harem

  • Eres una insensata. ¿Cómo le has contado ese cuento a tu hermana? Además, ¿por qué se los has tenido que decir tan pronto? –le arrojó a la cara a Lupita en cuanto entró a la mañana siguiente en el Laboratorio.
  • ¿Pronto?, y ya voy para tres meses.
  • ¡Eres una insensata!
  • Sí, seré una insensata, pero estoy loca por ti y ya me importa todo un bledo. Me gustaría que mi hermana no existiese, te quiero para mí sola. Por cierto que a tu “Doña Cerebros” no quiero ni verla, creo que es una serpiente que te está enroscando sin que tú te des ni cuenta.
  • No digas tonterías y no hables mal de María Fernanda, María Fernanda es una mujer seria.
  • ¿Seria? ¿también en la cama?, ¿folla como yo?
  • Por favor, “Lupe” no saques las cosas de quicio.
  • Está bien, está bien, pero ya te puedes desnudar que aquí mismo te voy a violar -y la “niña” antes de terminar de hablar ya tenía los pechos al aire.
  • Loca, estás loca, anda vístete y vamos a trabajar.
  • Y de este ¿qué me dices? ¿te ha gustado lo del alemán? –y la “Lupita” paseó sus manos por el vientre ya algo abultado.
  • No, no me ha gustado.
  • ¿Qué querías, que le dijera a mi hermana que el culpable eras tú?, si le digo eso me echa de casa a patadas. Así que por la cuenta que te trae sigue el rollo de Alemania.
  • Vale, ya está bien, prepárame una infusión de hinojo, quiero hacer una prueba que no había hecho.

 

***

 

¡Ay, pero aquel beso sólo fue el inicio de un idilio maravilloso! Porque María Fernanda y Juan se dieron cuenta que su amor era profundo y sincero, y fue en aumento por las muchas horas que pasaban juntos en el laboratorio. Y eso a pesar de la guardia permanente a la que los sometía la celosa “Lupita”, pues la “niña”  se había dado cuenta de lo que pasaba y no los dejaba solos ni un momento.

 

  • Juan ¿qué le pasa a “Lupe”?
  • ¿Le pasa algo?
  • ¿Pues no la ves? De un tiempo a esta parte no nos quita ojo de encima y conmigo se muestra poco simpática.
  • Sí, ya lo he notado. Cosas de niñas.
  • Pues, no me gusta su actitud.
  • ¡Bah, no le hagas ni caso! Nosotros a lo nuestro.

 

Pero, en vista de lo cual algunas tardes, con la excusa de que iban a ver al profesor Lora Tamayo, el director de la Tesis, se iban al cine... y allí, en la oscuridad de la sala se amaban. María Fernanda estaba cada día más enamorada. Tanto que a Don Juan le empezó a remover la conciencia, porque sabía que le había ocultado y seguía ocultándoselo lo que tenía con “Lupita”. Y eso le tenía inquieto. No sabía si era el momento de decirle la verdad a María Fernanda o no, porque recordaba lo que ella le había contado de su primera experiencia amorosa, la desilusión que se llevó con aquel novio que resultó ser gay...  y no sabía si decírselo o no porque temía perderla. No obstante, llegó a la conclusión de que ella no se merecía lo que podría calificar de traición.

 

     Así que una de aquellas tardes de cine se fueron hacía su cafetería de “Noviciado” y con algo de miedo se atrevió a decirle la verdad.

 

  • “Mafe”, no tengo más remedio que contarte algo que hasta ahora te he ocultado. Te quiero y me he enamorado de ti, pero no me gustaría que nuestro amor creciera con unos cimientos falsos. Verás, desde el primer día que nos conocimos no te he ocultado que yo estaba casado y que tenía dos hijos y uno más que viene en camino. Pero hay una cosa que sí te he ocultado, mis relaciones con “Lupe”.
  • ¿”Lupe”?
  • Sí, “Lupe”.

 

Y entonces Don Juan le abrió su corazón y le contó todo lo relacionado con “Lupe”, y cómo había nacido el “lío” que se traía con ella.

