Gustavo Morales es periodista. Ha sido director del diario Ya, del semanal FE y de los programas Orientando y el Cuadrilátero; director adjunto de El Rotativo, redactor jefe de las revistas Defensa y MC; analista de la BBC entre otros muchos medios. Actualmente es profesor en la Universidad CEU San Pablo y colaborador del diario digital El Debate.

En esta entrevista analiza su libro Prensa y Poder. Construyendo certezas (Ediciones Fides).

¿Por qué un libro sobre la Prensa y el Poder?

Porque la influencia de la prensa y sus sistemas de funcionamiento son desconocidos por la mayoría del público que sufre presiones sin ser consciente de cómo y quiénes las ejercen. Eso me fui preguntando durante el encierro ilegal a que nos sometió el gobierno durante la pandemia, que fue cuando escribí este ensayo.

Cuando dice construyendo certezas, ¿a qué se refiere y quiénes las construyen?

Construimos una imagen del mundo a través de nuestros sentidos. Vemos el universo que nos circunda muy influenciados por la información que recibimos en nuestro entorno, de forma especial a través de la prensa, la radio, la televisión y las redes sociales. Nuestra idea de cuánto nos rodea procede, de forma hegemónica, de los medios de comunicación, de los datos que recogemos a través de nuestros ojos y de nuestros oídos. De los medios recibimos el relato, el concepto de la realidad que incorporamos a nuestro orden de valores, asumiéndolo como paradigma de comportamiento aceptado y de tasación del diferente.

Siempre se ha dicho que la prensa es el cuarto poder. ¿Lo sigue siendo en la era de la globalización?

En ocasiones es casi el segundo poder. Toda información, se lo proponga o no, está influyendo en sus receptores. Son los nuevos púlpitos desde donde se extiende la nueva religión del hedonismo individualista, teñida de fanatismo de falsa ciencia. El orden que ayer expresaba el policía y el soldado en la calle, lo aportan hoy los medios de una forma más sutil. La herramienta básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Sí puedes controlar el significado de las palabras, controlas a la gente que debe usarlas.

¿Quiénes están detrás de la mayoría de medios de comunicación?

El poder económico, especialmente el financiero, y el poder político. Hay un capítulo en la obra dedicado a los propietarios de los grandes medios. El más poderoso hoy es Walt Disney.

¿Por tanto se podría decir que la práctica totalidad de la prensa está ideologizada?

No, hay medios locales que en algunos rincones del mundo que no están ideologizados pero, en su gran mayoría, sí, y más cuanto más grande e influyente sea el medio.

¿En qué medida tiene influencia esta prensa en el devenir de todo lo que pasa en el mundo?

La prensa traduce la vida ante el espectador, que ha venido siendo la condición esencial del occidental medio. Señala pautas de conducta que repite su audiencia, marca modas y modos de vivir, presenta un paradigma a imitar. «El establecimiento de esos hábitos y costumbres viene dado por los medios de comunicación, los cuales establecen estereotipos y proporcionan códigos de conducta» que han de ser seguidos y respetados a riesgo de convertirte en un marginal, quedar fuera de lo aceptado por el común. Los medios, dice Noam Chomsky, «buscan inculcar a los individuos los valores, creencias y códigos de comportamiento que les harán integrarse en las estructuras institucionales de la sociedad».

¿Se podría decir que los medios actúan al servicio del poder o ellos en sí ya son en cierta manera el poder?

Ambas cosas, son híbridos. El mestizaje de los poderosos llega hasta los propietarios y directivos de medios de comunicación y sus periodistas consagrados. Comparten las mismas prebendas de las que goza la parte más poderosa de la población. Frecuentan los mismos lugares, se reúnen y acuerdan publicaciones y silencios. Comparten intereses y formas de vida.

Nunca había habido tanta censura y tanto control como en las redes sociales actuales. ¿Por qué dominando las redes se domina la opinión pública?

Los medios de comunicación no son inocuos, mucho menos imparciales. Su objetivo principal no es vender información, como pudiera aparecer en una mirada superficial, sino construir públicos, generar corrientes de opinión y extenderlas en favor del propio interés, que no es otro que el de sus empresas, y, también, de algunos de los partidos políticos en liza. Con la creación de las audiencias los medios negocian la publicidad y el trozo de la tarta del pastel político. Buscan un beneficio doble: primero obtienen influencia y después, dinero. Y el dinero está en los bancos. Las redes son parte de los medios, no actúan para facilitar la comunicación y la información entre las personas sino para manipular las mentes y generar una adicción y una dependencia de dichas redes sociales que disponen de las herramientas para que la conciencia humana no pueda discernir entre la veracidad y la falsedad de una información, controlando las emociones, comportamientos, conductas y hábitos de los usuarios. Han demostrado que desinformar es más rentable que informar.

¿Qué futuro le espera a su juicio a los medios disidentes que no se doblegan ante el poder?

En términos financieros y penales les espera un futuro oscuro, en términos de esperanza son la luz al final del túnel que los grandes medios se empeñan en alargar. La disidencia debe fomentar el bien, la verdad y la información.

¿Qué fuentes ha usado para poder constatar la veracidad de todo lo que afirma?

Hay más de un centenar de referencias y notas a pie de página. He procurado consolidar mis afirmaciones y tesis con referencias constantes y rigurosas.