José María Zavala nunca defrauda a sus lectores habituales. Y puede decirse que tampoco a quien se acerca por primera vez a su obra. Al menos, eso nos parece este libro, de formato periodístico, a medio camino entre la entrevista y el reportaje, que atrapa desde la primera línea hasta la última.
 
Aunque el título del libro pueda resultar apocalíptico, el autor se encarga desde el primer momento de señalar algo importante: que los tiempos de Dios no son los nuestros. Y que cuando hablamos del "final de los tiempos", corresponde solamente a Él decidir cuánto durará ese final y cómo se manifestará a todos los mortales. En todo caso, el tono general de la obra no transmite inquietud o temor ante una próxima Parusía, sino todo lo contrario: esperanza y Fe.
 
Como bien aclara el propio autor al principio, no se trata específicamente de un libro sobre las apariciones de Garabandal, ocurridas a principios de la década de los sesenta en ese bello paraje cántabro. Hay otras obras que explican con detalle aquellos acontecimientos que, de momento, no han sido "confirmados" como sobrenaturales por parte de la Iglesia Católica. Fue el propio Benedicto XVI, siendo papa, quien, consultado al respecto, dijo que "no consta la sobrenaturalidad", expresión que no descarta que lo sea, sino que solo quiere decir que por el momento no se ha podido constatar con certeza.
 
Esta obra de Zavala es una conversación profunda y sincera entre el autor y una de las cuatro videntes de Garabandal, Jacinta, quien vive en Estados Unidos desde poco después de su boda con un ciudadano americano. A lo largo de ocho horas de entrevistas, celebradas el pasado verano durante varias jornadas, Jacinta González desgrana algunos detalles de los mensajes de la Santísima Virgen en Garabandal, aportando también sus opiniones sobre distintos aspectos relacionados con la vivencia de la Fe Católica. Se agradece por parte de ambos la claridad con la que se expone la doctrina de la Iglesia Católica, en este caso no por parte de religiosos, ni curas, ni obispos, sino de dos creyentes con una profunda fe, y dos experiencias de vida cristiana muy intensas.
 
Este aspecto, el del testimonio de dos personas que exponen sin complejos cómo debe vivirse la fe en un mundo hostil hacia Cristo, es quizá el más importante de la obra. El otro tiene que ver con la personalidad de la vidente, que en todo momento se muestra sencilla y cercana, con detalles de humildad conmovedores, con esa mezcla imbatible de sinceridad y prudencia que dotan su testimonio de una enorme credibilidad. Como ella misma dice durante la entrevista, lo de menos es que la gente crea o no en las apariciones de Garabandal; lo fundamental es que crean en Dios y en la Santísima Virgen. Jacinta muestra durante toda la conversación que aquellos sucesos extraordinarios le han generado distintos problemas personales durante su vida, pero que todos los da por buenos si han servido para acercar a personas ateas o agnósticas a la Fe Verdadera.
 
Hay dos vivencias contadas por la vidente a Zavala que me parecen especialmente significativos y emocionantes: el de la aparición del Sagrado Corazón de Jesús, también en Garabandal (en concreto en una calleja), antes de que las cuatro niñas pudiesen hablar con la Virgen María. Jacinta consigue casi hacer visible la escena a pesar de utilizar muy pocas palabras; pero esa mirada de Cristo, en silencio, una mirada amorosa, de padre, hacia una niña entonces pequeña, resulta muy emotiva para el lector.
 
La otra tiene que ver, por supuesto, con "El Aviso", "El Milagro" y "El Castigo". Es, sin duda alguna, la parte de la conversación que resulta más apasionante. A pesar de que Jacinta explica en varias ocasiones que la Virgen les prohibió contar cómo fue la visión que les ofreció del Castigo que recibiría la Humanidad en caso de no convertirse, la relativa inminencia tanto del Aviso como del Milagro (las dos primeras oportunidades para esa conversión) tienen un tremendo atractivo para el lector católico. Tanto Zavala como Jacinta subrayan, con gran acierto, la necesidad de estar en Gracia de Dios cuanto antes, sin esperar a ese momento para el cual aún no hay fecha. Hemos de estar preparados para que, cuando llegue el día, estemos "en amistad" con Cristo, es decir, libres de pecado.
 
Zavala demuestra una vez más, con esta obra, su estilo inconfundible, su dominio de la técnica periodística de la entrevista y, por qué no decirlo también, su propia vivencia de la Fe, que le ha convertido, en estos momentos, en una de las personalidades más influyentes del mundo católico. Tantos sus extraordinarios libros sobre el Padre Pío, Madre Esperanza o la Madre Teresa de Calcuta, como sus incursiones cinematográficas a partir de algunas de esas obras, así lo avalan. Él siempre, en público y en privado, suele decir "para mayor Gloria de Dios", un detalle de humildad muy de agradecer en estos tiempos de tanto divo, incluso en el mundillo cristiano.
 
Un relato apasionante, una historia llena de emoción, un testimonio que no puede dejar a nadie indiferente, un episodio (al margen de lo que cada uno piense sobre su autenticidad) que desde luego nos abre a muchos católicos (entre quienes me encuentro) una ventana de esperanza en un panorama actual tan sombrío. La esperanza de que Nuestra Madre Celestial está con nosotros, en realidad siempre lo ha estado. Y de que es Ella principalmente nuestra principal intercesora ante Dios, quien abogará por nosotros, por todos aquellos que se conviertan y abandonen el pecado. Una esperanza, sí, y no un motivo de miedo ante esos últimos tiempos que, sin duda alguna, ya están aquí.