El poeta toledano Rafael María Ortega escribió un precioso libro de poesía llamado Sonetos del Amor enamorado, que obtuvo premios y reconocimientos en prensa. Tengo en mis manos el editado en 1978, que va con una preciosa dedicación a mi persona.

Algunos de sus mejores sonetos, Dios mediante, los iré compartiendo y comentando en esta página. Les dejo con el primer soneto dedicado a su mujer, que en este caso la compara con la primavera. Una primavera florieciente por el sol de su alegría que riega el amor de su juventud. Una primavera florida, frondosa y reluciente que hasta el día de hoy no se ha marchitado. Pasados los 80 años, ya sin el vigor de la juventud, conserva incólume la fuerza inmarcesible del amor a su esposa.

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Qué fuera del amor si no tuviera

en el tuyo refugio y compañía,

si le faltara el sol de tu alegría,

marchitado seguro que muriera.

 

Porque mi amor sin ti ya no naciera

y sin tu amor mi amor no existiría

y sin haberte hallado no tendría

ni hubiera conocido primavera.

 

Alas me das para volar seguro,

cielo para elevarme apresurado,

sustento a mi sustento le procuras.

 

Me alimento de tí, fruto maduro,

de tu amor me aliento enamorado

y de tu amor no siento las harturas.