José Antonio Martín Pereda es ingeniero de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid, licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid y doctor ingeniero de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid. Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid desde 1975 y académico constituyente de la Real Academia de Ingeniería desde 1994.

Ha sido el primer doctor ingeniero que ha trabajado en España en el campo de las comunicaciones ópticas y de las aplicaciones de los cristales líquidos en dispositivos fotónicos, trabajando en dichos campos desde 1975. Pionero en los estudios de biestabilidad óptica y fenómenos caóticos, los aplicó a sus investigaciones sobre computación óptica y conmutación fotónica para redes de comunicaciones ópticas. Ha creado la primera escuela española de Comunicaciones Ópticas, en la que se han formado numerosos profesionales e investigadores universitarios. Fue el primero en introducir este campo en las enseñanzas regladas españolas y el primero en introducir el concepto de la Fotónica en España. Ha recibido varios premios científicos por sus trabajos de investigación y es Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Cataluña, la Universidad Carlos III de Madrid y la Universidad de Cantabria. Profesor invitado en el «Center for the History of Science, Tecnology and Medicine», del Imperial College, en Londres, UK.

¿Por qué decidió escribir un libro sobre la historia de las telecomunicaciones?

En todas las asignaturas de carácter técnico que he impartido en mis años en la Universidad, como en la de Comunicaciones Ópticas, siempre me ha gustado intercalar aspectos de la historia de los temas que trataba, bien notas sobre los personajes que las protagonizaron o sobre la situación social en la que se desarrollaron. Con los años fueron tomando cuerpo y desde hace como doce años ya impartí un curso de Libre Elección sobre las circunstancias sociales y políticas existentes durante el desarrollo de las tecnologías de la comunicación. En un año sabático en el Imperial College de Londres frecuenté la literatura de este tema y, finalmente, durante la pandemia perfilé el libro final. Hay mucha literatura dispersa y traté de sintetizarla. Creo es una buena lección la que se puede extraer de toda esa evolución.

¿Qué se entiende propiamente por telecomunicación y qué abarca, y qué no, exactamente este campo?

La palabra lo dice directamente: “tele”, a distancia y “comunicación”, intercambio de información. O sea, intercambio de información a distancia. En el primer sistema de comunicaciones, a finales del siglo XVIII, ya se empleó el prefijo “tele” para ese fin y así se denominó “telégrafo”, al instrumento óptico que inventó Chappe. Cualquier sistema que pueda emplearse para tal fin, y que emplee métodos o medios físicos, se incluye en el campo de las telecomunicaciones. No pueden incluirse, en consecuencia, otras modalidades que también usan el prefijo tele pero que no “emplean” los canales sensoriales humanos ni ninguna interacción física, como por ejemplo la telepatía.

¿Podría explicar de manera lo más sintética posible cuando empezaron propiamente las primeras telecomunicaciones?

Aunque a lo largo de la historia se han empleado muchos métodos para transmitir alguna información a distancia, como hogueras o señales con banderolas, las primeras telecomunicaciones, en el sentido actual del concepto se empezaron a usar durante la Revolución Francesa. Con ellas ya se podía transmitir algún tipo de información no predeterminada de antemano. Una hoguera puede valer para indicar que ha sucedido o no algo que se esperaba. Por el contrario, un telégrafo óptico, como el usado en Francia desde finales del siglo XVIII, con señales mediante un cierto tipo de semáforo, ya podía comunicar algo no esperado como la ejecución de alguien o una cotización de la Bolsa. Además, también introdujo unas políticas de funcionamiento de todo el sistema que determinaban, por ejemplo, qué señales eran prioritarias o hacia dónde se dirigían. O sea, el equivalente a lo que tenemos hoy.

¿Cuáles han sido los principales hitos de la humanidad a este respecto según el salto cualitativo que supusieron?

Tras el primer sistema de telégrafos ópticos que he comentado antes, el primer hito fue sin duda la transmisión de señales mediante la electricidad. Al ir por un cable de cobre ya no tenía problemas con el tiempo atmosférico, que en el caso del óptico impedía ver las señales con niebla o en la noche, y además de ir a más velocidad, admitía menos posibilidades de que fuera observado por otros. Así, la primera transmisión de Morse entre Washington y Baltimore, que dentro de dos años cumplirá 175 años, es sin duda el nacimiento de las comunicaciones actuales. Luego, otro hito fundamental, que es una verdadera epopeya, es el del tendido del primer cable trasatlántico para unir Europa con América, en 1858, y el definitivo de 1866. La comunicación había pasado de necesitar semanas para llegar de un continente a otro, a invertir solo algunos minutos.

Y, finalmente, el otro momento que considero fundamental es el de Hertz en 1888 que, en su laboratorio, fue capaz de transmitir una señal electromagnética a distancia, sin ningún medio físico, como un cable entre medias.

Luego ya vinieron el teléfono, la televisión, las fibras ópticas, … pero todo eso son variaciones refinadas sobre principios equivalentes.

