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Es curioso, pero la popular canción esa que dice "cuando un amigo se va" no dice, creo, dónde se va el amigo...A  mi me da igual, porque mis amigos que se fueron no se fueron, sino que cambiaron de destino y ahora ellos están "allí´" y yo estoy "aquí". Exactamente igual que antes. Antes, ayer, ellos, unos  estaban en Madrid y otros estaban en Nueva Carteya, mi pueblo, y yo estaba aquí, en mi Córdoba. Eso me hace pensar que la vida y la muerte no son más que destinos, que se lo pregunten si no  a los militares, por poner un ejemplo, hoy aquí y mañana allá... Y  todo esto porque hoy, 5 de septiembre, cuando escribo, han salido de mi alma los amigos que cambiaron de destino. El primero de todos mi Antonio Pérez Oteros (6 años y dos meses ya que se fue), mi asesor único, mi confidente vital, mi paño de lágrimas y amores, mi animador de sueños, mi baúl de ilusiones, mi compañero en el Magisterio... (un trío inseparable, con Manuel López)... y pisándole los talones el bueno de Alfonso Calviño Castañón (cuatro años ha) y Helga,  el amor de su vida, la alemana que vino de León pasando por Asturias, y se quedó entre nosotros... (otro trío de mi vida)... y más cercano (casi ayer) se me marchó ¿dónde?...eso, hablando de José Antonio Gurriarán, nunca podrá saberse, porque como buen gallego (del Barco de Valdeorras) nunca se sabe si sube o baja o si está a la derecha o a la izquierda. ¡¡Dios, la pasión por el periodismo, nuestros años codo con codo en la Escuela Oficial, en el gran "Pueblo" de Emilio Romero y hasta en la llamada Prensa del Movimiento!!... y todavía casi diciéndonos hasta luego en la estación mi amigo y confidente Miguel (si Miguel Ors Candela, el de los Deportes)..."Oye, Miguel, de verdad, entre tú y yo ¿tú crees en eso de la otra vida y eso del cielo y el infierno?...Pues, mira, yo lo de Baroja... por si acaso, sí". Es el destino. ¡¡Pero qué solos, qué solos, nos quedamos, se quedan los vivos!!!.