“Estamos viviendo un “súper 98”. Si en 1898 España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas, hoy estamos perdiendo Cataluña, las Vascongadas, Galicia, Andalucía… estamos perdiendo la unidad de España”

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 “Escribí “Eugenio o proclamación de la primavera” con la intención de llevársela a la cárcel a José Antonio, pero desgraciadamente, ni él pudo leerla ni yo pude conocer el éxito que tuvo, porque me encontraba internado en el hospital”

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Trabajé a sus órdenes en el "Arriba", le sustituí como Director de la "Agencia PYRESA" y siempre, siempre, fui un admirado lector suyo. Me estoy refiriendo a Rafael García Serrano, el último mohicano de la verdadera Falange, la Falange de José Antonio... y no se me olvida de mi paso por ARRIBA que él era el oráculo de la ortodoxia  joseantoniana.

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Pero, es que, además, Rafael (para sus amigos era eso, simplemente Rafael) era un gran escritor, tan grande que hasta los rojos, los del “Agit-pro", no pudieron con él y tuvieron, y siguen teniendo, un gran respeto y admiración por sus novelas: "Eugenio, o proclamación de la primavera", "La fiel infantería", "Cuando los Dioses nacían en Extremadura", "La paz dura 15 días"... o sus relatos: "Los toros de Iberia", "Las vacas de Olite", "El obispo de Gambo tiene el honor de invitarle a la próxima Guerra Civil"... O sus libros de viajes, o sus "Poemas desangelados" o sus miles de artículos publicados.

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Por eso, por su trayectoria política y por su enorme obra literaria, fue el personaje del "Extra del Heraldo Español" del verano de 1981, y por ello me complace reproducir la entrevista que le hizo la gran periodista Maite Mancebo, en este “Correo de España" que, curiosamente,  dirige su hijo Eduardo. (Y de tal palo tal astilla), teniendo en cuenta que han pasado desde entonces 40 años y que esta España ya no es aquella España. Desgraciadamente, para peor.

 

     Pero, pasen y lean las inteligentes respuestas de García Serrano.

 

Julio MERINO

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NI los más enconados izquierdistas ponen en tela de juicio la fluida y brillante calidad literaria de Rafael García Serrano. Por su diaria columna de "El Alcázar", discurre con fuerza una savia juvenil irónica y penetrante, que trae al presente la sabiduría nacida de una larga vida de honradez y dinámica profesional al servicio del periodismo; aletea por ella la voz de alarma de una experiencia que identifica en el hoy tantas y tantas ilusiones del ayer, que en un tiempo parecieron superadas para siempre.

 

Mecido en la jugosidad de su perfecto castellano, en el irónico estilo de una pluma, que a veces se transmuta en claves de amargo humor llega día tras día el "Dietario personal" de García Serrano, claro y directo a la diana del acontecer de esta España de nuestros días: "Todos los tontos y los sinvergüenzas del país están de enhorabuena: a poco que se preparen van a hacer un carrerón. La política al uso es facilita".

 

En una sola frase es capaz Rafael García Serrano de resumir la gran tragedia de España de las autonomías, de esa Patria rota en mil pedazos por miedos y ambiciones disfrazados de consensos: "Hermanos, esto es la gudarostia". Ha expresado ahí muchos de nuestros dolores y desesperanzas y discurre después, con nuestro propio pensamiento la poesía del "Dietario": "Y ahí van la Policía Autónoma Vasca del Estado de las Nacionalidades y Enterría, pero también otras muchas cosas irrazonables e ininteligibles como, por ejemplo, la política de don Leopoldo Calvo-Sotelo y sus amigos y consensuados...". Difícilmente se puede definir mejor, y en menos palabras, lo que de España se ha hecho.

 

A Rafael García Serrano hay que verle aquí, en su despacho, tras su máquina de escribir, medio enterrado entre los papeles apilados en los últimos días. "Cada quince días ordeno, pero los papeles siguen creciendo", en diálogo con el imaginado futuro que, fatalmente se transforma en presente demasiado pronto.

