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Y los acontecimientos se precipitaron, porque a la mañana siguiente cuando ambos llegaron al Complejo “Bayer” ya tenían una cita con la Dirección. Así que rápidamente dejaron las cosas en el despacho de Don Pablo, y se fueron directos a la Dirección, donde ya les esperaba el Director General y otros altos cargos de la empresa.

 

  • Don Juan –comenzó diciendo el Señor Director General– perdone que hayamos tardado más de lo previsto, pero en estos días se han hecho gestiones diplomáticas con el Gobierno de Madrid para ver qué posibilidades tenía la “Bayer” de instalarse en España. Puede suponer que ha habido que hacer gestiones a todos los niveles y que en última instancia ha sido el propio Caudillo el que ha aprobado la instalación de la “Bayer”, y ello ha sido posible, y se lo tengo que decir con gran satisfacción, gracias a su biografía. Según nuestro Embajador cuando Franco supo que usted había sido condecorado en la Guerra con la Medalla Militar Individual, ya no tuvo dudas. Por lo que se ve esa condecoración es el mejor aval ante el Generalísimo. Por tanto, ya se ha decidido crear una Comisión Hispano–Alemana para resolver todos los trámites necesarios. En consecuencia, y si usted está de acuerdo, podemos ponerlo todo en marcha a partir de este momento. Y otra cosa más, la “Bayer” ha decidido que nuestro Director y Jefe de organización y Compras se desplace con usted para realizar la obra y puesta en marcha de la Planta de Fabricación de la Aspirina española. A su empresa se le concedería la exclusiva para España, y usted sería el máximo responsable de la operación.
  • Señor director General, me complace escuchar todo lo que usted acaba de decir y sólo les pido una última cosa, que me den tiempo para replantearme mi vida, porque yo no puedo olvidarme de lo fundamental, mis trabajos y mis investigaciones del “Shiremufriol”.
  • Naturalmente, también para nosotros es fundamental que ustedes, usted y la doctora que nos ha dicho, sigan trabajando en el Laboratorio. Pero, de acuerdo con lo que venimos hablando hemos preparado un borrador de pre-contrato, que usted puede repasar o corregir antes de su vuelta a España.

 

         Y en ese momento el doctor Dietricch abrió una carpeta que tenía sobre la mesa y le entregó unos folios en mano.

 

  • Muy bien Doctor, haré lo que ustedes me piden.
  • Pues no se hable más y considérese ya un hombre nuestro. Le aseguro que le espera un buen futuro.

 

         Y ambos, Don Pablo y Don Juan, se levantaron y estrecharon las manos de los allí presentes. Al quedarse solos “die spanische” no pudo evitar abrazar a Don Juan y decirle: “Juan, te lo dije, te ha tocado la lotería. Has conseguido en dos semanas lo que otros no consiguen en años  o nunca”. “Gracias Don Pablo, usted me ha ayudado mucho”.

 

  • Bueno, pues esta noche a celebrarlo.

 

         Y a fe de dios que lo celebraron a lo grande, y más cuando Don Pablo le anunció a sus hijos y a su mujer que se iban a España.

 

  • Papá, no me lo creo- dijo la joven Helga.
  • Pues, “das kind”, vete creyéndolo, porque cuando Don Juan firme este papel que hoy le han entregado en la “Bayer” empezaremos a preparar las maletas. Nos vamos.
  • Pero, ¿no será para siempre? –dejó caer tímidamente Doña Marlene.
  • No, por favor será cosa de un año o dos.
  • Bueno, entonces vale –dijo la señora de la casa con un amago de sonrisa.

         Pero entre cerveza y cerveza, “krabbe” y “garnele”. Don Pablo tuvo una idea.

 

  • Juan, he pensado que mañana tú y yo vamos a tomar unas cervezas con el doctor Lewis, el americano que fichó la “Bayer” por su proyecto sobre la píldora anticonceptiva creo, que será interesante para ti oír hablar a ese hombre del trato que le están dando los alemanes... y de paso a ver si le podemos sonsacar sobre esa famosa píldora que al parecer va a revolucionar el mundo femenino.
  • ¿Y en qué, consistirá esa píldora?
  • No lo sé, exactamente, pero según me contó él mismo, es un hombre que cuando toma más de dos cervezas se vuelve muy hablador, todo su invento radica en suspender la fertilidad de la mujer para quedar embarazada. Creo que está ya al final del camino y puede ser el negocio del siglo.
  • Vale, Don Pablo. Me interesa el tema. Es curioso.

