Para la mayoría de nosotros, este está siendo un verano diferente. Tras todo el tiempo del confinamiento, tenemos necesidad de experiencias diferentes, de búsqueda de nuevos aires, Japón es el destino que encaja perfectamente con estos objetivos.
 
Este año, quizás tengamos la necesidad de emplear el periodo estival en un viaje inmerso en espiritualidad natural, si es así este es el lugar.
Japón es un emplazamiento privilegiado, el clima es ideal durante la mayor parte del año.

Posee un cielo y suelo gozosos, sus jardines son frescos y alegres. Aquí se puede decir que los árboles son felices. Florece cualquier semilla que caiga en tierra fértil.
En las noches, el firmamento parece una espesura de hojas brillantes como venas resplandecientes que imprimen en la memoria del alma huellas como cicatrices. La luna está cegada de luz.
 
A la hora de viajar tenemos que asegurarnos de las medidas de seguridad, desinfección, distanciamiento de seguridad y los planes de contingencia para casos de Covid.
 
Los japoneses respetan la naturaleza sobre todas las cosas.
 
Los dioses y criaturas celestiales habitan los bosques de Kumano Kodo, que desde 2004 pertenece al patrimonio de la Unesco como "sitio sagrado y rutas de peregrinación de los Montes Kii".
Es una comunión para los sentidos.
Este y el de Santiago son los dos únicos caminos de peregrinación declarados Patrimonio de la Humanidad.

El Kumano Kodo, en la península Kii, ha adquirido gran importancia en occidente estos últimos años, más aún desde que se hermanó con el Camino de Santiago.

Desde hace siglos uno de los refugios espirituales más importantes del país son las montañas de la prefectura de Wakayama.

Cuando el budismo llegó a Japón, en el siglo Vl, Kii-no-Kuni (país de los árboles) se convirtió en un centro de formación ascética que fue afianzándose al unirse budismo y sintoísmo. En los siglos Xl a Xlll fue considerado lugar de peregrinaje, gracias a las expediciones de los emperadores que promovieron la construcción de santuarios.

Japón es un universo en sí mismo, es un destino de riquezas, sinfín de rincones que explorar, afán por disfrutar de la naturaleza.
Sus idílicos paisajes son un buen sitio para desconectar del ruido e imprimir en nuestras retinas una lección de sensualidad.
El aliento de sus montes es sano y puro, sientes la vida latir a su alrededor, soporte vital.
El aire trasflorado de sakura mima los matices en el color del sol.

El camino de Kumano Sanzan, al suroeste de la cordillera Kii, lo conforman tres grandes santuarios, Kumano Homgu Taisha, Kumano Hayatama Taisha y Kumano Nachi Taisha. Engalanado por arces (árbol de la pulcritud), olmos, alcachoferos, bambúes, estampa que nos taladra la mirada, veneración por la naturaleza, sinfonía cromática, propia de la estación otoñal. Paisajes insonorizados, simplemente están ahí...
 
Personalmente, me gusta el Ginko bilosa, es un árbol caducifolio, único en el mundo, se encuentra en peligro de desaparecer, pertenece a la familia Ginkgoaceae.
Sus hojas tienen nervaduras dicotómicas, en forma de abanico, de color verde intenso.
Es muy resistente a la contaminación, tanto es así que es el único que sobrevivió a la catástrofe nuclear de Hiroshima.
Puede llegar a vivir un milenio. Lo utilizan de adorno.
 Posee muchas propiedades y múltiples vitaminas: A, B6, B12, C, D.
En la herbolaria actual se utiliza para jarabes y menjunjes. Beneficia la circulación de la sangre.
 
Algunos de los más representativos están: en la calle Jinju Gaien (Tokio).
Paraná, Entre Ríos, (Argentina).
Morlanwelz-Mariemont (Bélgica).
 
En España los hay en: Sevilla, Toledo, Madrid, Cádiz, Zaragoza, Santiago de Compostela, Lérida, Alicante. En el Parque de Quevedo (León). En el parque de Can Godó (Teja, Barcelona).
 
