La distopía en la que nos encontramos en este momento no es un hecho extraordinario e inédito. De una u otra manera se repite en el tiempo. Es algo que cíclicamente aparece, crea una importante conturbación en la humanidad, y después ésta recupera el equilibrio. Entre tiempos de paz y de avances económicos y de las condiciones de vida, tras un periodo de agotamiento, vuelven a resurgir las fuerzas del mal. El mal y el bien son como las olas, van y vienen. Y cuando van se llevan en ese flujo parte de los granos de arena de la playa. Y cuando vuelven se reconstruye lo deshecho.

Esa pugna entre lo construido y lo destruido, entre los ángeles custodios y el espíritu del mal, de Satán, es la tarea sin fin de la humanidad. En ese proceso, el hito que marca el avance del maligno es la pérdida de los valores y de los elementos referenciales que son las raíces antropológicas, las fuentes de la civilización. Cuando se pierden los componentes básicos de la superestructura cognitiva en la que se vive y que han sido transmitidos de generación en generación, se produce el derrumbe del edificio generador de las sociedades armónicas, con la demolición de sus pilares por pérdida del soporte que los sostienen. Y es el momento en el que hay que empezar de nuevo a reconstruir lo destruido. En el caso que nos ocupa, se trata de la Hispanidad.

En mi nuevo libro La Hispanidad descompuesta, editado por Letras Inquietas, parto de la toma de conciencia de que algo importante perdimos cuando fuimos modificando el marco cognitivo y civilizador en el que nos sosteníamos con unos cimientos construidos por valores. Todo empezó a suceder cuando dejamos de percibir que la obra de la Hispanidad fue un hecho grandioso: la construcción de una civilización inmensa; un verdadero milagro de la fuerza de la voluntad y el poder de las convicciones nacidas de ocho siglos de Reconquista. Ese empeño por recuperar la cosmovisión cristiana perdida en ese ir y venir de las olas de la historia; por causa del abandono de las referencias vitales esenciales en momentos de decadencia.  

La Hispanidad, deconstruida desde el plano cognitivo por las insidiosas campañas de propaganda dirigidas desde el mundo protestante y desde los poderes que pugnaban por el desplazamiento de España en la influencia internacional, se desmoronó cuando los españoles fuimos incapaces de diferenciar entre lo esencial y lo efímero, entre la lucha por la hegemonía ideológica de las sectas cainitas y la unidad de destino en lo universal. Ese derrumbe se llevó por delante muchas cosas, pero, sobre todo, las posibilidades reales de poder mantener las formas de vida que nos caracterizaron desde el punto de vista antropológico y cultural. Todo un imperio generador que fueron las Españas, caracterizado por los elementos de aglutinación y de formación de una cosmovisión que aglutinaba a  millones de personas, constituidos por la argamasa del catolicismo y el lazo de unión principal de ese mundo generador de civilización que fueron la lengua común, la sangre hibridada que generó mestizaje y una historia grandiosa de hombres emprendedores que llevaron un legado de dignificación de los individuos, de codificación de derechos de las personas que fueron las leyes de Indias y de construcción de universidades, hospitales, escuelas, iglesias y un sinfín de estructuras de organización vital en todas las tierras conquistadas.

Como dice Sánchez Albornoz en su obra, eso fue el enigma de algo grandioso, edificado por personas fuertes, con un sentido de la vida heroico, inigualable, elaborado desde la idea de la prevalencia de lo que tiene importancia y es perenne en contraposición a lo etéreo, a lo insustancial.

Toda esa magna obra se vino abajo durante el siglo XIX. Pero para entonces ya se habían creado las condiciones para que los hispanos de España perdieran las referencias de su pasado, y que se nos abocara a la actual descomposición, cuya imagen simbólica viene a representar magníficamente el cuadro de Goya de Saturno devorando a su hijo.

En mi libro La Hispanidad descompuesta, continuidad de Nueva Defensa de la Hispanidad, escrito tan solo unos meses antes de la pandemia que nos azota, explico este síndrome cuyo factor ha sido generado por la ingeniería de control y dominio de las masas, de cuya significación es muy representativo el signo de Tánatos. Ese signo de muerte de la energía vital de supervivencia está metafóricamente representado con lo que ocurre hoy con la excusa de la epidemia del coronavirus, aprovechada para un nuevo escenario distópico y disfuncional que nos puede llevar, si nada lo evita, hacia nuevas formas de totalitarismo que van a barrer del mapa el escenario en el que sobreviven malamente los restos de aquella Hispanidad grandiosa.

Si bien la obra de la descomposición de la Hispanidad fue urdida desde las sombras con el afán hegemonista de quienes conspiraban para apoderarse de los territorios hispanizados, la solución a los males de hoy vienen desde la idea de recomponer aquel mundo para contrarrestar la ofensiva de un globalismo homogeneizador y del colonialismo internacional con las manos largas de China como trasfondo.

La propuesta del libro no tiene nada de innovadora. Es una propuesta de reunificación que ya está presente en el espacio hispanoamericano por iniciativas de vanguardia como la de Patricio Lons en Argentina. Nuestro mundo, nuestra antropología cultural, nuestros intereses económicos de autodefensa ante el control tecnológico, a caballo de nuevas fórmulas de colonización cultural y de modificación de nuestro espacio cognitivo, puede ser restablecido. Puede ser protegido mediante la unidad de todo el universo hispano. Juntos seremos fuertes. Separados seremos despojos que servirán de alimento a los depredadores que nos ven como botín de guerra en su ansia hegemónica, a caballo entre la pujanza expansionista china y la voracidad de quienes tienen bajo su control un nuevo mundialismo, donde las personas somos meros engranajes del nuevo poder surgente, teledirigido desde gobiernos no nacidos desde las soberanías nacionales; que van aflorando desde las penumbras de la ocultación.

Ernesto Ladrón de Guevara: La Hispanidad descompuesta. Letras Inquietas (Octubre de 2020)

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