 

         Y eso hicieron al día siguiente. Al terminar la jornada, aunque para el americano el reloj no existe, se lo llevaron a una cervecería no lejana de la “Bayer” y sucedió lo que “die spaniche”  había previsto. El doctor John Lewis se puso a hablar de su píldora hasta que les aburrió.

 

  • Caballeros, la humanidad venía luchando por encontrar un método anticonceptivo eficaz desde la antigüedad, y todo resultó vano hasta que a finales del siglo XIX, hacía 1884 el doctor Russell, profesor de la Universidad de Pensilvania, inventó el preservativo para hombres, porque aquello fue una panacea a nivel mundial. Sin embargo, pasado un tiempo las mujeres comenzaron a darle de lado al preservativo porque según ellas el “chisme” acababa con el placer durante el acto sexual. Desde entonces cientos de investigadores se pusieron a buscar otros métodos anticonceptivos. Yo entre ellos... y así dando dos pasos atrás y uno adelante, y con muchos fracasos de por medio, llegué a la conclusión de que el único modo eficaz que podría haber sería anular voluntariamente la fertilidad del óvulo femenino, y a eso me dediqué por entero. Hasta que haciendo mil pruebas en mi Universidad de Yale descubrí que los estrógenos en forma de etinilestradiol y mestranol producían ese efecto. Luego comprobé también que la progesterona, teniendo como precursor principal la etisterona y a partir de ella una derivación de múltiples componentes ampliaba los efectos. Ahora ya sé que con un mg. de mi píldora tomada cada día por cualquier mujer en edad de procrear consigue que sus óvulos no sean fértiles y por tanto, aunque sean penetrados por los espermatozoides, no hay unión ni embarazo. Es cierto que todavía quedan algunos flecos que no están resueltos y en eso estoy en estos momentos. Es muy posible que en poco tiempo la píldora anticonceptiva pueda salir al mercado.
  • Pero, doctor Lewis, eso será una revolución eso será el control voluntario de la natalidad y eso seguro que no lo acepta la Iglesia Católica.
  • ¡A mí me importa la Iglesia Católica un pito! –casi gritó el americano... Y no me hable usted de revoluciones, porque según tengo entendido, y algo me ha adelantado nuestro amigo Pablo, usted también está en el camino de otra revolución. Porque si el “Shiremufriol” llega a buen puerto el tabaco habrá dejado de ser una peste... No me extraña que la “Bayer” se haya fijado en usted e intente captarlo, como me captó a mí.
  • Bueno, doctor Lewis, usted sabe mejor que yo lo difícil que es navegar por aguas desconocidas, donde en cualquier momento la nave puede hundirse en el precipicio.
  • No, doctor Sarramayor, si se insiste y se tiene fe, todo es cuestión de no bajar los brazos y seguir siempre adelante, porque si por un camino no se llega a Roma siempre habrá otro que te lleve a la capital del Imperio. ¿No decían eso los romanos?

 

         Y ahí cortó Don Pablo la reunión, porque el americano quería saber más de mis trabajos y consideró que yo no debía hablar más. Así que nos fuimos y el americano se quedó con dos “Kolsch” más.

 

***

        

Dos días después “die spaniche” y Don Juan pidieron ver al Director General y con él y algunos directivos más de la “Bayer” tuvieron la entrevista final. Porque Don Juan les confirmó que aceptaba el acuerdo que le habían propuesto, aunque con la salvedad de que era fundamental que la empresa aceptase enviar a España a Don Pablo. Los alemanes aceptaron por su parte y una vez más le rogaron que no se preocupara por la realización de la Planta de Fabricación de la Aspirina, salvo la de elegir los terrenos más idóneos para ello. De la cuestión económica y solución de problemas legales se encargaría un equipo de personas que se desplazaría a Madrid para negociarlo todo con las Autoridades españolas, eso sí, sin olvidar que su misión principal sería la de continuar sus trabajos sobre el “Shiremufriol”. Don Juan se despidió del Director General y sus colaboradores y después el resto de la jornada en despedirse de los amigos que ya había hecho durante su permanencia en Leverkusen.