"Poema a las hojas del ginkgo", este, guarda en las células de cada una de sus letras la esencia de la historia de amor de Goethe y Marianne Von Willemer, conforman la perfecta simetría.
El día 15 de septiembre de 1815 Goethe lee por vez primera el borrador de su poema. Pocos días después, el 23 del mismo mes, último encuentro de los enamorados, él le muestra el árbol en el jardín del Castillo de Heidelberg, del que cogió las dos hojas y él mismo las pegó en el poema.
Este ejemplar fue plantado en 1795, hoy ya no existe.
En el jardín del castillo en 1928 fue etiquetado como "el mismo árbol que inspiró a Goethe para crear su poema".
 
Uno de los cinco cenobios secundarios principales del Kumano,  Takijiri-oji, es la entrada a la montaña sagrada, morada de los kamis.
 
Ornamentados con abalorios y estatuas están los templos budistas.
Los sintoístas están vacíos, emanan esa energía animista que convierte en dioses (kami) a todo lo relacionado con la naturaleza y, en definitiva, con la vida.
A la figura de Buda se rinde culto en los templos budistas, y se utilizan para ceremonias específicas como funerales o bodas. 
En el sintoísmo los Kami son un todo, el sol, la lluvia, la misericordia...
 
El Torii (arco de entrada a lugares sagrados) más grande del mundo, como su nombre, Otorii, indica, con 34 metros de ancho y una altura de 42 metros, fue erigido en acero en el año 2000 y marca la entrada al antiguo Taisha de Oyunohara.
Tanto el lugar original del templo como el actual, en primavera, especialmente, acogen bellos festivales, cuando los ascetas Yamabushi de la montaña celebran el ritual del fuego.
 
En un momento en que la naturaleza es el mejor aliado para recuperar cuerpo y mente cabe destacar que desde cualquiera de sus miradores puede observarse una increíble panorámica del verdor que inunda hasta donde la vista nos alcanza.
 
Anuncian una gran riqueza de flora. Árboles que proporcionan un aire limpio y fresco, imprescindible para el que quiera volver a conectar consigo mismo.
Pasear y perderse en estos parajes, unos que son un escenario del pasado en el presente, y otros donde la historia y el futuro se unen.
 
El aire de libertad que se respira, gran variedad de actividades para el cuidado de la mente y el cuerpo. Pocos lugares pueden presumir de cumplir las expectativas y, disfrutar de su oferta turística, cultural, gastronómica, religiosa, costumbres y de ocio. Y su manifiesto amor al arte para hacer cualquier cosa
  
En Japón hasta las flores tienen significado.
Asago Ni: pone de manifiesto que la juventud y la vida tienen fecha de caducidad, y que aun en la muerte hay belleza.
Hinagiku. simboliza la fe.
Hachisu: Representa la virtud, perfección, Crecimiento espiritual e inmortalidad.
Take: denotan la sabiduría y el camino de la iluminación espiritual.
Kuki: guardan el secreto para la vida eterna.
 
Habrá quien piense que este año, por la situación que vivimos, derivada de la alerta sanitaria, y que es igual casi en todo el mundo, no sea el más apto para viajar y menos al extranjero, siempre nos queda el refugio de la cultura, libros, conferencias, cursos de verano en la universidad, etc, que es otra forma de viajar.

Los japoneses profundizan como nadie en el alma humana...

La vida es un viaje espiritual que comienza con el propósito de escuchar nuestra voz interna, liberarnos de lo materialista, cerrar los ojos para ver.  Romper vínculos vacuos, necesitamos pavimentar día a día el camino de la sabiduría, renovar la inmortalidad del alma. Nuestro cerebro debe ser nuestro templo sagrado. Abrir los ojos a la verdad, nuestra percepción del mundo se hará más amplia y profunda.
El amor es un directo y poderoso diálogo entre nuestra mente y nuestra alma.
Desatar la espiritualidad escondida en nosotros, desarrollar nuestras fortalezas ocultas que nos otorgan control sobre la vida.

Buscar, cultivar, restaurar y elevar la conexión que construye nuestro ser, seguir tu guía interna, rito de iniciación, aprendizaje que dura toda la vida.
Trascender todas las limitaciones de la autorrealización que son infinitas, es un desafío, difícil no significa imposible.
Estar dentro y fuera, sensación de alcanzar la totalidad, verdadero buscador de la verdad...

"El sentido común es el arte de resolver los problemas, no de plantearlos". Lao Tzu

Pilar Redondo. Escritora. Córdoba.