 

--Desde hace cuatro años trabajo en una novela que es algo así como la adivinación del futuro de España, una obra de humor amargo, que es lo más importante de las muchas cosas que preparo. Y a lo largo de estos cuatro años he dejado a veces de escribir porque la realidad se adelanta, rebasando mi fantasía.

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Recordamos sus grandes éxitos literarios y hablamos de su vocación.

 

--He escrito toda mi vida. Mi padre, que era un buen maestro y un buen inspector de Primera Enseñanza, me educó muy bien en lo humanista; era yo un niño todavía cuando leía ya los "Episodios Nacionales", y a Juan Ramón Jiménez, y a los Machado, sobre todo a Antonio, que en aquellos años era el que estaba más próximo a mi padre. Todo ello fue lo que me llevó a escribir, y recuerdo que mi primera crónica fue "Viaje a Sartaguda"; en uno de sus viajes de inspección me llevó mi padre a Sartaguda, un pueblecito navarro donde pasé un fantástico día con el hijo del alcalde que era seminarista; concluida la jornada, me encargó mi padre el ejercicio de redacción habitual y esa fue realmente mi primera crónica, y ese fue también el momento en el que yo mismo me di cuenta de que a mí lo que me gustaba era escribir. Mi idea sobre el futuro estaba clara y cuando en segundo curso de Bachillerato un excelente catedrático de Literatura que era don Fernando Romero, nos preguntó ¿qué pensábamos ser?, yo respondí que escritor, ante el asombro de mis compañeros que, en su mayoría se inclinaban por la misma profesión del padre o por decir, con lógica, que no tenían ni idea; yo no sabía que escritor pudiera ser una profesión, pero sí tenía muy claro que escribir era lo que yo quería hacer el resto de mi vida.

 

--Pero, escribir ¿qué?

--La verdad es que yo estaba sobre todo seducido por el teatro y quizá mejor hubiera sido para mí desde el punto de vista económico, porque siempre ha dado más dinero que la novela; pero ahí mi futuro no respondió a la seducción y mi pluma se fue fundamentalmente hacia la novela y el periodismo.

 

Veinte libros tiene publicados Rafael García Serrano y la mayoría de ellos varias veces reeditados, siempre con extraordinario éxito. En el recuerdo, sin embargo, sigue permanente aquel primer éxito "que se tragó la guerra".

 

--Era la primavera de 1936 cuando empecé a escribir "Eugenio o proclamación de la primavera", tenía intención de llevársela a la cárcel a José Antonio, pero desgraciadamente, ni él pudo leerlo ni yo pude conocer el éxito que tuvo, porque me encontraba internado en el hospital.

 

El original fue entregado a la Editora Nacional que en aquellos primeros años de su fundación dirigían Laín Entralgo y Luis S. Rosales, y fue preparado para salir en la primera "hornada" de la Editora.

 

--Me llevaron las pruebas al hospital y salió el libro en 1938, alcanzando un extraordinario éxito del que yo me enteraría años después, al salir del hospital.

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Fueron unas fiebres las que alejaron a Rafael García Serrano del frente de Teruel; aquel joven oficial provisional se negó a la evacuación, pero los informes médicos eran concluyentes: lesión pulmonar, gravísima, que tuvo prácticamente en hospitales, sanatorios y quirófanos hasta 1943. "Si hubiera sido herida de guerra hoy sería Coronel mutilado", me dice sonriendo. "Me falta un fuelle".

 

Pero en esa sonrisa de García Serrano, pensando lo que pudo haber sido su vida militar, creo advertir una cierta nostalgia preñada de orgullo, del mismo orgullo que le ha llevado a escribir, refiriéndose a esta copla cantada por su pueblo navarro: "¡Justicia!, señor alcalde,/¡Justicia!, que soy aldeano/y si no me hacen justicia/la tomaré por mi mano": "Esta misma copla puede cantarse en broma y no significa nada, o como recurso de repertorio, puro y regocijante relleno, y así se engañará quien la oiga y piense:"La que se va a armar". Naturalmente no explicaré, entre otras cosas porque no encontraría las palabras precisas, como es ese misterioso tono de la ira popular en relación con esta partitura. Pero yo lo oí muy bien y lo oigo todavía cada vez que evoco la gloriosa jornada del domingo 19 de julio de 1936 en Pamplona y en toda Navarra, y el orgullo de haber participado en ella es algo que me llevará a la tumba, pero que no dejaré de proclamar me lo pregunten o no mientras mis pies estén, Dios haga que por mucho tiempo, fuera de ella. Y aún no sé si me resignaré a callarme este orgullo en tan importante acontecimiento personal, acaso para susto de quienes me acompañen".

