Estas fueron las palabras que pronunció el Regente Duran i Lleida en el acto oficial de la proclamación de la TERCERA REPÚBLICA:

“Señores Diputados y Senadores miembros de la Asamblea Nacional, señor Presidente del Gobierno, Presidentes presentes de las Autonomías Españolas, representantes del Cuerpo Diplomático y demás invitados. Estamos aquí para proclamar oficialmente la República. El pasado día 26 la Asamblea Nacional acordó y eligió a los miembros de esta Regencia y propuso la celebración de un Referéndum para que el pueblo español decidiese la forma de Estado que quería para España. Celebrado éste en el día de ayer, 13 de diciembre, los resultados fueron aplastantes a favor de la República. Un acontecimiento histórico que ha sorprendido hasta a nuestros socios de la Unión Europea y a todo el mundo, por haberse realizado con total normalidad, sin incidente alguno y con plenas libertades.

Estamos, pues, en un momento crucial de España. Democráticamente hemos elegido nuestro futuro, pero todos sabemos que esto no es más que el comienzo, que a partir de hoy mismo habrá que ponerse a trabajar en firme para ir poniendo las piedras básicas de la convivencia.

No será fácil, porque llegado este momento no debemos detenernos ante ningún tabú. Si hemos cambiado pacíficamente la Forma de Estado y hemos sustituido la Monarquía por la República, quiere decir que lo podemos cambiar todo y más cuando la economía ha superado la desastrosa crisis de años pasados y estamos creciendo a niveles de los grandes de Europa.

Por ello, no debemos tener miedos a enfrentarnos con los problemas que tenemos desde la primera Transición. Y pongo algunos ejemplos: el Estado de las Autonomías, el Estado del Bienestar, los Sindicatos, la Educación, la Sanidad, la Seguridad Social, la Inmigración, las Relaciones con las Iglesias y, no os escandalicéis, el derecho de Autodeterminación de las Nacionalidades del Estado Español.

-¿Podemos seguir con 17 Autonomías, 17 administraciones, 17 Parlamentos y todo lo que eso conlleva?

-¿Podemos mantener el Estado del Bienestar tan reñido con una economía sana?

-¿Pueden los Sindicatos subsistir con las subvenciones del Estado? ¿Cómo deben ser los Sindicatos del futuro?

Y así podíamos continuar con los otros temas. Sí quiero puntualizar algo que de un modo u otro tendremos que afrontar de cara a la estabilidad del Estado: el derecho de las Nacionalidades a celebrar en su demarcación territorial un Referéndum de Autodeterminación. Tenemos que saber qué Nacionalidades quieren seguir unidas a España y cuáles no. Tenemos que concretar si España y la República están dispuestas a una desmembración o a una Federación de Estados.

Como veis son muchos retos los que tenemos ante nosotros y los que nos deben ocupar en las Cortes Constituyentes.

Y ahora, Señorías y miembros de la Asamblea Nacional, gritad conmigo:

¡¡VIVA LA REPÚBLICA!!

(Y todos los presentes, puestos en pie, respondieron unánimemente al grito del Regente Duran i Lleida).

El Presidente de la Asamblea dio por cerrada la Sesión de Proclamación y convocó a todos los miembros para una nueva sesión a las 18:00 h.

A las 2:30 h. de la tarde los Regentes se reunieron a comer en El Pardo con el Presidente del Gobierno y el Presidente de la Asamblea Nacional. Y allí se hablaron estas cosas:

