'Mens sana in corpore sano' Rafael López
 
Me dispongo a efectuar la defensa de esta controversia con el agrio sabor de la última, que versaba sobre "votar o abstenerse", debido al varapalo descomunal sufrido en la simpática opción de voto a la opción preferida, que pone El Correo a disposición de los lectores este gran medio.
 
Me llama la atención que los que apoyaron a Luys Coleto (opción filoabstencionsta) dejarán de ser tan abstencionistas y le votarán másivamente en la encuesta. A no ser que Luys, con tal de "triturarne" en la misma, sobornara a unos cuantos miles de lectores. En fin para poner remedio a frustraciones recientes he adquirido un completo equipamiento deportivo, pesas, máquinas, etc., para defender lleno de vigor ancianil mi actual propuesta en favor de que la actividad deportiva redunda en una mente sana. 
 
Disculpen los lectores la broma de los dos párrafos anteriores sólo achacable a la pésima relación personal entre Luys y yo. 
 
Vayamos al asunto de esta controversia dominical. La máxima latina, indicada en el titulo de este artículo, es una falacia, y el motivo es que mente y cuerpo tienen una naturaleza propia, e independiente. Así pues nos podemos encontrar con personas de mente y cuerpos sanos, otras de mentes sanas pero con organismos que no lo están y las que tienen mentes enfermas con cuerpos sanos, o no (todos los miembros de este malgobierno dictatorial pertenen a uno de estos dos últimos grupos porque tienen la sesera podrida completamente, y la maldad inoculada hasta la última célula de su inútil organismo).
 
Hay personas de mentes brillantes y cabezas muy bien estructuradas que han destacado por no hacer actividad física alguna. En el lado contrario encontramos individuos con una actividad física diaria tremenda y cuerpos esculpidos, cuyo uso de su capacidad mental es más bien limitado. Es decir un aspecto no tiene una relacion directa con el otro. Pero, como todo en la vida, son los extremos los que revelan la naturaleza de las cosas. A diario, nos podemos encontrar con personas que realizan unas rutinas de actividad física periódicas de gran intensidad desatendiendo el "fortalecimiento" de la mente a través del estudio, las buenas compañías y el aprendizaje que son igual de necesarios o más. Por el contrario hay personas se vuelcan en el estudio, y el conocimiento humano, desatendido cualquier actividad física. 
 
Los deportistas de élite que, en tantas ocasiones, dejan sus estudios a edades relativamente tempranas, para centrarse en sus carreras deportivas, se ven afectados por ese déficit formativo, y quienes son reconocedores de dicha situación tratan de enmendar, después de su carrera deportiva, lo que perdieron en su juventud. Otros, por el contrario, se adocenan con sus carencias formativas de por vida, normalmente con resultados nada edificantes. 
 
Los comportamientos obsesivos de personas que, tratando de conseguir una eterna juventud vigorosa, se "machacan" en el gimnasio e ingieren todo tipo de suplementos y pócimas ponen de manifiesto que el físico lo tendrán de lujo pero la azotea necesita ayuda urgente y profesional. 
 
Creo que la mayoría de la población, afortunadamente, no está en ninguno de esos perfiles, porque los excesos, sean de la naturaleza que sean, son perjudiciales. El equilibrio que debe suponer la complementación del ejercicio físico con el intelectual dispone de muchas graduaciones y es indudable que una actividad física, acorde a la edad y características del individuo, es saludable y que un organismo en ese estado gozará de una "frescura" natural para atender el trabajo intelectual.
 
Tanto el cuerpo como la mente deben disciplinarse y fortalercese, porque ambos factores son necesarios y complementarios. Adecuar una disciplina, para cuerpo y mente, a las características de cada persona es esencial para que dicha combinacion redunde en un beneficio integral de la misma. 
 
Mi experiencia personal tiende a apoyar más la tesis de mi rival Luys Coleto, pero no debo extrapolar un caso específico a la población en general. Creo que un ejercicio físico moderado, y sin "estridencias", es bueno para el organismo, y como la mente no deja de formar parte de él, también se beneficia.
 
El Sr. Coleto, creo que es un abstencionista, también, en lo de realizar ejercicio físico. Sustituye el "marcharse" en el gimnasio por machacarnos a todos los lectores del Correo con la utilización, en sus artículos, de un lenguaje de cuarta, lleno de exabruptos y palabras malsonantes. Imagino que después de relajarse con la redacción de sus, por lo demás, interesantes, e inquietantes, textos se dará un ligero paseo con el acompañante peludo que lo acompaña en la foto y regresa "nuevo" a casa.
 