 

-Rafael, ¿sentiste alguna vez vocación por la carrera militar?

 

-Yo no he tenido ni tengo vocación militar, aunque sí afición al tema militar y lealtad a mis recuerdos porque me tocó ser voluntario falangista y oficial provisional; aunque de cualquier manera, en plena paz, siempre hubiera existido mi amor al Ejército de mi Patria, que es natural en todo bien nacido. Pero eso no equivale a vocación porque siempre supe que en cualquier caso mi afición era incompatible con la realidad...

 

-¿Y cuál es esa realidad?

 

-Que soy un hombre negado para las Matemáticas y en general para las ciencias. Todavía sueño que no he aprobado ni el Álgebra ni la Química.

 

-¿Crees que los Ejércitos de España son hoy muy diferentes de aquellos en los que tú serviste como voluntario?

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-Ha sido la sociedad entera la que ha cambiado, más profundamente de lo que creemos, y no siempre para mal. El Ejército cambia de gorra, cambia de uniforme... Desde que nací yo he visto en el Ejército diferentes armas y uniformes, pero su espíritu es siempre el mismo; un espíritu que le hace depositario de la verdad de la Patria en momentos de peligro, y éste es uno de ellos.

 

-¿Dónde ves tú el mayor peligro?

 

-Estamos viviendo un "super 98". Si en 1898 España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas, hoy estamos perdiendo Cataluña, Vascongadas, Galicia, Andalucía... estamos perdiendo la unidad de España, y este es el punto final de un desastre que comenzó con la llegada de los Borbones a España. Ahora ya no tenemos ni una lejana península a la que volver. Ahora la retirada es el water.

 

Queda pensativo Rafael García Serrano y recuerdo yo aquel juicio suyo: "La España de las Nacionalidades y Enterría será un hormiguero gris, puerco y cruel. Basta con oler las muestras". Y le saco de su recuerdo para hablar del reciente triunfo de los hombres de "El Alcázar" en la Feria del Libro: Antonio Izquierdo, Vizcaíno Casas, Palomino, Joaquín Aguirre y el propio García Serrano, con interminables colas en las casetas, como un auténtico plebiscito popular.

 

-Sin duda mis libros han alcanzado un éxito extraordinario desde que he empezado con Planeta, y no porque sean diferentes, ya que todos, excepto uno, han sido reediciones, ni tampoco por la publicidad porque realmente se ha hecho muy poca en mi caso; yo creo que se debe a su excelente distribución.

 

En las reediciones, "Diccionario para un macuto", "La fiel Infantería" y otros muchos títulos, siguen teniendo vigencia y fuerza juvenil. Rafael me dice que no puede opinar porque no suele leerlos "sólo cuando corrijo pruebas y en ese momento ya sabes que de lo que el autor está más pendiente es de las erratas". No los lee porque no es partidario de los retoques, solamente de añadir aquello que en su día pudo quitar la censura. Y le pregunto si la censura se ensañó mucho con García Serrano.

 

-Tanto que si mi primer éxito, el de "Eugenio o proclamación de la primavera" no pude disfrutarlo, tampoco alcancé a ver el segundo el de "La fiel Infantería", porque en cuanto se inició fue prohibido a instancias del Arzobispo Primado. Catorce años fuera de la circulación. Ese libro tiene mucha importancia para mí, no sólo por lo que acabo de contarte, sino porque en él se me escapó una enorme novela; no estoy descontento de la que escribí, pero me quedé corto por inexperiencia.

 

"De hogaño no sé hablar -escribía recientemente García Serrano, -quizás porque los árboles no me dejan ver el bosque o acaso porque temo severos castigos democráticos y liberales de decidirme a contar la verdad de lo que veo". Pienso que lo que vemos a todos nos hace compartir tal pensamiento pero ¿y el futuro? ese futuro que García Serrano intenta adivinar en la novela empezada hace cuatro años.

