Los proles no son seres humanos -dijo Syme -. Hacia el 2050, quizás antes, habrá desaparecido todo conocimiento efectivo del viejo idioma. Toda la literatura del pasado habrá sido destruida. Chaucer, Shakespeare, Milton, Byron... sólo existirán en versiones neolingüísticas, no sólo transformados en algo muy diferente, sino convertidos en lo contrario de lo que eran. Incluso la literatura del Partido cambiará; hasta los eslóganes serán otros. ¿Cómo vas a tener un eslogan como el de ‘la libertad es la esclavitud’ cuando el concepto de libertad no exista? Todo el clima del pensamiento será distinto. En realidad, no habrá pensamiento en el sentido en que ahora lo entendemos. La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento. Nuestra ortodoxia es la inconsciencia(…) Winston cogió el libro de texto infantil y miró el retrato del Gran Hermano que llenaba la portada. Los ojos hipnóticos se clavaron en los suyos. Era como si una inmensa fuerza empezara a aplastarle, algo que iba penetrando en el cráneo, golpeaba el cerebro por dentro, le aterrorizaba y llegaba casi a persuadirle que era de noche cuando era de día. Al final, el Partido anunciaría que dos y dos son cinco y habría que creerlo. Era inevitable. La lógica de su posición así lo exigía. Su filosofía negaba no sólo la validez de la experiencia, sino que existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común. Y lo más terrible no era que le mataran a uno por pensar de otro modo, sino que pudieran tener razón. Porque, después de todo, ¿cómo sabemos que dos y dos son efectivamente cuatro? ¿O que la fuerza de la gravedad existe? ¿O que el pasado no puede ser alterado? ¿Y si el pasado y el mundo exterior sólo existen en nuestra mente y, pudiendo la mente controlarse, también puede controlarse el pasado y lo que llamamos la realidad?”.

Estas palabras pertenecen a Eric Arthur Blair, más conocido por su seudónimo George Orwell y han sido extraídas de su obra 1984, publicada en 1949. Fue novelista, poeta, crítico literario, ensayista, periodista y también un activista social.

Orwell no fue conservador sino un hombre de izquierdas que luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil Española. Al ser testigo de los crímenes y horrores cometidos por los comunistas y sufrir la acusación de ser un trotskista traidor, comprendió que el mal era el comunismo y a partir de entonces lo denunció sin tapujos durante el resto de sus días.

1984 es el relato literario distópico por excelencia y uno de los más influyentes en la literatura y el pensamiento del siglo XX. Su novela refleja con una claridad magistral lo atroz, cruel e inhumano que puede llegar a ser un estado totalitario colectivista. En ella anticipó un mundo futuro que estaría dividido en tres grandes bloques, en guerra permanente entre ellos, donde el individuo solamente es parte de un siniestro engranaje social al servicio del estado y nada más. 

Orwell con su obra inspiró a una multitud de artistas que nos han dejado películas, teatro, música rock, ópera, ballet, cómic, pintura… Con la distopía de 1984 introdujo conceptos como el de Gran Hermano, la neolengua, el Ministerio de la Verdad, el crimen mental y que hoy están interiorizados en nosotros e incluso forman parte de la cultura popular. Cabe también recordar que Orwell acuñó el término de “guerra fría” en 1945, en su ensayo “You and the Atomic Bomb” (“La bomba atómica y tú”) publicado en el periódico Tribune.

George Orwell fue sin duda un auténtico visionario que advirtió de los peligros por venir y que hoy se sufren, de una u otra manera, bajo una forma más “confortable”, más limpia y ligera. Salvando todas las lógicas distancias con la ficción, en el mundo actual se entrecruzan muchas de las líneas distópicas del control de 1984 con la “deshumanización placentera” de Un Mundo Feliz de Aldous Huxley.

 

En el párrafo precedente de 1984 podemos apreciar como el poder totalitario recurre a la rescritura de la Historia con fines políticos, reduciéndolo todo, sea arte, cultura y pensamiento, a un eslogan instrumental vacío de contenido al servicio del tirano que todo lo ve y todo lo sabe, acerca de todo y de todos.

El “dos y dos son cinco”, aunque niega la validez de la experiencia, finalmente es aceptado por las masas si el Estado, el partido y el líder así lo dictaminan. Se llega a cambiar sentido de las palabras haciendo realidad las consignas “La Guerra es la Paz, la Libertad es la Esclavitud, la Ignorancia es la Fuerza”. Como se pregunta Winston, su protagonista, si el pasado puede ser alterado ¿por qué no puede ser alterada la realidad y así controlarla?

Orwell afirmó: “En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. Por ese motivo, la verdad y la lucha por la libertad frente a los poderes absolutos que anulan la persona y su Ser, son más necesarios que nunca para impedir el avance del mundo de la cultura de la cancelación.

Seamos como George Orwell, denunciemos el crimen y la mentira cuando lo tenemos delante de nuestros ojos, no permitamos que nos manipulen cambiando el lenguaje, la historia y la realidad, no perdamos el sentido común aceptando eslóganes vacíos de significado, tengamos el coraje de ser revolucionarios por decir la verdad, seamos libres, pero de verdad.