¿Qué puede decirnos de los genios que posibilitaron estos avances tan importantes? ¿Hasta qué punto les debemos gratitud?

En las primeras etapas fueron personajes con conocimientos muy básicos de lo que estaban empleando, con muy pocos medios y con mínimas ayudas. Yo creo que solo el ego les mantenía en su trabajo. Todos querían transmitir a distancia, más y mejor que los instrumentos que tenían cerca. Algunos lo consiguieron, y les recordamos, y muchos otros se perdieron en el olvido. Solo gracias a todos ellos tenemos lo que tenemos hoy.

¿Qué importancia han tenido las telecomunicaciones tanto en las guerras como a nivel geopolítico y estratégico?

Las guerras no fueron las mismas antes y después de que aparecieran los sistemas de comunicaciones, fueran del tipo que fueran. Una de las primeras veces que se usaron, que fue en la guerra de Crimea de 1853-56, gracias a la telegrafía pudieron los políticos ingleses conocer lo que pasaba en el mar Negro en un tiempo muy inferior al necesitado hasta entonces que era de entre 12 días y tres semanas. Los rusos se comunicaban con mayor rapidez gracias al telégrafo óptico que enlazaba Moscú con Sebastopol. Igualmente, gracias a varios cables submarinos, Gran Bretaña podía estar en contacto con sus posesiones en la India sin tener que llevar sus comunicados por barco. En esta misma línea, gracias a la radio, la flota británica podía seguir en contacto con el Almirantazgo de forma constante; de hecho Marconi desarrolló sus sistemas en Inglaterra gracias a esa necesidad que tenía el Imperio Británico de relacionarse con su armada; en otra nación no lo hubiera podido conseguir.

¿Por qué había cierto romanticismo en las maneras más rudimentarias de comunicar?

Por lo que he dicho antes, porque los primeros inventores desarrollaban sus equipos con lo que tenían a mano. Por ejemplo, Morse, para confeccionar su primer receptor de telegrafía empleó los bastidores que tenía en su taller y que no eran sino los materiales que usaba en su profesión de pintor principalmente de retratos, que es con lo que se ganaba la vida. Y uno de los primeros receptores de telefonía que se propusieron, el de Reis, tenía la forma de una oreja y es realmente conmovedor.

Hoy en día en la era de la comunicación todo es inmediato y sin esfuerzo. ¿Esto hace que no se valore las cosas como merecen?

Sin duda. Cuando se usa un teléfono, nadie piensa ni medio segundo la cantidad de cosas que están involucradas en el proceso de hablar con un interlocutor. Parece algo natural y si el sonido no es muy claro, nos enfadamos. Nadie piensa cómo ha llegado hasta allí la voz, por qué caminos se ha desplazado, qué dispositivos estamos usando. Solo vemos una pantalla que hace lo que queremos; el resto es “colateral”. Y no digamos ya nada de los televisores; a través de ello se ve la película o la serie que queremos, la paramos cuando nos apetece, la volvemos a ver si lo deseamos y la ponemos a más velocidad si queremos evitar alguna escena. ¿Qué hay detrás de todo eso? Nadie lo piensa ni le preocupa. Es lo normal. Y finalmente, con los ordenadores personales, tenemos al alcance de nuestro teclado toda la información del mundo (es un decir). ¿Cómo la usamos? Como no nos cuesta nada acceder a ella, se toma lo que es más inmediato y el resto se olvida.

¿Qué opina del metaverso, de realidad virtual en general y de otras formas futuras de comunicar?

Mi opinión sobre el metaverso y demás aventuras que tratan de introducir es que, conceptualmente, tampoco añaden mucho a lo que ya tenemos. En el fondo siguen siendo imágenes en 3D que, a base de programas de ordenador, se mueven o hacen lo que queramos. Pero siguen siendo imágenes más o menos reales. Creo que el verdadero salto sería hacer participar a algún otro de nuestros sentidos, por ejemplo, el olfato. Y no me refiero a echar en el cine con un spray aromas de flores cuando una imagen sea de flores, sino transmitir realmente olores. Un sensor que analizara los componentes del aire que rodean al emisor, que los transmitiera al receptor y allí se recompusieran las moléculas. Eso si sería un salto cualitativo y no cuantitativo como el metaverso.

¿Qué aporta su libro en relación a adquirir una buena cultura general?

Creo que la cultura tecnológica es tan importante como la humanística. Ambas deben ir de la mano. Si es vital saber quién es Shakespeare y qué escribió, no lo es menos saber quién fue Hertz y qué descubrió. Lo malo es que últimamente parece que ni uno ni otro importan a nadie. Mi libro tiene una colección de personajes, en determinados momentos de la historia de la Humanidad, que sin ellos las cosas hubieran ido por otro camino. Y conociéndolos creo que se entiende un poco más por dónde vamos. Eso, al menos, espero.