 

-Me gustaría ser profeta para no errar sobre el futuro, pero ateniéndonos al puro análisis histórico, es fácil ver que los regímenes demoliberales, anarcoides, prerrojos y rojos, han tenido en España diversas escalas de intensidad y a partir de 1808 tienen determinada duración y acaban siempre en el mismo punto: el trienio liberal de Riego duró tres años; el gran desastre de Prim, iniciado con buenos auspicios gracias al destronamiento de Isabel II duró desde el 68 al segundo día de enero del 74; la Restauración fue un régimen totalmente falso, fantasmagórico dijo Ortega, con una extraña mezcla de reaccionarismo y anarquismo batido por el consenso, que le permitió durar algo más; la República duró cinco años y tres meses... Todos nacieron y murieron militarmente.

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-¿Crees que el presente puede contemplarse a la luz de ese análisis histórico?

 

-Hay también grandes probabilidades de que este presente se consolide en la miseria y el esperpento, aunque espero que no sea así. Escalofría el pensarlo.

 

-Tú has escrito que "la libertad en España se entiende así: di lo que quieras con tal de no molestar al gobierno o a los que piensan como el gobierno o a los que son amigos del gobierno", ¿por qué crees que se produce esa postura tan "a la defensiva" de los políticos?

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-Porque eso que llamamos la transición, al fin y al cabo, es un crimen y obliga a los criminales a juntarse, a vivir en perpetua alerta para defenderse. Aquí ocurre algo parecido a lo sucedido en Yugoslavia cuando, tras el asesinato de la reina Draga, se creó "La Mano Negra", una sociedad defensiva de quienes habían tomado parte en el crimen. Este régimen está basado en la traición de muchos que están en el gobierno, y no de Carrillo, que demasiado poco se ha aprovechado de lo que le ha sido entregado, ni tampoco de este chico, Felipe, que incluso tiene algunas ideas generosas cuyos orígenes acaso están en el Frente de Juventudes, al que perteneció. La traición fue cortesana, y se llama Suárez, Martín Villa, Rosón, Sancho Rof, Fraga y tantos otros a quienes siempre he conocido en coches oficiales y con camisa azul. O sólo en coches oficiales, que son tan cómodos. Verdaderos profesionales del coche oficial y la nómina pública.

 

-¿Y tú crees que la traición puede consolidarse? ¿No es cierto que el criminal nunca gana?

 

-Eso son puras fantasías. A veces la traición se consolida y se perpetúa. La transición del obispo don Opas y el conde don Julián, nos duró siete siglitos. Lo mismo puede ocurrir ahora con la del duque y Tarancón.

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Frente a esa angustia que aletea en las últimas palabras de Rafael García Serrano le hablo de esperanzas, le pregunto por la Falange, por sus posibilidades de futuro, por su oportunidad o no en el presente.

 

-A menudo yo mismo me hago esa misma pregunta y llego a la conclusión de que la doctrina de la Falange vive y tiene fuero, con independencia de las siglas que se la reparten; sobre esa doctrina se puede articular desde un partido hasta un Estado. Yo, sin militar en ninguna de ellas, soy de todas, porque mi alma partida está entre todas. Yo sigo siendo falangista y, como Sánchez Mazas, "ni me arrepiento ni me olvido". Lo importante son las ideas, no los colores, ni los uniformes, ni los signos externos, que pueden cambiar con el tiempo. Y la idea de la Falange, sigue viva, sigue vigente, es actual...

 

A la situación presente hemos llegado después de reiteradas elecciones en las que los resultados tienen muy poco que ver con el sentimiento real del pueblo.

 

-Toda elección, para empezar, es una falsedad -me dice García Serrano- y la democracia inorgánica se convierte en una dictadura de partidos, porque cuando esa dictadura falta en el conjunto, cuando se rompe la disciplina, se llega a situaciones como la de España en general y la UCD en particular.

 

-¿Qué es realmente la UCD?

