Ya está a la venta el nuevo título del sello editorial Letras Inquietas: El nimbo y la pluma: Grandes custodios de la doctrina católica, primera entrega de la Colección San Agatón; un libro de José Antonio Bielsa Arbiol. En este artículo, el autor reflexiona sobre la importancia de San Isidoro de Sevilla en el solar español.  

En una época de grosera instrumentalización de las creaciones del espíritu, la obra perenne de San Isidoro de Sevilla bien podría servir de brújula a los supervivientes de la agonizante España de las postrimerías del Régimen del 78. La crisis de valores (y la quiebra de la identidad española) que hoy sufrimos tiene en la obra del Santo uno de los más poderosos paliativos espirituales con los que contamos.

Nacido entre los años 560 y 570, probablemente en Sevilla –aunque otras fuentes tampoco desdeñan la posibilidad de que su nacimiento tuviera lugar en Cartagena (de hecho, su padre, originario de esta ciudad, la había abandonado tras su destrucción, el año 552)–, Isidoro quedó huérfano muy joven, siendo acogido por su hermano, Leandro (futuro San Leandro de Sevilla, arzobispo de la urbe en 576); entre sus cinco hermanos, también se cuentan otros dos importantes santos: Santa Florentina de Cartagena y San Fulgencio de Cartagena. Por convención, Isidoro es ubicado junto a éstos en ese gran “cuarteto” de los “Cuatro Santos de Cartagena”, verdadero timbre de gloria de la España católica del periodo godo, fruto granado de una época en la que tales prodigios (¡que una familia de cinco hermanos cuente con hasta cuatro santos entre sus filas!) eran posibles por ese perpetuo Estado de Gracia que animaba la vida del espíritu, y que sólo se explica en los grandes periodos de la “Edad de la Fe”; España, tierra de santos, ilustra estos dones a cada paseo que efectuemos por su geografía.

Isidoro inició a temprana edad sus estudios teológicos e históricos con gran provecho. Fue un hombre de acción, pero al lado de su prolífica producción literaria, su vida de acción pasa como a un segundo plano. Y no es para menos: obras como el De ecclesiasticis officiis, las Etimologías, la Crónica, los Sinónimos o las Diferencias, redundan en todo lo dicho. Sea como fuere, este excepcional testigo de la Historia presenciará buen número de acontecimientos extraordinarios, antes, durante y después de la conversión en masa de los visigodos, salvados para la Cruz en una época de espesas divergencias.

Una de las misiones de El nimbo y la pluma es precisamente ésta: revisar el legado de los grandes custodios de la doctrina católica, y con ellos destacar la figura suprema y atemporal de San Isidoro de Sevilla, el Doctor Hispaniae, la más perfeccionada piedra del gran edificio católico hispano-visigodo.

San Isidoro siempre consideró a España esa “perla y ornamento del universo”: su ejemplo se mantiene vivo a través de su obra. Si España quiere sobrevivir a las aplanadoras demoníacas del Nuevo Orden Mundial, deberá refugiarse en las fuentes de su tradición… En un contexto tecnotrónico y debilitante, San Isidoro y su obra infinita nos salen al encuentro cual poderosos paliativos.

José Antonio Bielsa Arbiol: El nimbo y la pluma. Letras Inquietas (abril de 2020)