Para mantener sana la mente no desatendamos el aprendizaje, el estudio y las buenas compañías que relataba antes, y entre estas últimas leer El Correo de España es una de las más recomendables (incluidos, a pesar de todo, los artículos de mi rival). 
 

Mens sana in corpore tullido. Por Luys Coleto

El deporte es popular porque la estupidez es popular. Con la falsa pandemia, cristalina evidencia. Pan y circo. Panem et circenses, egregio Juvenal. Locución latina de uso bastante frecuente y que nos recuerda que nuestra sociedad, por desgracia es, aún, bastante romana. A pesar de los siglos pasados. Nada lusitana ni, mucho menos, numantina. Pan y circo, armas de destrucción masiva. Pan y circo, arma de distracción masiva. Deporte de masas, pamema teatrera, grosso modo: estudiadísima estrategia de poder,  mecanismo movilizador de emociones y de eficiente manipulación mediática. Y en el turbo capitalismo de ficción contemporáneo - siempre aliado al monstruoso y opresivo Leviatán- un mayestático despropósito.

Deporte, pura política

Uso político, hoy biopolítico. El futbol es un producto diseñado para un mercado global, al que no le importan ni los regímenes totalitarios ni bagatelas o menudencias como derechos humanos, tolerancia ni trascendencia social. A la diestra o la zurda. Popular o militar, el poder corrompe lo poco noble que pudiese tener el deporte profesional. El deporte, como toda actividad humana, posee ideología. O se la imponen.

El deporte tiene y es ideología cuando las dictaduras o las "democracias" lo utilizan como arma propagandística o adormidera social. Perfectos blanqueadores o anestésicos. Fue ideología la Eurocopa del 64, de la que tanta legitimación extrajo el franquismo. O las imposibles y ochenteras – tan amañadas -  ligas de los equipos vascos. Es ideología cuando el Farsa se pone institucional y públicamente al servicio del separatismo. Cuando se aboga por una selección catalana o, tal vez, murciana. Cuando la gente entona en la calle "¡yo soy español, español, español!". Cuando se silba o se glorifica un himno. O cuando se ondea o se escarnece una bandera.

Paradigma extremo: mundiales futboleros y olimpiadas. A saber. Mundiales de Fútbol de Italia (1934), Alemania (1974) y Argentina (1978). O Juegos Olímpicos de Berlín (1936), Moscú (1980), Los Ángeles (1984) y Pekín (2008). Fue ideología caliente durante toda la Guerra Fría. Difusa y sombría en el magno duelo Fischer versus Spassky. Y simpaticona en "la diplomacia del ping-pong", Nixon mediante. El deporte, ideología en vena, en la Rusia de Putin o en la insaciable China de Xi Jinping,

Deporte. Repugnante utilización política. Al servicio de cualquier régimen. Del sátrapa de turno. Narcótico y derivas varias. Donde solo se vislumbra competitividad y se impone un modelo deportivo "masificado" que atenta claramente contra la salud de quien lo practica.  Un modelo viciado que no marca límites por definición y para el que todo vale. Corre Forrest, corre.

Deporte, lo peor del capitalismo               

Modelo Estato-Capitalista. Deporte, incluso, con emanaciones teológicas. Discutible forma que tienen las sociedades sin Dios de evitar la enfermedad, mitigar la vejez, ignorar la muerte. Deporte, pieza y fragmento, también, de un absurdo modelo de ocio mercantilista. Empastillarse, por ejemplo, con lo que se tenga a mano, sin importar el precio o la salud. El deporte, como droga.

Yonkarras consumiendo pirulas múltiples y multiformes y multiusos, de misceláneas faces, pervirtiendo hasta el tuétano hasta lo que pudiera parecer más salubre e inocuo. Y en los peores casos, estallando el corazón o - la salud en general - por no poder soportar el tratamiento que venían cascándose para cumplir con el disparatado canon de tío mazas, culto al cuerpo, nueva idolatría, tabletita top, musculitos sobredimensionados. Culturismo, vidrioso paradigma. El doping, inexcusable. Y qué decir del tolai que solicita un préstamo para comprar una bicicleta de diez mil pavetes. O del insondable idiota que cuartea su familia y rompe con amigos y colegas porque lo primero es entrenar.

Correr es de cobardes

¿Deporte? El hispalense Rogelio Sosa Ramírez. Qué decir de la consecución bética de la primera Copa del Rey (Elefante) en inolvidable final contra el Athletic de Bilbao, 25 de junio del 77, Vicente Calderón. Y otro memento, enésimamente enmarcado. Ante el brillante entrenador húngaro, Ferenc Szusza. "Míster, yo no corro, correr es de cobardes". Bien sabía Rogelio, gloriosa zurda de caoba, que era el balón el que debía moverse, no el futbolista. En fin.