Cuando se enciende la luz de la Fe,
lo real de inmediato se ilumina,
la razón las falacias elimina
y con gran claridad todo se ve.

A comprender el cómo y el porqué
de las cosas la mente se encamina,
distinguiendo verdad de pantomima
y cerrando su puerta al paripé.

Transportado en volandas por la fina
intuición que le impide perder pie,
apunta el intelecto y siempre atina.

Lo falso y lo pomposo cual suflé
desínflanse ante la recta doctrina,
que en sus loas a Dios hace hincapié.