  • Bueno ¿y qué hacemos con el Príncipe y la Familia Real, ahora que tenemos una República? -dijo en tono de humor el Regente Rato- Porque, eso no lo has introducido, Josep, en tu programa de investidura. Porque, macho, tu discurso más que unas palabras de proclamación han sido un verdadero programa político.
  • No seas cachondo, Rodrigo -contestó Duran i Lleida- Yo no he pretendido hacer un programa de partido, yo me he limitado a señalar los retos que tenemos ante nosotros. En cuanto a lo del Príncipe y la Familia Real yo lo tengo claro, ¿aunque no sé lo que pensaréis vosotros? En mi criterio, la República debe comportarse con el Príncipe como él se ha portado con la República. O sea, con generosidad. Por tanto, y si vosotros estáis de acuerdo conmigo yo le dejaría a él y a toda la familia en el Palacio de la Zarzuela al menos mientras viva el Rey Juan Carlos. No sería de caballeros plantearles un cambio de residencia cuando el Rey, bueno el ex-Rey, al parecer está en la fase final de su vida y como han dicho los médicos su muerte es cuestión de meses o de días.
  • Ahora, hablemos en serio –intervino el Regente Solana- ¿Cómo y cuándo vamos a convocar las elecciones para la Presidencia de la República y cómo y cuándo las de las Cortes Constituyentes? ¿Deben celebrarse por separado o las convocamos para el mismo día? ¿Y qué tipo de Presidencia queremos? ¿El Rey reina pero no gobierna o queremos un Presidente con poderes ejecutivos? ¿Debe el Presidente ser elegido directamente o debe ser elegido por el Parlamento? ¿Quién puede presentar su candidatura para la presidencia? ¿Puede presentarse alguien que no tenga detrás un Partido o sólo lo pueden hacer aquellos que presenten los Partidos?
  • Vamos a ver, vamos a ver, y si me permitís los señores Regentes que hable –dijo con sorna el gallego Rajoy, Presidente del Gobierno-. Aunque esté de acuerdo con el “programa” que hoy ha puesto sobre el tapete nuestro amigo Josep, creo que algunas de las leyes y de las normas que tenemos vigentes las podemos aprovechar. Por ejemplo, según la Ley electoral actual cuando el Presidente del Gobierno decide convocar elecciones generales antes tiene que cerrar las Cortes y según la normativa la fecha electoral tiene que ser 54 días más tarde. En este caso tendríamos que concretar el ritmo que le queremos dar a la nueva situación, si queremos que sea rápido o preferimos alargar los plazos para que se consolide algo más la nueva República.
  • Eso está bien, Mariano -dijo el Presidente de la Asamblea Nacional, pero ¿Querrán los miembros de la Asamblea, que se consideran ahora mismo los depositarios de la Soberanía nacional, autodisolverse? ¿Y si se niegan?
  • Yo creo -interviene Duran i Lleida- que lo más inteligente sería disolver la Asamblea y convocar con urgencia ambas elecciones: la del Presidente de la República, que en mi criterio debe ser por elección directa y no en el Parlamento, y las de las Cortes Constituyentes. Lo que quiere decir, que si nos atenemos a los 54 días que nos ha recordado Rajoy ambas elecciones podrían celebrarse el domingo 14 de febrero...
  • Coño ¿y por qué no las celebramos el día 23 y así recordamos a Tejero y aquel 23-F que nos puso a todos de rodillas en el Congreso? -dijo entre risas Rodrigo Rato.
  • Déjate de bromas, Rodrigo, que es muy serio lo que estamos hablando. Insisto -siguió Duran i Lleida si nos atenemos a los 54 días las tenemos que convocar para el día 22 de diciembre y la campaña electoral propiamente dicha del 30 de enero al 13 de febrero, que seria el día de reflexión.
  • Estoy de acuerdo, me parece sensato -dijo el Regente Solana.

(Y todos los presentes estuvieron de acuerdo). Sin embargo, -continuó Solana- hay una cosa que no tengo clara. Si nosotros fijamos los poderes del nuevo Presidente que salga de las elecciones y el tipo de República que queremos ¿no nos estaremos metiendo en lo que deberán acordar y aprobar las Cortes Constituyentes?

  • Pues, es probable. Pero ya que estamos intentando cambiarlo todo, cambiemos también esto. Pienso que si los candidatos posibles presentan al pueblo un programa, el que sea, y el pueblo le da su apoyo mayoritariamente, y el pueblo es el verdadero propietario de la Soberanía Nacional, ello quiere decir que las Cortes Constituyentes tendrían que introducir en la Nueva Constitución los deseos del pueblo. Igual pienso de los programas que presenten, con plena libertad, los Partidos Políticos. Es decir, que en este caso no serían las Cortes Constituyentes, ni el Gobierno, ni siquiera la Regencia, las que impondrían sus deseos, sino todo lo contrario, serían meros ejecutores técnicos de lo aprobado por el pueblo. En cualquier caso, y en el supuesto de que ningún partido obtuviese mayoría absoluta, habría que buscar el consenso en el Parlamento o convocar los Referéndum necesarios para los puntos más polémicos. Pero, esto es lo que debemos fijar aquí para el Orden del día de esta tarde -dijo el Regente Duran i Lleida.
  • Bien, y ahora hablo en serio. ¿Y qué hacemos con las Cámaras? ¿Seguimos con un Congreso y un Senado? Porque eso tendría que incluirse para las urnas el día acordado de febrero -dijo Rato.
  • Sí, Rodrigo, mira, ese puede ser un tema para el orden del día de hoy -intervino el Regente Solana.
  • Bueno pues llegados aquí decidme qué orden del día presento en la Sesión de esta tarde -dijo el Presidente de la Asamblea Nacional. Yo creo que podría ser éste:
  1. A) Convocatoria de las elecciones.
  2. B) Elección directa o indirecta del Presidente de la República.
  3. C) Poderes del Presidente elegido.
  4. D) Disolución de la Asamblea Nacional.