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-Es una derecha reaccionaria feroz, la peor derecha que existe. La del miedo y el calcetín. Y el socialismo ¿qué se ha hecho del socialismo? Votaron socialismo ¿y dónde está el socialismo? Lo que ocurre es que la actuación de los partidos no obedece al mandato de sus votantes, sino que responde a pactos anteriores, y responde también a órdenes de las internacionales del carajo. Ellos, los de la UCD, no gobiernan sino que son gobernados, por "la mano negra" y los jefes y los dineros de fuera. Lo mismo ocurriría con los otros tres "grandes" partidos...

 

-¿Por qué la abstención masiva del pueblo español?

 

-Porque, como dice la izquierda, el pueblo español tiene sobre sí el peso de cuarenta años, pero cuarenta años de progreso, de trabajo y prosperidad; cuarenta años en los que se ha acostumbrado a que las cosas fundamentales se las den resueltas. Y ese pueblo ve ahora trastornados sus decoros y lógicos presupuestos democráticos con una sucesión de mentiras. Y como ese pueblo piensa que esto no vale para nada, se ha negado a votar. Habrá que fundar el P.A.N. (Partido de Abstención Nacional) para ganar las próximas elecciones con el setenta por ciento: el de los que no quieren votar. Decía José Antonio que la tarea de mover a los pueblos corresponde a las minorías y eso se demostró en el 36, cuando tanto el Partido Comunista como la Falange eran minoritarios y, sin embargo, fueron los que en una y otra España impusieron su dialéctica, porque eran más vivos y actuales que el resto de los partidos.

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Habla con claridad pero sin odios; se expresa en el arrogante y señorial estilo de los hombres ilustres que dirimen sus diferencias con la elevación. Y no puedo evitar que otros estilos, muy diferentes, acudan ahora a mi recuerdo con su saurica gelatina. Y le pregunto a este maestro de periodistas, a este doctor de la pluma, si es también producto de la transición el nuevo estilo que enturbia hoy las páginas de algunos periódicos.

 

-Son manifestaciones típicas de quienes pasan de una fe a otra; los conversos necesitan justificarse por la violencia; necesitan hacerse perdonar las escuelas en las que se han formado, las becas que han disfrutado, los puestos que ocuparon, los sueldos que cobraron, los lengüetazos que dieron, y para ello insultan a quienes mantienen su respeto hacia el pasado, no con la nostalgia de quienes a ello quisieran volver, sino con la fe de quienes creen que con ello se podría seguir hacia la perfección, por supuesto inalcanzable. Cuando veo firmas de gentes que se proclaman monárquicos de toda la vida, recuerdo algunos sonetos que escribieron en el pasado sobre la Familia Real; cuando veo firmas de personajes que se proclaman comunistas o socialistas y que se meten conmigo y con mis ideales, les excuso, porque comprendo que están defendiendo su cocido, y lamento que no sepan que se puede vivir bien a medio cocido.

 

-¿Por qué vive España hoy en un permanente desgobierno?

 

-Porque los gobernantes son malos profesionalmente hablando y porque sus reacciones son siempre tan siniestras que contribuyen felizmente a que quien la tenga pierda la fe en las instituciones democráticas; y éste es un hecho reconocido incluso por ellos mismos, que se proclaman desencantados a cada paso. Quienes han recibido el poder regalado, no saben ni defenderlo ni qué hacer con él. En el Estado del 18 de julio el poder se consiguió primero con la predicación, luego con el esfuerzo de la batalla y después con el esfuerzo de la consolidación de la paz. Pero quienes hoy gobiernan no han tenido que hacer el menor esfuerzo, ni siquiera han tenido que bajarse del coche oficial; para ellos tomar el poder ha sido como ir al cine/parkins en coche y dentro de él ver cómo les colocaban los auriculares y hasta les servían la comida, las copas y el agua caliente. Son hombres flojos, blancos, cobardes con sus propias convicciones. Ni tienen preparación suficiente, ni aprenden sobre la marcha, ni son dignos de gobernar al pueblo español. Están comprados a bajo precio en el Rastro de la deslealtad, son personajillos de esperpento.

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  1. MANCEBO

(Heraldo Español nº 65, Especial Extra de agosto de 1981)