la Reina, las Infantas Elena y Cristina, los Príncipes de Asturias (Felipe y Letizia) y en un alarde de mal gusto hasta en los de la desaparecida Reina Federica de Grecia. Allí sacaron indignidades, sin prueba alguna, que sonrojan hasta a los más atrevidos. No se puede caer más bajo, porque bajo e indigno es que se recordara aquella leyenda que circuló en torno a la Reina Federica de Grecia con un gurú en la India. También revolvieron miserablemente la vida de la Princesa Doña Letizia durante su estancia como estudiante en México y se inventaron cosas que sólo citarlas producen náuseas. Si el periodismo no estuviese en la cuneta estos personajillos deberían ser expulsados de por vida de cualquier medio de comunicación.