Yo creo que con estos puntos la jauría, como vosotros decís, tiene para toda la tarde y hasta para la madrugada. Lo que no veo claro es que los miembros de la Asamblea quieran hacerse el “Harakiri” que se hicieron los franquistas. Sobre todo ahora que están supercreídos y entusiasmados por lo que han hecho y han conseguido en pocos días. Pero lo intentaremos. Creo que no estaría mal tener una reunión previa a la sesión con los líderes de los Partidos, especialmente con el del PSOE.

Muy distinta fue, sin embargo, la conversación que mantuvieron a esas mismas horas la Reina Doña Sofía y los Príncipes de Asturias, en una habitación del Hospital St. Julien de Montreux, a orillas del lago Leman, en un lugar paradisiaco. La familia real española había alquilado la planta segunda entera. Por cierto, que en otra habitación cercana estaban las infantas, doña Elena y doña Cristina, y un grupo de amigos, entre ellos el conde de Elda y marqués de Melín, Enrique Falcó y Carrión (viudo de la mejor amiga que tuvo siempre el Rey, María Fernanda Méndez Núñez y Gómez Acebo) y Simeón de Bulgaria, acompañado de su mujer, Margarita Gómez Acebo. En esos momentos el Rey estaba siendo intervenido quirúrgicamente por una complicación inesperada de su enfermedad.

- Felipe, tu padre se nos va. No creo que salga de ésta.

  • Mamá, pero ¿qué es en concreto lo que le están haciendo ahora?
  • No lo sé con exactitud. Como te he dicho esta mañana por teléfono, y según me dijeron los doctores Guinea y Marañón, esta madrugada le estalló el colon, el duodeno y no sé cuantas cosas más y había que operar con urgencia. Al parecer le están extirpando toda esa parte (pausa prolongada) y lo peor, que luego tenían que darle otra salida al estómago, uniendo éste con el colon por la curva del yeyuno, con un tubo artificial. No, no creo que en el estado que está resista esta operación.
    • Bueno, mamá ¿y qué le vamos a hacer? Los Reyes también se mueren... y en este caso tal vez sea lo mejor. Cuanto menos sufra, mejor. Gracias a Dios ha vivido 77 años, ha reinado 40, ha visto nacer a sus hijos y a sus nietos. La vida es así... y (como hablando consigo mismo) la sangre azul no es un certificado de vida eterna.
    • Sí, tienes razón. Todos nos tenemos que morir. ¡Que Dios nos ampare a todos!... Y por Madrid ¿qué pasa?
    • Pues, ya lo sabes, mamá. Esta mañana se ha proclamado oficialmente la República.
  • Tenías que haber hecho algo, te lo dije.
  • ¿Y qué querías que hiciera? ¿Llamar al capitán general de Cataluña, como hizo el abuelo Don Alfonso, e implantar una Dictadura? ¿Organizar otro 23 de Febrero, como vosotros?
  • No, simplemente exigir tus derechos constitucionales.
  • Mamá, no volvamos a lo mismo. Ya conoces lo que pienso. No quiero ser una figura decorativa, no quiero ser un jarrón de quita y pon.
  • Vale, hijo, vale. Pero ¿ahora qué? ¿Cuál va a ser tu destino?
  • No lo sé, mamá, no lo sé, Sólo sé eso que dice el pueblo: donde una puerta se cierra otra se abre.
  • ¿Y qué van a hacer con nosotros? Porque supongo que tendremos que abandonar la Zarzuela...
  • Por supuesto. Pero, no de momento. Esta misma mañana, poco antes de salir para Ginebra, me llamó el Regente Solana y además de interesarse de corazón por el Rey me adelantó que el deseo de la Regencia y del Gobierno es que nos quedemos allí, al menos mientras viva el Rey o elijan al Presidente de la República.
  • ¡Vaya, un detalle!... ¿Y tú qué dices, Letizia? Estás muy callada.
  • Sofía, yo estoy triste, como todos. Pero, si lo que quieres es saber mi opinión personal sobre lo que ha pasado, y lo que pueda pasar, te digo: estoy enteramente de acuerdo con mi marido. A mí tampoco me gusta ser un jarrón. Además tú ya sabes que yo nunca he sido monárquica. Yo no me casé con tu hijo por ser el Príncipe heredero, yo me enamoré y me casé con un hombre que era príncipe. Así de sencillo.

En ese momento llegaron los doctores para informarles del resultado de la operación. Según el cirujano Jefe todo había ido muy bien y las constantes vitales del enfermo estaban controladas.

  • Majestad, de esta no se nos muere.
  • Gracias a Dios, doctor. ¿Podemos verle?
  • No, por favor. Habrá que esperar unas horas. Ha sido una intervención muy dura.