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Ni el "de nada me arrepiento"
ni el perpetuo reconcomio
son procederes correctos.
De aquello que hicimos mal,
si así fue por culpa nuestra,
arrepentirnos debemos
con propósito de enmienda
en sagrada Confesión
y obtener reparación
si es posible para aquel
al que hayamos ofendido.
Mas una vez hecho esto,
sería exceso indigesto
el continuar afligidos
por el mal que cometimos.
Lo suyo es tirar al tacho
del nunca más o al olvido
nuestro pasado fallido
o guardarlo en nuestro archivo
de lecciones aprendidas.
Después, seguir adelante
por la senda de esta vida
con humor y buen talante,
procurando cada día
no tropezar donde antes.