 

         Pero aunque la estancia en Alemania terminó al día siguiente, con grandes muestras de alegría por ambas partes y el acuerdo de verse en Madrid, el viaje no había terminado. Porque “Lupita” se empeñó en detenerse otra vez en París para comprar los regalos que se quería traer a España y sobre todo hacer el viaje en barco por el Sena del que le había hablado su amiga Helga.

 

 

***

 

A los 27 días, y tras hacer el mismo viaje de ida y a la vuelta (Colonia-París, París-Perpignan, Perpignan-Barcelona, Barcelona-Madrid) regresaron del “Viaje de Novios”, según “Lupe”. Y lo primero que hicieron fue abrir la maleta de los regalos, la misma que para la ida había ido llena de alimentos, y repartirlos entre María Antonia y los niños, María Leonor y “Juanito”. “Lupe” volvía pletórica y contentísima, al menos por el rato que se pasó contándole a su hermana cosas del viaje, aunque callando los temas de cama. María Leonor, la hija del matrimonio casado “in articulo mortis”, tenía ya 11 años y era ya casi una mujercita, quizá por ello se volvió loca con los “vestiditos” que su tita le traía de París. Juanito ya tenía 4 años y también disfrutó con los juguetes que le trajo “su papá”.

 

Pero, la sorpresa mayor se la llevó Don Juan cuando aquella noche se quedó a solas con su mujer, ya que lo primero que le dijo es que estaba embarazada. Lo cual, en el fondo, no le hizo mucha gracia al farmacéutico.

 

Al día siguiente, en cuanto se despertó, se puso rápido a comprobar los avances de la obra del nuevo laboratorio, que ya, por cierto, estaban muy adelantadas.  La escalera que unía los dos pisos le encantó, no tanto la distribución del laboratorio, pues aunque habían seguido a rajatabla sus indicaciones su viaje a París y Leverkusen le habían hecho cambiar sus propias ideas. Así que se sentó con el arquitecto y el maestro de obras y les sugirió algunos cambios. Aunque ya sabía, por el preacuerdo que había firmado con la Bayer, que ese laboratorio no iba a ser el definitivo.

 

Inmediatamente después se puso en contacto con su viejo amigo y compañero de carrera Felipe Torres, porque ya venía convencido de que para poder llevar a cabo sus proyectos iba a necesitar colaboradores inteligentes y leales, y con él quedó para proponerle que se uniera a su equipo.

 

Sin embargo, su principal deseo era hablar con “Mafe” y en cuanto pudo marcó su teléfono y habló con ella.

 

  • ¿”Mafe”?
  • Sí, soy yo ¿Eres Juan, no?
  • Sí. Regresé anoche de Alemania y me gustaría verte. Vengo sorprendido. También estuve en París en el Instituto Pasteur.
  • ¡Ah, muy bien!, pues nos vemos cuando tú quieras.
  • ¿Puedes esta misma tarde?
  • Sí, ¿dónde?
  • Si te parece en el mismo sitio de la otra vez, en la cafetería “Noviciado”.
  • Bueno, sí ¿a las nueve?
  • Vale, a las nueve.
  • Allí nos vemos.
  • Un beso.

 

Luego, se fue al registro de Patentes y Marcas y registró el nombre que había elegido para su Sociedad  (“La Adrada Company SL”) y el de sus “Laboratorios “ (“Laboratorios Sarramayor Gamma”).

 

Cuando llegó a su casa, a la hora de la comida, se topó con una situación que no le gustó. “Lupe” se había disgustado y se había encerrado en su cuarto cuando supo que su hermana se había quedado embarazada. Así que se encerró con ella y trató de calmarla.

 

  • Y ahora ¿qué te pasa, “Lupita”?
  • No hay derecho ¿por qué ella sí y yo no?
  • Vamos a ver, “Lupe”, a ver si lo entiendes. Tu hermana es mi mujer, con la que ya he tenido dos hijos, ¿Por qué te enfadas porque venga un tercero?
  • Juan, no lo soporto, y no digas que son celos, ya lo sabes, yo te quiero para mí
  • No seas niña, “Lupe”. Bastante es que tu hermana soporte que tú seas mi amante…
  • ¡Ah, o sea que sólo soy tu amante?
  • Bueeeno, llámale como quieras, pero las cosas son como son, y no debes sacarlas de quicio.

 

Pero, “Lupe”, “Lupita”, se levantó de la cama donde se había tumbado y lo abrazó y lo besó, entregada.

 

Y sin más se desnudó y casi le obligó a hacerle el amor.