 

María Fernanda, al escuchar la historia, se quedó sin habla y muy apenada sólo pudo decir:

 

  • ¿Y tu mujer lo sabía, lo sabe?
  • Sí, María Antonia lo sabe desde el primer momento y lo aceptó.
  • O sea, que tú vives con las dos.
  • Así es, pero tampoco lo de “Lupe” ha sido amor. Yo estaba solo y la “niña”, que se había entusiasmado con el Laboratorio, fue creciendo y haciéndose mujer... hasta que un día me provocó y yo no supe vencer la tentación.

 

Y entonces María Fernanda se levantó y con las lágrimas en los ojos dijo:

 

  • Juan, perdona, pero no puedo seguir. Me voy, tengo que pensar.
  • Por favor, “Mafe” no te vayas, no llores, me estás destrozando.
  • Lo sé, pero yo también estoy ahora mismo destrozada. Necesito pensar. ¡Es muy gordo lo que acabas de contarme! Mañana hablaremos, ahora me voy.

 

Y María Fernanda sin más cogió su bolso y abandonó la cafetería.

 

Don Juan se quedó anonadado y también a él se le saltaron las lágrimas. Veía que el gran amor, que su primer amor sincero, estaba naufragando. Y así se fue y se encerró en el Laboratorio. No quería ver a nadie,  la vida se le iba de las manos y lo peor es que se sentía culpable. No obstante, pudo consolarse y se enfrascó en el último experimento que había dejado en marcha antes de irse al cine esa tarde.

 

Quería comprobar, estaba comprobando, cuál de los ingredientes del “Shiremufriol” era el que más influía en el “embarazo” de la nicotina para saber la cantidad que debía utilizarse. Había probado ya con el ácido ascórbico del salvado, con la metionina del hinojo sin resultado. Le faltaba comprobar los efectos de la glicirricina del regaliz y el ácido clavulánico del musgo, y eso le tranquilizó algo, porque mirando por el microscopio se olvidó del pesar que le habían producido las lágrimas de “Mafe”.

 

***

 

Al día siguiente “Mafe” no se presentó y eso no sólo le puso nervioso sino que se sintió ferozmente inquieto. Si perdía a “Mafe” lo mandaba todo a la mierda.

 

Pero, en esas estaba cuando recibió un telegrama de Alemania, de Don Pablo, que escuetamente decía.

 

“Juan llegaré  Madrid martes día 8. Stop. Iré directo a tu casa. Stop. Búscame un hotel cercano. Stop. También viajan a Madrid un equipo de la “Bayer”. Stop. Ellos han reservado habitación en el “Palace”. Stop. Mi familia se queda en Leverkusen. Stop. Un abrazo fuerte.”

 

Y eso le animó y le hizo olvidar la ausencia de María Fernanda, porque inmediatamente  llamó al hotel “Coliseum”, que era el más cercano a su casa y reservó habitación.

 

Ya bien entrada la noche, y abrumado por lo de María Fernanda, se fue él solo a su cafetería preferida de “Noviciado” y se sentó triste y preocupado. El mundo se le había echado encima y no sabía qué hacer... y sus conciencias explotaron en lo más íntimo de su ser. “Te lo mereces. No se puede ir por la vida como tú vas”, le dijo la primera. “Eres un rufián. Esa mujer no se merecía el disgusto que le has dado”, le decía otra. “No te preocupes, si esa mujer está enamorada de  ti volverá”, le dijo la tercera. “Eres un tonto, ¿o es que no sabes que las mujeres se lo tragan todo? Ya volverá, y si no vuelve siempre habrá otra”, le dijo la cuarta.

 

Y en esas estaba cuando de pronto vio aparecer por la puerta a María Fernanda. Venía muy guapa, como casi siempre, y tras darle dos besos en las mejillas, se sentó a su lado.

 

