Presentación en la librería Tercios Viejos del cómic la Gesta del Alcázar, esta tarde a las 19, 00 hrs con la intervención del General Blas Piñar y Sacramento Ramos García nieto e hija de defensores.

«Setenta días de infierno», pero también de heroísmo continuado. Ser héroe en un momento de arrebato, dentro de lo difícil, es fácil, porque los reactivos pasionales, aunque sean pasajeros, coadyuvan y favorecen el estado emocional que ese instante de heroísmo precisa. Pero ser héroes en colectividad, durante setenta largos días en que el enemigo puede utilizar todas las armas, incluso las psicológicas, para dejar inerme la voluntad de resistencia, es tanto como llevar el heroísmo a su más alta y definitiva eje- cutoria. Cuando, por añadidura, el heroísmo se produce, sublimándose, al servicio de unos ideales sagrados, de cuya supervivencia depende el futuro de la Patria, entonces se produce una conmoción universal, una situación comunitaria de respeto y de admi- ración, un respiro hondamente humano de confianza en ese futuro tan desgarradora y varonilmente defendido.
Y eso fue, en última instancia, la gesta del Alcázar toledano. En el Alcázar, la guerra de liberación se hizo Cruzada. En el Alcázar se depuró y decantó la quintaesencia de la religiosidad, del patriotismo y de la vocación castrense de un pueblo que no se resigna a morir. En el Alcázar se dio otra vez una de esas constantes de nuestra Patria, que la identifican y personalizan históricamente: la del sacrificio por mantener el honor. En el Alcázar se mantuvo, contra todo y contra todos, en el asedio absoluto, desde el aire al subsuelo, desde los cañonazos y asaltos continuos a las amenazas cumplidas y a las suaves palabras engañosas, el espíritu de la nación, acorralado pero vivo y dispuesto para rehacerla.
La lección del Alcázar tiene el signo de lo ecuménico. Sirve para todos los pueblos y para todas las generaciones. Pero conviene aprenderla desde la juventud, y aun diría que desde la niñez.
Por eso, y esforzando hasta el límite nuestras posibilidades como editorial, hemos querido ofrecer a los muchachos de habla española, poniéndola a su alcance, la lección magnífica de la gesta de «El Alcázar de Toledo»; y no sólo para que la admiren, evo- cando con su imaginación despierta lo que imágenes y palabras escritas sugieren, sino para que la aprendan y, si llega el caso, la imiten.

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