No presuma de libre el pecador
que peca sin vergüenza y con porfía,
porque libre no es, aunque se ría,
aquel que afrenta a Dios Nuestro Señor.

Esclavo es del pecado y con horror
verá las consecuencias de su impía
manera de vivir, si todavía
persiste a última hora en el error.

La libertad real sólo es honor
de aquel que la virtud tiene por guía
y siente cuando peca un gran temor.

La libertad real es la alegría
de obrar con rectitud y con amor,
lejos de Satanás, que la aniquila.