  • Juan, perdóname... aunque la verdad es que no pensaba venir. He salido a dar un paseo porque la casa se me caía encima y queriendo sin querer mis pies me han traído hasta aquí con la esperanza de encontrarte. Te juro que no he podido dormir la noche pasada y que llevo un día de perros.
  • “Mafe”, por favor, eres tú la que tienes que perdonarme a mi.
  • Vamos a ver, Juan, ni tú tienes que perdonarme ni yo a ti. Así es la vida. Es verdad que tu historia con “Lupe”, cuando me la contaste anoche, me partió el alma, tal vez por lo que me pasó con mi novio de antaño. Es verdad que tu situación no es nada normal... pero, luego, recapacitando, me he dado cuenta de que al fin y al cabo tú has sido víctima de una situación extraña. Porque si tú no te hubieras casado, o te casaran, “in articulo mortis”, con una mujer a la que no querías, quizás las cosas hubieran sido muy distintas. Pensé, fríamente, que tu caída con la joven “Lupe” fue lo más normal que le puede pasar a un hombre. Por tanto he decidido, y he decidido porque no quiero perderte. Aunque sea romántico, o lo parezca, yo me he enamorado de ti y ya no podría vivir sin ti. Así que quiero estar a tu lado y que sea lo que Dios quiera.
  • “Mafe” –y Don Juan cogió las manos de María Fernanda y apretándolas se las llevó hasta la boca y las besó-. No sabes la alegría que me das, porque yo estaba aquí solo pensando en ti y hasta había llegado a la conclusión de que si tenía que romper con mis dos mujeres estaba dispuesto a hacerlo. Todo, antes de perderte a ti. Ya sé que mi vida sin ti no sería vida. También yo te digo que te has metido en mi corazón y que ya eres parte fundamental de mi vida.
  • Sí, Juan, pero no sé como vamos a salir de ésta, porque tú no puedes separarte de tu mujer y de tus hijos y  tampoco puedes abandonar a esa pobre muchacha, que ahora encima está embarazada.
  • Lo sé, “Mafe”, lo sé... y ese es mi pesar. Tampoco yo he podido dormir la noche pasada y he pasado un día de infarto.
  • Mira, amor mío, dicen que el amor es locura y loca debo estar yo, porque a sabiendas de lo que tenemos ante nosotros, estoy dispuesta a ser tuya cuando tú lo desees.
  • “Mafe”, me estás resucitando.
  • Pues, entonces vámonos de aquí, esta noche no quiero pensar más, sólo deseo ser tuya aunque el mundo se hunda.

 

Y cogidos de la mano o abrazados por la cintura se encaminaron San Bernardo arriba en dirección a su casa.

 

Y aquella noche Juan y “Mafe” se entregaron el uno al otro como dos verdaderos enamorados. Y más cuando “Mafe” al ser penetrada dio un grito de dolor que le demostró a él que era todavía una mujer virgen.

 

                                                   ***

 

 

  • ¡Eres un cabrón, eres un hijo de puta! , ¿dónde estuviste anoche? –así entró por la mañana en el Laboratorio la rebelde “Lupe”, dando gritos y supercabreada.
  • Tranquila, “Lupe”, pero ¿qué te pasa ahora?
  • ¿Que qué me pasa? ¿me lo dices tú, cabrón, que anoche me pusiste los cuernos con esa puta?, porque estoy segura que pasaste la noche con ella.
  • Oye, “Lupe”, ya está bien. No te voy a permitir ni un minuto más que ofendas a María Fernanda... y yo estuve donde me dio la gana ¿quién eres tú para decirme a mí lo que tengo que hacer?
  • ¿Que quién soy yo? ¿pregúntale a este hijo tuyo que llevo en el vientre que quién soy yo?
  • Bueno, ya está bien, no voy a soportarte más tus celos de niña... lo que no hace tu hermana, mi mujer, no voy a permitir que lo hagas tú.
  • Claro, como mi hermana es una santa, o una tonta del bote, crees que todas vamos a ser igual ¡pues te equivocas!, ¡a mí no me vas a poner los cuernos como se los estás poniendo a mi hermana!
  • Mira, “Lupe”, si sigues así ahora mismo te vas a la calle.
  • Pues sí, eso es lo que voy a hacer ahora mismo, pero tenlo presente, si tú me pones los cuernos a mí yo te los voy a poner a ti y más grandes... ¡Ahora mismo me voy a los jardines de Sabatini y como encuentre a alguien que me guste me lo follo allí mismo!
  • ¡Vete a la mierda!, ¡ya me estás cansando!

 

Y “Lupe”, sí, se fue dando un portazo... Al quedarse solo Don Juan tuvo que sentarse para aplacar sus nervios y tranquilizar a su corazón. “Está claro, a esta chica hay que alejarla de aquí –se dijo a sí mismo-. Tengo que buscar la fórmula que sea para sacarla de esta casa... no voy a permitir que una “niña” estropee el amor de mi vida”.